Ciudad y tolerancia

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En la ciudad encontramos muchas cosas que están fuera de nuestro control y que nos enseñan a tener paciencia.  Shinjuku, Tokio.Fotografia Roy Allan Jiménez. 2013

Por: Roy Allan Jiménez

La ciudad constantemente nos da una lección de tolerancia. Vivir en ciudad implica aceptar la convivencia con otras personas. Esta convivencia puede ser constante e intensa, o bien, esporádica y casi irrelevante. En cualquiera de los dos casos, la clave para la vida en los entornos urbanos es la tolerancia.

Vivir en la ciudad es una lección de vida para los negocios:

Recordemos que el éxito de sus habitantes es el éxito de la ciudad y no viceversa. Una organización productiva que busque la realización de sus colaboradores sera una organización próspera. Por otra parte, si solo una parte de los habitantes logran sentirse a gusto y lograr sus metas, la ciudad se empezará a segregar. Una organización que no se preocupe por el bienestar de todos sus colaboradores, tarde o temprano colapsará.

La ciudad es el espacio común, y como tal, debemos cuidarlo. Si los ciudadanos no se preocupan por mantener limpia su ciudad se verá sucia y desordenada por más que se limpie. Cuando compartimos el espacio con otras personas debemos recordar que nuestras acciones les afectan. Cuando trabajamos con otras personas debemos recordar que nuestra manera de trabajar les afecta para bien o para mal.

En la ciudad convergen día a día miles de opiniones y puntos de vista. Periódicos, revistas, televisión, radio, Internet. Bombardeo constante de ideas. Si algo nos molesta podemos identificarlo, pero no podemos hacer nada, la ciudad es el ágora de la cultura contemporánea. En una organización saber escuchar y tolerar las opiniones es de vital importancia. Mucho se puede aprender y lograr si aprendemos a escuchar y tomar lo mejor de todas las ideas y pensamientos.

La ciudad es comúnmente la conjunción de lo mejor y lo peor de una sociedad. En una ciudad podemos ver desde la magnificencia de la monumentalidad, hasta la injusticia de la desigualdad más marcada. Procuremos que nuestros negocios y emprendimientos no sean indiferentes de estas desigualdades. La responsabilidad social es una excelente manera de generar cohesión y compañerismo entre los colaboradores. Ayudar a otros también nos ayuda a nosotros mismos.

La ciudad nos enseña paciencia. Muchas cosas que vivimos en ella están fuera de nuestro control. El congestionamiento vehicular, las grandes aglomeraciones de personas, los problemas de inseguridad, las grandes distancias. Del mismo modo en nuestras organizaciones y trabajos muchas cosas no dependen de nosotros. Para muchas de esas circunstancias la paciencia es la mejor solución.

De alguna forma, la ciudad es una jungla. La ciudad nos ofrece muchas posibilidades de realización. En los entornos urbanos se produce la mayor riqueza del planeta. Pero esa riqueza está en constante movimiento y hay que buscarla con esfuerzo. Nuestros emprendimientos deben ser agresivos y tener objetivos claros. Debemos ir con fuerza por ellos y pensar que el éxito llegará por si solo. Así como la ciudad, debemos enfrentarla y al mismo tiempo disfrutarla.

Roy Allan Jiménez

Email: allan.delalto@gmail.com

Facebook: facebook/urbe@21

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