La fila del supermercado

Por: Fabrizzio Ponce

Siempre que voy a un supermercado, y en general a cualquier sitio donde tenga que hacer una fila, se inicia una aventura muy particular. No por las compras o servicio que vaya a necesitar, sino porque de 12 cajas potenciales para atender a los clientes, cuando yo aparezco por el lugar solo habrá 4 cajas trabajando. De verdad, es un hecho casi comprobado. Ese no es el problema. Tampoco es la cantidad de cosas que llevo para pagar o el propósito de mi presencia en ese sitio. El problema es que, de 10 ocasiones en que voy, en 7 de ellas me toca la fiOLYMPUS DIGITAL CAMERAla más lenta.

Insisto en que no estoy inventando este fenómeno. Es como si yo fuera un imán hacia lo pasivo, a lo que va despacio, a lo lento. No sé de donde se origina tampoco, ya que mi metabolismo es acelerado y hasta cierto punto me gusta la velocidad. Tras de eso, en días pasados se publicó una encuesta donde los costarricenses consideran inaudito esperar más de 10 minutos en una fila de supermercado. La nota no solo sirvió para recordarme mi situación particular sino que hasta llegué a pensar que.. ¡esos pobres no tienen ni la más remota idea de lo que es una fila de verdad!

Esta situación me llevó hace mucho tiempo a revisar mi actitud. Si es un hecho que soy un imán para la lentitud en el caso de las filas, ¿de qué me sirve molestarme? ¿La fila se va a mover más rápido si empiezo a hacer ruiditos con las monedas y a contagiar de negativismo al de atrás con mis comentarios agrios? ¿Hay alguna utilidad en ser grosero con el cajero al momento de atenderme, cuando probablemente él está teniendo un día peor que el mío? Si, claro, he hecho lo posible por escapar de las filas lentas, no lo niego. Pero una y otra ve regreso al carril de la derecha en la autopista de la vida –y del supermercado.

Una frase de esas anónimas en internet reza que no podemos escoger las cartas de la baraja que nos da la vida, pero si podemos escoger cómo las vamos a jugar. Creo una clave fundamental para las filas, para el trabajo en equipo, para los clientes, la familia, y en general para la vida, es precisamente esa: entender que son pocas las cosas de las que realmente tenemos control y que de lo que si tenemos control es de nuestra actitud y cómo reaccionamos ante los eventos adversos que se nos presentan.

Hay organizaciones que invitan a colaboradores y clientes a mostrar una sonrisa y así mejorar el día y el clima del lugar. Pero una sonrisa motivada por la ‘invitación’ de una jefatura no es sostenible. Debe nacer de adentro de nosotros, de un cambio de actitud, de una nueva perspectiva. Y eso es posible, quizá no el 100% de las veces, pero creánle al tipo que cae siempre en las filas lentas: funciona. Y es capaz de cambiarle la vida a quienes nos rodean.

Y por cierto, si nos encontramos alguna vez haciendo fila, ¡espero que vayás con tiempo porque muy posiblemente vaya para largo la espera!

Fabrizzio Ponce

Email: fabrizzioponce@lanuevarutadelempleo.com

Twitter: @fabrizzioponce

Web: www.pasosexitosos.com

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2 comentarios

  1. Un tema interesante y de perspectiva, cuando vamos a un concierto, muchas veces hacemos filas largas, incluso hace algunos años, hasta de muchas horas, pero cuando estamos apurados, pensamos que los demás tienen que estar igual y no tiene porque ser así.

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    • Totalmente de acuerdo. La urgencia nos hace perder la paciencia y muchas veces una situación se volvió urgente producto de nuestra inacción, lo que no nos deja escapatoria: somos los responsables al final de cuentas.

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