Personajes de un viaje: el quejoso

feeling-blue

Por: Fabrizzio Ponce

Estábamos agotados por el viaje de 11 horas en avión, más algunos problemas de salud de última hora. Lo que deseábamos era llegar a dormir al hotel esa noche para seguir el viaje a Costa Rica temprano la mañana siguiente.

En el aeropuerto de México, donde haríamos esa escala, nos esperaba uno de los choferes del hotel donde pasaríamos la noche. Sería un viaje corto, por dicha. Nos subimos al carro y empezamos a comentar algunas cosas con el señor. El caballero muy amable y conversador como nosotros, nos empieza a contar algunas cosas y a responder las preguntas de este turista que lo único que conocería de México –al menos por ahora- sería el aeropuerto, el hotel y el viaje de 10 mins entre ambos.

-“¿Y por dónde está el Estadio Azteca?

-“¿Y para ir a la Basílica de Guadalupe, para dónde es?”

-“¿Y el Zócalo?”

Y él, muy amablemente nos explicaba todo.

Pero no sé en qué momento, la conversación da un giro hacia la situación económica del señor. Yo sé que todos pasamos momentos de estrechez algunas veces en la vida, pero me parecía estar conversando con un desdichada e infeliz víctima del sistema desde su nacimiento. Y yo, que no gusto de rodearme de gente negativa, me incomodé.

En algún punto, opté por recordarle que a pesar de la desdicha de ser él mismo (caramba, logró contagiarme de su negatividad), aún así podía agradecer el hecho de tener su trabajo. No sería el mejor empleo, pero, hombre, a la par de millones de personas en el mundo, era un afortunado.

-“No, miré, si le voy a contar lo que gano. No me alcanza para nada, apenas para el transporte… yo lo que gano no es nada, imagine que un dependiente gana tanto…”

Y siguió con sus quejas. Estaba agotado, con dolencias a nivel de salud y este caballero logró que me sintiera peor.

Me pregunté en mi interior si yo me escucharía de la misma forma cuando me dan esos ataques ocasionales de conmiseración y de sentirme víctima inocente y desdichada del universo. Debe ser deprimente para quienes me rodean cuando me dan esos “ataques de victimitís aguiditis”.

Por dicha, tenemos solución. Un poco más de agradecimiento en las mañanas, de buena actitud y de esforzarnos por tener una sonrisa sincera en todo momento puede hacer la diferencia. Habrá muchas formas más, pero por algo se empieza, ¿no?

Fabrizzio Ponce

Email: fabrizzioponce@lanuevarutadelempleo.com

Facebook: Fabrizzio Ponce – Liderazgo y Desarrollo Personal

Twitter: @fabrizzioponce

Web: www.pasosexitosos.com

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