Claves de las relaciones exitosas: sea alguien inspirador

Team_Hoyt_in_Welleslley

 

En un viaje a la ciudad de Boston, al noreste de los Estados Unidos, tuve la oportunidad de visitar un cementerio. Si, lo sé, no es de los sitios que usualmente se visitan en un viaje de recreación. Pero este cementerio es diferente. Se trata de Copp’s Hill Burying Ground, el segundo más antiguo de la ciudad y que fue establecido en 1659. La razón de pasar por allí es porque forma parte de una ruta turística en la ciudad que se puede hacer caminando y que pasa por varios edificios y lugares de importancia histórica.

En el cementerio descansan los restos mortales de varios ciudadanos ilustres que tuvo la ciudad. El recuerdo que tenemos de ellos es el legado que le dejaron a su ciudad y a su país. De la misma forma, todos los edificios y lugares que visité en esa ocasión tienen un legado que, por su importancia, hacen que sean dignos de recordarse.

Hoy compartiremos sobre la última de las claves para tener relaciones exitosas: ser personas inspiradoras. En Copp’s Hill Burying Ground había muchas lápidas en las tumbas que solo contenían un nombre, hasta recuerdo haber visto algunas sin nombre o en mal estado. El frío otoño de esa ocasión y las hojas caídas de los árboles que estaban en el suelo tampoco ayudaban precisamente a tener una imagen bonita del lugar. Sin embargo, cada una de esas personas dejó un legado, más allá de lo que este turista ocasional pudo haber pensado. ¿Cuál fue la diferencia de aquellos cuyo legado si se recuerda y el de los anónimos?

Personalmente creo que la razón se debe a que, sin saberlo, eran líderes transformacionales. Lideraban su propia vida de forma que no solo alcanzaban sus objetivos sino que además, inspiraban a otros a hacer lo mismo. El término ‘líder transformacional’ fue acuñado hace poco más de treinta años y mi propuesta para definirlo de forma sencilla es que se refiere a aquel líder que hace crecer la confianza y las capacidades de quienes le rodean, en adición, los resultados a nivel productivo y personal van a crecer. No busca resultados sin importar los heridos de guerra que queden tendidos en el camino, por el contrario, logra los resultados con el mínimo de bajas.

Soy un creyente fervoroso de que podemos aplicar valores y competencias de liderazgo a nuestra vida fuera del ámbito laboral, por lo que podemos ser agentes y líderes transformacionales en cualquier ámbito de nuestra vida. ¿Cómo lograrlo? Podemos empezar examinando nuestras actitudes y acciones en estas tres áreas. La lista no es exhaustiva, es sólo una guía de inicio:

  • Comprometido: Debemos ser personas que asuman compromisos. Pero, ojo, no se trata de decirle que ‘si’ a todo. Se trata de asumir los compromisos con los cuales podremos bregar, y una vez asumido el compromiso, ir con determinación hacia adelante, a cumplirlos de forma responsable. Eso no implica que las cosas vayan a salir siempre como esperamos. Se dice que Heráclito fue el primero en advertir públicamente que ‘lo único constante en la vida es el cambio’. Por lo tanto, ser resilientes es de gran ayuda cuando las cosas no vayan como lo planeamos.

 

  • Integro: Hacer lo correcto aún cuando nadie nos está viendo. Esa congruencia de vida y de acción quizá no haga que seamos los más populares, pero a largo plazo, las personas íntegras serán las que destaquen por ser dignas de confianza y con ello, vendrán relaciones más significativas y buenas oportunidades.

 

  • Sana autoestima: La persona o líder transformacional no se ve por encima ni por debajo de nadie. Es uno más del grupo, del equipo. No hay una silla preferente, no espera que se le lleve el vaso con agua (y menos enojarse si no lo han llevado) y en las buenas y en las malas siempre habla en términos inclusivos: ‘nosotros’, ‘nuestro’, ‘somos’. Es capaz de hacer sentir en confianza a la gente, desde la más sencilla hasta la de mayor jerarquía. Y, por supuesto, todos crecieron un poco luego de estar un tiempo con él.

John Naisbitt, economista y futurista contemporáneo, comentó en cierta ocasión que los más grandes avances que veamos en este siglo no vendrán por los alcances y el desarrollo tecnológico, sino por una mayor amplitud en el significado de ‘ser humano’. No es el legado de los bellos edificios de Boston, es el legado de la gente que estuvo allí y marcó una diferencia. De la misma forma, nosotros podemos dejar un legado inspirador en quienes nos rodean, en lugar de llegar a ser una lápida gris en un cementerio antiguo de la vida.

Por: Fabrizzio Ponce

Email: fabrizzioponce@lanuevarutadelempleo.com
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