Aprender a desaprender

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Cuando las circunstancias cambian y nuestras certezas se resquebrajan hay que preguntar por nuestra capacidad para administrar mejor nuestra energía.

Un día el mundo amaneció con una nueva tecnología, descubrimos que podíamos usar la palanca para desplazar mayores cargas usando menos energía. Ese momento seguramente significó un encuentro entre aquellos que entendieron y asumieron el asunto como un avance y aquellos que prefirieron seguir haciendo las cosas como sabían hacerlas, “como siempre se ha hecho aquí”. Algunas invenciones seguramente recibieron el beneplácito de la gente, otras sin embargo fueron rechazadas y su uso solo se extendió luego de que algunos pioneros fueron capaces de usarlas y demostrar su utilidad.

¿Qué significan los cambios?

Los cambios son nuevas condiciones que se presentan en la realidad y que pueden ser en algún caso riesgos y en otro oportunidades. No todo cambio es positivo en su origen. La aparición de la computadora, por ejemplo, y especialmente la personal significó una modificación que en principio fue paulatina pero luego radical, en cómo se organiza el trabajo en una oficina. Las funciones que eran preparadas por secretarias y transcriptores desaparecieron por completo y con ello los puestos que habían existido por casi un siglo en el mundo. Hoy día con un computador personal se convierte en una herramienta de trabajo de tal magnitud que prácticamente nada se hace fuera del mundo digital.

¿Alguien duda del cambio? Y Si no dudan ¿Por qué lo resisten?

Ese cambio que acabamos de describir arrancó de a poco, sin embargo cuando tomó cuerpo fue capaz de eliminar procesos, tareas y mecanismos de trabajo que eran indispensables para las organizaciones, sin embargo visto treinta y tantos años después nadie los extraña y ya no volverán a existir.

El cambio puede ser administrado, es decir puede anticiparse y someterse a procesos organizados para llevarlo adelante, sin embargo en muchas oportunidades se enfrenta tanto como si fuera un enemigo. Resistir el cambio se convierte en una forma de vida y en la realidad parece que tiene muy buenas razones en nuestra psicología para explicarlo.

Aprendemos de una forma tal que convertimos todo lo cercano en certezas y vivimos en comodidad con ellas. Esa estructura nos es cómoda; las rutinas, las formas conocidas, las caras que no son comunes nos permiten vivir de cierta manera seguros.  Lo nuevo, lo diferente pone en riesgos nuestras verdades. Ir por una calle nueva, oír acentos extranjeros, acercarnos a nuevos grupos sociales o simplemente tener que destapar una botella con una técnica nueva son tareas que nos ponen en riesgo, algunas veces ciertos y otras tantas más solamente imaginarios.

¿Puede nuestro cerebro distinguir cuales cambios son insignificantes y cuáles son verdaderamente importantes?, la respuesta nos la ofrece Daniel Kahneman en su ya famoso libro Pensar rápido, pensar despacio. Básicamente la premisa fundamental es que es difícil distinguir que cosas son amenazas verdaderas y cuáles no, nos defendemos como parte de los mecanismos de protección de la vida. Así pues nuestro accionar frente a las amenazas, ciertas o no, está altamente condicionada por los sistemas 1 y 2 que describe Kahneman. El sistema 1 responde rápidamente, no reflexiona, su función es la de protegernos y ayudarnos a sobrevivir al mundo animal (al cual pertenecemos) mientras el sistema 2 es capaz de razonar, formar criterios y vincular. El sistema 2 toma información del sistema 1 y la integra, no siempre lo hace con la mayor exactitud pues reconstruye imágenes, ideas y creencias de manera no sistemática con lo cual puede cometer errores.

Aprender a desaprender, el reto de la conciencia humana

Para poder manejar los cambios, entender su verdadero impacto y poder llevar adelante una vida que nos permita adaptarnos a distintas situaciones se hace necesario un cambio en el manejo de la conciencia individual.

Ser consciente de lo que vivimos, de aquello que decidimos, de lo que evitamos es una de las tareas fundamentales que debemos tener presente para aprender de manera diferente. Nuestra vida en sociedad está altamente condicionada por nuestra capacidad para ajustarnos a lo que va sucediendo. Los nuevos acontecimientos deben ser entendidos en su alcance. Resistir lo que sea necesario resistir cuando estén en peligro nuestros valores y principios fundamentales, asumir aquello que nos facilita, nos ayuda o complementa.

Aprender a aceptar nuevas ideas, nuevas caras, nuevas realidades es uno de los principales retos. Hay conocimientos que dejan de ser válidos y otros que explican perfectamente a pesar del tiempo la realidad. Nuestras creencias son parte de lo que se requiere aprender a comprender y a reconstruir cuando sea necesario.

Para aprender lo nuevo, reconozcamos lo que sabemos y entendemos, dejémoslo ir cuando sea necesario, si miedo y sin problemas. Abracemos lo que nos hace fuertes para la siguiente parte de nuestra ruta, algo que probablemente abandonaremos si ya no sirve.

Haga que los suyos entiendan sus razones, haga que participen de aquello que es nuevo, reafirme lo que los une a ellos. No deje que el cambio lo arrope, adminístrelo efectivamente, está en sus manos.

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

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