Sétimo arte para emprendedores: No llegué hasta aquí para que me almuercen

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Por: Fabrizzio Ponce

En el 2003 se estrenó ‘Buscando a Nemo’, una divertida película animada, aclamada por la crítica, ganadora de un premio Óscar y actualmente la cuarta película animada más taquillera de la historia. La trama gira en torno a Marlin, un pez payaso que vive en la Gran Barrera de Coral de Australia, que debe embarcarse en una serie de aventuras yendo a rescatar a su hijo Nemo, que había sido capturado por unos buzos.

Luego de una larga travesía de miles de kilómetros por el océano, Marlin y Dory –su acompañante en la aventura, finalmente llegan al puerto de la bahía de Sydney, donde sospechaban que se encontraba Nemo. Estando en ese lugar, son sorprendidos por un pelícano que muy cómodamente los captura y, lógicamente, decide comérselos. La escena es inesperada y aún más la reacción de Marlin, quien en caída libre por el pescuezo del pelícano se detiene y grita: “¡No!, ¡No llegué hasta aquí para que me almuercen!”. Ahí empiezan a luchar y bueno, no les cuento el resto para que vean la película.

Me encantó esa frase. En el contexto, es un grito de lucha y desesperación, una declaración universal de que no iba a tirar por la borda todo el esfuerzo realizado hasta ese momento. También me llevó a realizar un autoanálisis. ¿Cuántas veces me he rendido fácilmente ante alguna adversidad?

Cuando pienso en un emprendedor, o recuerdo las veces que he hecho ese papel, me doy cuenta que es una de las figuras que recibe más tentación a rendirse. Y empieza desde la concepción de la idea: “¿será una buena idea?” Luego, llega el momento y contamos la idea, el sueño, a alguien más: “Uy, yo sé de alguien que fracasó”. Si superamos esos escollos iniciales, quizá las trabas para abrir un negocio nuevo o un crédito sean las siguientes en la fila: “Debe traer estas y estas constancias, estos y estos permisos.. y no olvidé que debe venir firmado, sellado, con el visto bueno de tal dependencia.. ah, y el acta de adopción de sus mascotas también la vamos a necesitar para el expediente” (¡sólo eso falta que pidan!).

Pero bueno, lo logramos. Hoy abrimos la puerta de nuestro negocio. Pero al mediodía sólo hemos atendido a dos clientes y ocupamos diez diarios para pellizcar el punto de equilibrio a fin de mes. Pasa una quincena. Llegamos al primer mes. ¡Cómo cuesta que venga la gente!

Y así, una tras otra. Ni menciono el tema de seguros, el tema de los proveedores, el del equipo de trabajo. Al analizar estos puntos, es fácil ver ahora que un emprendedor realmente es alguien con determinación y deseos de salir adelante. No todos se animan a emprender. Pero en esos momentos es cuando debemos repetirnos a nosotros mismos: “¡No!, ¡No llegué hasta aquí para que me almuercen!”.

Siempre hay una posibilidad de negociación con el proveedor, de arreglo con quien nos dio el crédito, siempre hay un valor agregado que ofrecerle a nuestro cliente. Siempre hay una opción. Analicemos y si los números son rojos, el camino a tomar para enderezar la situación es no rendirse. ¡Vamos, que no te almuerce el desánimo!

Fabrizzio Ponce

Email: fabrizzioponce@lanuevarutadelempleo.com

Twitter: @fabrizzioponce

 

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2 comentarios el “Sétimo arte para emprendedores: No llegué hasta aquí para que me almuercen

  1. Me encanto, mucho es observar en que se puede ayudar o en que me pueden necesitar e ir a hacerlo al inicio por necesidad y después por amor. O al revés pero ir y hacerlo.

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