El ‘juego sucio’ de nuestro cerebro

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Que el cerebro humano está programado para jugar sucio y que nos autoengañemos en tantas y tantas ocasiones de la vida es algo indudable.

 Está científicamente comprobado en miles de experimentos que así es, y, sinceramente, aquí entre nosotros, menos mal que así es, porque si no, cuántos desengaños nos llevaríamos (sí, muchos más de los que ya nos llevamos a diario incluso con esa programación establecida en nuestras neuronas).

Las personas necesitamos autoconvencernos de que las cosas son y/o suceden de una manera determinada para poder sentirnos bien, con nosotros mismos y/o con los demás. Y si no están sucediendo así realmente, ¿qué más da?, ya nos encargamos, o más bien nuestro cerebro se encargará por nosotros en la retaguardia, de tergiversar o de filtrar la información que recibe para adaptarla a lo que realmente nos interesa, que no es ni más ni menos que lo que nos hace sentir cómodos, felices, tranquilos… o como sea, pero bien.

Muchos habréis oído hablar de la llamada “disonancia cognitiva”, un fenómeno que se produce cuando las personas buscamos todas las justificaciones posibles a una conducta poco o nada conveniente. Es decir, cuando se ponen en conflicto creencias y conductas, buscamos la forma de justificar semejante actitud, de disminuir la tensión que se produce entre ellas. Mirad, por ejemplo la actitud de muchos soldados nazis. ¿Realmente pensáis que absolutamente todos estaban convencidos de que lo mejor era eliminar por la fuerza a los judíos, y de esa forma tan cruel y truculenta, cuando probablemente la mayoría hasta el momento habían sido personas normales que nunca habrían matado a una mosca?. Probablemente no, pero lo tenían que hacer por orden superior, y al final ellos mismos tuvieron que autoconvencerse de que su “labor” era en pro de una Alemania más grande y libre. Solo así se autoconvencían de que no eran lo que realmente eran: Auténticos asesinos, y de los más crueles y desalmados que ha habido jamás.

Acercándonos a un terreno cotidiano, este “juego sucio” del cerebro, además, puede ser tremendamente negativo cuando otra persona, por ejemplo un entrevistador, genera una idea preconcebida sobre quiénes somos casi solo con mirarnos o escuchar nuestras primeras palabras o razonamientos sobre algo en concreto. Muy probablemente esa idea preconcebida no cambie lo más mínimo, por más que lo intentemos. Esa persona necesitará ser “fiel” a su autoconvencimiento, aunque sea de forma inconsciente, y rara vez, por no decir nunca más, cambiará su forma de pensar sobre nosotros. Por ejemplo, si vamos vestidos informales a una entrevista, por muy buenos profesionales que seamos, si en esa empresa uno de los valores es que hay que ir siempre elegantes al trabajo `para dar una buena imagen al cliente, muy probablemente no nos contraten. No porque seamos malos profesionales, sino porque tienen una idea preconcebida de que si damos una imagen inicial de informalidad, siempre vamos a ser de esa forma. Y así con miles de ejemplos que es mejor no poner, porque entonces nos quedaríamos en casa sin buscar empleo.

Por tanto, ya que la realidad no es nada más (y nada menos) que un conjunto de constructos mentales que las personas nos creamos (y nos creemos) para sobrevivir, debemos tener un especial cuidado en que la “realidad” que otros se construyan en su mente acerca de quiénes somos sea la que a nosotros nos interesa. Evidentemente, no siempre lo conseguiremos, porque cada persona con la que nos encontremos es un colorido y variopinto mundo de creencias, valores y experiencias pasadas que van a influir en su opinión sobre nosotros, pero como rasgos generales que casi siempre gustan de un profesional, yo destacaría dos:

1.- Si sabes que “vendes” un buen producto (tú mismo como profesional), cotízate en tu justa medida. Nunca a la baja, porque a partir de ese momento estarás condenad@ a ser considerado como “bueno, bonito y barato”, y esa será tu marca personal, al menos para esa persona que te “compre”, y probablemente para los que tenga a su alrededor. Y ya sabes que hacer que cambien de opinión es muy dificil, por no decir imposible.

2.- Demuestra con ejemplos palpables tu profesionalidad: Con aspectos que se vean, se toquen, se oigan, se huelan… lo que sea, pero que prueben que eres ese que dices ser y lo que realmente vales. De hecho, a una entrevista debes ir preparado con todos tus logros en ristre, tal y como conté en mi articulo de hace dos semanas,  ya sea en tu cabeza, poniendo ejemplos concretos, o con documentos que lo prueben. Y por supuesto con una imagen impecable, sea para el puesto que sea.

Hay muchas más recomendaciones al respecto, pero podemos encontrar sobre el tema en mil sitios en internet y en librerías, porque sobre marca personal ya se ha hablado hasta la saciedad, y no me gusta ser muy “lorito”, así que no las voy a repetir aquí. Pero esas dos creo que son básicas, y son las que harán que tu interlocutor cree un constructo mental sólido sobre ti que probablemente sea para siempre. Y no estoy diciendo que logres que se “autoengañe” sobre tí…. ¿O sí?….habría mucho que debatir sobre esto.

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

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