La receta de la abuela

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Por: Fiorella Fortado

 El olor de la guayaba lograba perfumar todo el lugar. Aquella era la cocina de mi abuela, ¡me  parece que fue ayer que la vi cuidadosa preparando una deliciosa jalea! Mi abuelita cada temporada aprovechaba los frutos maduros que le pasaba como regalo su vecina.

Lavaba una a una cada guayaba, les sacaba las semillas, conservando la parte rosada y amarilla que tanto le gustaba. Pasaba dos veces por un colador y extraía una pulpa que le daba a su mermelada aquel sabor especial. Agregaba azúcar y con mucha paciencia toda la mañana la movía con su gran cuchara de madera.

Recuerdo dos cosas en especial de esas escenas que me han hecho reflexionar ahora que han pasado los años y que traen entrelazadas para mí una enseñanza que te quiero compartir:

La primera vez fue cuando mi curiosidad de adolescente me llevo a preguntarle: -“Mamá (porque así le decía), ¿por qué usted pasa dos veces por ese colador la pulpa de la guayaba?” Me miró con amor y me dijo: -“Hay que filtrar las cosas varias veces para que queden bien, ¡y esto incluye a las guayabas!”- y sonrió.

¡Que útil me ha parecido su consejo! Ciertamente nos enfrentamos a diario con múltiples situaciones como conflictos, luchas, comentarios tóxicos, sentimientos, etc. Esto necesita de nuestra parte un límite, “un filtro sano” con el objetivo de que entremos en control de estas cosas y no que ellas nos gobiernen, nos quiten la paz e incluso “la dulzura“. Este sano proceder nos vuelve más prácticos y asertivos.

La segunda anécdota que está relacionada con la jalea de guayaba fue una tarde que nos sentamos varios a la mesa y mi abuelita nos sirvió una jalea dura y melcochosa. Antes de que dijéramos algo exclamó: -“Esta vez se me pasó del tiempo y la temperatura. Sabrá bien ¡pero reconozco que no es igual!” Y se fue a traer el pan. Hubo un respetuoso silencio y continuamos tomando café.

De aquí logre atesorar que en situaciones de la vida cotidiana pasamos por alto a veces pequeños grandes detalles que hacen la diferencia. Comparo el tiempo de cocción de la jalea con las veces que dejamos sin resolver asuntos, les apartamos o “los procastinamos”.  Al retomarlos nos damos cuenta que se están saliendo de las manos o bien que poco se puede hacer ya por resolverlos. Esto se vuelve una bola de nieve que nos puede complicar aún más dependiendo del asunto del que se trate. Por ejemplo, la “temperatura” que le demos jugará un papel importante. ¿A qué me refiero? Pues a nuestra reacción o hiper-reacción ante estas adversidades de temas sin resolver.

Enfocarnos en lo importante, resolverlo, modular nuestras respuestas, quitarle intensidad o fatalidad a una situación que pueda resolverse y bajar las revoluciones incluso de cómo hablamos, se convierten juntas en una buena receta para el mejor manejo de las dificultades. Conservemos la pulpa de las cosas, endulzada con la paciencia de nuestro proceder y la cuchara de la acción que es nuestro instrumento así como nuestro aliado el tiempo.

Fiorella Fortado

Email: fiofortado@gmail.com
Twitter: @fiofortado
LinkedIn: Fiorella Fortado Aguilar

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