Entre pilares y cadenillas

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Andrea y Elvira eran vecinas y tenían una amistad entrañable. Por eso, Andrea pudo detectar que Elvira no estaba bien ese invierno. Tomó el teléfono y le invito a una taza de café.

Esa tarde, cuando Elvira se acercó al portal de la casa de su vecina, pudo sentir de inmediato el olor a pan dulce recién horneado. La puerta ya estaba abierta, a medida que avanzó por el zaguán, el viejo piso de madera traqueó anunciando su llegada.
– “Pasa Elvira, ¡ya te esperaba!” -dijo Andrea y señaló el sillón para que se sentara.
– “Gracias querida, estos detalles valen mucho para mí“.
– “Amiga, debo confesarte que el café fue la excusa, ¡pues en realidad quiero enseñarte a tejer! ¿Te gustaría?“- preguntó Andrea
– “¿Tejer? Humm… ando con poco ánimo hoy, pero acepto el reto“- sonrío titubeante Elvira.
Andrea tomó entre sus blancas manos pecosas el aguijón y la madeja de tersa lana para mostrar a su amiga como empezar la labor.
– “Sabes, me considero una mujer feliz“- dijo Andrea. “Aunque no lo tengo todo, todo lo que llega a mi vida es suficiente“.
Mientras tanto Elvira en silencio luchaba con aquella lana, su vecina continuó diciendo: – “¡Tejer también puede enseñarte mucho, amiga!
– “¿A que te refieres?” susurro la joven mujer.
– “Cuando tejemos formamos pequeñas cadenillas, las cuales unimos a través de gazas. Con el punto cerramos una vuelta y con los pilares damos altura a nuestro tejido. Si nos esforzamos por ejemplo, podemos hacer un suéter que nos de calor o una blusa para el cálido verano”.
– “¡La vida es igual de sencilla! Construimos a diario con lo que tenemos, somos capaces de unir lo que nos pasa de diferentes formas: con tristeza o con agradecimiento. La ‘materia prima’ puede ser diversa pero al final es cómo entretejemos los hilos, lo que nos termina por revestir”.
– “Muchas veces tendrás que soltar los puntos, en otras tocará rehacerlos por completo. Nuestro camino requiere siempre ajustes… igual sucede que en el tejido. Tiene sus momentos de ‘tensar’ y sus momentos de ‘aflojar un poco’, de manera que está vida se nos “acomode mejor“. -continuó reflexionando Andrea.
– “La felicidad no es un estado permanente del ser humano, son los pequeños grandes momentos que vamos sumando, al igual que lo hacemos al formar los pilares del tejido los que nos construyen. Así lo entiendo yo, amiga”.- agregó.
¡La mirada de Elvira lo dijo todo! ¡Andrea no tuvo más que decir! Esa fue una tarde diferente pues entre tazas de café y pan caliente, Andrea y su amiga tejieron y tejieron sonrisas.

 

Fiorella Fortado

Email: fiofortado@gmail.com

Twitter: @fiofortado

LinkedIn: Fiorella Fortado Aguilar

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