Negación crónica

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Sin entrar en un estudio sociológico, a veces más intensa, a veces menos notoria, existe socialmente una actitud -entiendo fundada en una baja tolerancia al riesgo, en especial ajeno, y la montaña rusa de nuestra historia- que nos lleva a la negación de la propuesta del otro. Si bien redundante, el sentido de la palabra “negación” refiere a negar o negarse, elijo quedarme con su otro significado: “Respuesta negativa que se da a lo que algo o alguien pide o pretende”.

Y en mi “pretende” me resuena a “emprende”.

No sé si les ha pasado pero, a mí a veces si me ha sucedido de encontrarme con personas que al responderles a la pregunta: – ¿Cómo estás?, casi por acto reflejo, y acompañado por una exquisita expresividad facial, consigo una batería de cuestionamientos aunque nunca mal intencionados sino precavidos como: – ¿Estás segura? ¿Cómo te animaste? ¡Con lo mal que está acá todo! Si fuera en Europa pero ¿acá eso? Mira que esta dura la cosa y se viene peor (los más dramáticos: mucho peor!); Está difícil…

Y yo ahí no sé si llorar, sentirme avergonzada, estúpida o inflar grande grande el pecho por mi coraje… por lo pronto respiro profundo 3 veces. Y saco en limpio, de ser viable, algún comentario a tener en cuenta para que mi proyecto tenga más chances de que sea exitoso.

Aunque muchas veces no importa si es un proyecto o un curso de cocina. Si fuera el segundo caso le cabe: – ¿Ah no sabías cocinar? ¿Para qué quieres aprender? ¿No están caros esos cursos? No tengo tiempo yo; Ah que lindo pero no haría jamás algo así; Está difícil…

Si hay una palabra que deberíamos eliminar de nuestro vocabulario es “difícil”. Y desde su etimología vamos a ver el por qué.

Su opuesto, el adjetivo “fácil”, deriva del latín facilem para referenciar “a lo que se deja hacer”, lo hacible, hacedero, lo fácil de hacer. Se presupone un adjetivo facibilis con una síncopa que resulta en facilis. El sufijo bilis, mentor del español ble “indica posibilidad pasiva”, es decir, capacidad o aptitud para recibir la acción del verbo”.

Luego, al adjetivo facilis se le añadió el prefijo dis que “indica oposición o contrariedad”, dando el latín difficilis. En suma, oposición+ fácil+ hacer conforman “difícil’ . 

Difícil es lo que se aleja de poder hacerse, y hasta ahí estamos de acuerdo. Pero, ¡no por eso se convierte en imposible de poder hacerse! En su etimología, “imposible” corresponde a decir que no puede hacerse y elimina el poder de acción. Ergo, difícil pero no imposible.

Sería oportuno quedarnos con el vaso medio lleno, haya crisis o no, ya que sigue siendo mi vaso en todas sus posibilidades en ilimitada potencia y factible creación.

Quizá sea algo optimista de mi parte pero, en tiempos de cambio e imprevisión, estas habilidades más cercanas a la resiliencia y a un perfil intrapreneur puedan contribuir al menos, y parafraseando a como dicen por ahí, a que si nosotros no estamos haciendo algo dejemos al menos a quienes si lo están (porque lo creen… posible).

Hasta el próximo post.

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo Argentina

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