¡Congelado!

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 Por: Alejandra López

 

Cuando yo era niña existía un juego que se llamaba “congelado”, les cuento un poco, era algo parecido a la “anda”, es decir una persona era la que la “traía” y quien tenía que tocar a sus compañeros de juego, si los tocaba estos quedaban estáticos y cualquier compañero, podía tocarlos de vuelta y descongelarlos.  Tengo que contarles que a mí eso de correr  nunca se me dio mucho, por lo que no fui muy buena y pasaba congelada.

Estuve recordando ese juego, porque desde hace 15 días estoy trabajando con jóvenes entre los 16 y 22 años, uno de los principales temas sobre los que hablan es  la presión social que reciben no solo para tomar decisiones trascendentales de vida, sino en su cotidianidad y eso hizo que se me viniera a la mente el famoso juego.

Lo que me llevó a preguntarme ¿Cuántas veces en la vida nos hemos encontrado con personas que “se las traen y quieren paralizarnos para que no alcancemos nuestras metas?, y también ¿cuántas veces nos hemos encontrado con otros que no solo nos han hecho porras si no que nos han metido el hombro?

La respuesta, probablemente es que muchas, de ambas.  Entonces, el dilema va en otro sentido ¿qué hacemos con eso?

¿Decides quedarte congelado, decides hacer el intento y moverte por tus medios o decides aceptar ayuda?  Cualquiera de las tres es válida, vamos a ver:

  1. Quedarse congelado: a todos en algún momento nos ha paralizado el miedo (interno o por influencia externa), y hemos sentido que si damos un paso, van a pasar cosas terribles. Está bien sentir miedo, como ya lo hemos conversado en otras ocasiones es parte del cambio. Inclusive, los animales suelen quedarse quietos hasta que pase el depredador o tengan una mejor estrategia. ¡Ojo! No se quedan congelados para siempre, visualizan una nueva ruta y emprenden su camino. Es justamente, lo que vos podes hacer según el momento y lo que implique tu acción, un alto, evaluar (muchas veces haciendo oídos sordos al qué dirán) y continuar.
  2. Hacer el intento: es probable que muchas veces, las personas que te rodean y tus propios miedos te quieran paralizar; pero parte de la premisa de que si tienes el impulso de avanzar, es porque realmente puedes. Una forma de dar el primer paso más seguro, es buscando situaciones en donde hayas tenido que enfrentar un reto de una magnitud parecida al presente, e identificar los talentos o habilidades que utilizaste e incluso los obstáculos que te encontraste y como los superaste. Haz una lista de enseñanzas o aprendizajes de esa experiencia y aplícala a tu nueva tarea.
  3. Aceptar ayuda: como dice el dicho la unión hace la fuerza, no está de más que aceptes que otro te ayude con un empujoncito hacia tu meta, ya sea en forma de guía, colaborándote con ciertas acciones o simple pero valioso dándote apoyo moral.

Lo último que tengo que decir es que ninguna de las tres es excluyente, podes pasar por todas o por una. El asunto es, no dejes de intentarlo.

 

Alejandra López

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