La innovación, esa es la clave

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Vivimos en una economía donde podemos comprar casi de todo. La oferta es amplísima, tenemos al alcance de nuestra mano una gama casi infinita de productos y servicios.

Todas las empresas, todas las tiendas, intentan que elijamos su artículo en vez del de la competencia, y para ello nos bombardean con originales campañas publicitarias, descuentos increíbles, ofertas especiales y rebajas irresistibles.

Y es que la demanda no da para todoses el cliente quien finalmente decide qué compra, dónde lo hace, en qué cantidad y a qué precio.

Seguramente ofrecemos al mercado un producto interesante, a un precio razonable y en unas condiciones que nosotros entendemos responden a la necesidad de nuestros potenciales clientes. Y, a pesar de todo ello, puede ser que éstos no nos elijan y acaben comprando el producto de nuestra competencia.

Por supuesto que las razones pueden ser muchas, casi tantas como casos particulares queramos considerar. Quizás el precio no era tan atractivo como pensábamos, quizás la imagen de nuestra empresa no acompaña a las características de ese determinado producto, quizás el momento estacional no era el adecuado para realizar un nuevo lanzamiento…

Pero si queremos centrar nuestro análisis en un factor clave para el éxito o fracaso de la venta de nuestros productos, debemos hablar de innovación.

Podemos definir la innovación como la capacidad de desarrollar cambios que nos conduzcan a una diferenciación de nuestro producto o servicio del de la competencia, aportando un mayor valor a nuestros clientes.

Esos cambios pueden provenir de diferentes áreas:

  • Ideas aportadas por los propios clientes de nuestros productos.
  • Ideas provenientes de estudios de mercado.
  • Ideas generadas por nuestros competidores.
  • Ideas propuestas por nuestros empleados.
  • Ideas recogidas de nuestros proveedores.

De todas estas fuentes son tres: los clientes, los competidores y los empleados, los que deberíamos tener más en cuenta. Para ello veamos cuáles son los factores que condicionan cada uno de estos canales:

  • Clientes: son el eje fundamental de nuestro negocio. Su satisfacción debe ser el objetivo último de todo lo que hacemos, ya que ellos son los que pagan el alquiler de nuestro local, el sueldo de nuestros empleados y hasta la factura de la luz que consumimos. Para poder conocer su opinión es vital disponer de canales de comunicación con ellos siempre abiertos, a través de los cuales podamos recibir sus sugerencias, quejas, propuestas o comentarios sobre nuestros productos y servicios, y mediante los que podamos constantemente ir adaptando nuestra oferta a las necesidades cambiantes de nuestra clientela. Porque lo que hoy es válido mañana quizás ya no lo sea.
  • Competidores: no importa la posición que ocupemos en nuestro mercado. Seamos los líderes indiscutibles o la última empresa en llegar a ese mercado, debemos estar siempre atentos a las novedades de nuestra competencia. Podemos aprender mucho viendo los nuevos productos que lanzan nuestros competidores al mercado, los cambios que introducen en sus estrategias de comercialización o las nuevas técnicas que aplican a su relación con los clientes. Debemos ser humildes en nuestra actitud y ambiciosos en nuestros objetivos, por ello siempre tenemos que estar receptivos ante una buena idea de un competidor, si nosotros podemos aprender de ella para mejorar nuestros procesos de gestión, las características de nuestra gama de productos o la satisfacción de nuestros clientes.
  • Empleados: nadie mejor que nuestros propios empleados conoce la opinión de nuestros clientes, su grado de satisfacción y sus cambiantes necesidades a lo largo del tiempo. Debemos trabajar para crear un ambiente de participación, donde cada miembro del equipo se sienta importante a la hora de realizar su trabajo y no tenga miedo de aportar sugerencias de mejora. Muchas empresas ya han descubierto la importancia de este canal de opinión y lo fomentan con gratificaciones para premiar las buenas ideas de su personal.

La innovación consiste en tratar de sorprender al cliente. Entre la vorágine de nuestro día a día debemos encontrar siempre un hueco para recoger, desarrollar y aplicar las nuevas ideas de hoy que nos permitirán mejorar nuestro producto mañana.

Este proceso de cambio es el resultado de responder a tres preguntas clave: dónde estamos, dónde queremos ir y cómo vamos a llegar hasta ese nuevo destino.

Seguro que en algo nos vamos a equivocar, pero no importa.

No olvidemos que la única manera de evitar errores es ganando experiencia, y la única manera de ganar experiencia es cometiendo errores.

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

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