¡Otra vez lunes!

Según la Organización Mundial de la Salud, el estrés laboral es uno de los principales problemas para la salud de los trabajadores y el buen funcionamiento de las empresas en las que trabajan.

Un trabajador estresado suele enfermar con más frecuencia, estar poco motivado, ser menos productivo y tener menos seguridad laboral; además, la entidad para la que trabaja suele tener peores perspectivas de éxito en un mercado competitivo. Si un empleado sufre estrés, su jefe debería ser consciente de ello y saber cómo ayudarle.

2204059683_09eb09601b_bEn la actualidad, situaciones como encargarse de tareas aburridas o desagradables, tener un volumen o ritmo de trabajo inapropiados con horarios “infinitos”, sentirse poco valorado por recibir una supervisión inadecuada, trabajar en un entorno donde predomina la mala comunicación o la falta de claridad en los objetivos, suelen ser causas comunes de estrés laboral.

Estar constantemente expuestos a este tipo de estímulos supone un gran desgaste para cuerpo y mente, lo cual, de perdurar más tiempo de la cuenta, puede tener consecuencias altamente perjudiciales tanto para la salud del individuo (como falta de concentración, fatiga o dificultad para tomar decisiones, por nombrar algunas, que pueden desembocar incluso en episodios de ansiedad o en el síndrome de burnout o desgaste emocional) como para el correcto funcionamiento de la empresa (aumento del número de errores, absentismo o rotación de personal y disminución, por lo tanto, de los niveles de dedicación, rendimiento o productividad).

Para aprender a gestionar el estrés es conveniente conocer qué es y de donde viene. El estrés no es más que una respuesta adaptativa que aparece ante un cambio, novedad o acontecimiento desconocido que nuestro cerebro cataloga como amenazante; es un mecanismo de supervivencia que al detectar esta amenaza (real o no) declara la alerta y pone a funcionar todos nuestros recursos para que el cuerpo sea capaz de defenderse o huir del peligro.

Ante una circunstancia estresante tenemos dos alternativas: actuar para cambiarla, si esto es posible, o adaptarnos a ella y cambiar nuestra respuesta por otra menos opresora cuando el cambio no es posible.

Para cambiar las causas generadoras de estrés la empresa debe proporcionar herramientas que fomenten la relajación de los empleados así como técnicas para mejorar la gestión del tiempo, proveer del equipamiento adecuado que asegure las condiciones físicas y ambientales óptimas en el puesto de trabajo y dotar al equipo directivo los conocimientos y habilidades necesarias para detectar y gestionar eficazmente el estrés de los miembros de su equipo.

Por otro lado, para adaptar nuestra respuesta ante situaciones estresantes que no podemos cambiar, podemos trabajar nuestro cuerpo y nuestra mente, ya que ambos sufren de igual forma los efectos nocivos del exceso de estrés, siguiendo algunas de las siguientes recomendaciones:

Para liberar el cuerpo de tensiones:

–     Hacer ejercicio con regularidad.

–     Llevar una alimentación sana y equilibrada, evitando la comida basura o saltarnos comidas.

–     Descansar las horas necesarias en un ambiente relajado.

 

Para liberar la mente de tensiones:

–     Describir con detalle la situación que nos estresa.

–     Describir el pensamiento que surge a partir de esa situación y convertirlo en un pensamiento positivo.

–     Ver la situación “desde fuera” y pensar en el consejo que darías a alguien en esa situación para gestionarla sin estrés.

–     Hablar con otra persona que sepa manejar bien ese tipo de acontecimientos e imitar su comportamiento de forma natural y adaptada a uno mismo.

–     Buscar pequeños momentos para “recargar pilas”.

–     Disfrutar del tiempo libre de ocio.

–     Mantener una buena “higiene laboral”: definir prioridades, planificar, centrarse sólo en una tarea a la vez, tener nuestro puesto de trabajo ordenado y hacer pequeños descansos de vez en cuando pueden ser medidas de ayuda.

No a todos nos estresan las mismas cosas; estas dependerán de la interpretación subjetiva y personal que cada uno hagamos de ellas. Cualquier situación que suponga un cambio, en la que sintamos incertidumbre por lo impredecible, sensación de descontrol o que suponga una amenaza para nuestra personalidad hará que se dispare el estrés. En función de cómo interpretemos la situación responderemos a ella en consecuencia. Si la gestión no es la adecuada, nos perjudicará psicológica, fisiológica y conductualmente, por lo que es muy importante saber ponerle freno al exceso de estrés. Si somos capaces de cambiar nuestros pensamientos, seremos capaces de cambiar nuestro destino.

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

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