Las barreras del autoconocimiento: ¿Me conozco?

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¿Soy consciente de mis potencialidades?, ¿de mis áreas de mejora?, ¿se lo que me interesa? …

Preguntas básicas, no cabe duda, pero que no siempre se les presta atención a la hora de comenzar a buscar un empleo.

Si cuando te planteas estas cuestiones tu respuesta es… “¡Por supuesto que me conozco!”, debes saber que las capacidades, las carencias y los intereses cambian y evolucionan a lo largo de la vida. Lo que hoy se me da bien hacer, si no lo cultivo y desarrollo puede llegar a convertirse mañana en un área de mejora. A los intereses les ocurre algo parecido; según pasa el tiempo van cambiando, junto a nuestra forma de ver y enfrentarnos a la vida, si no reparo en ello, puede resultar que me encuentre realizando una búsqueda de empleo sin un objetivo que alcanzar.

Pero no pretendo aquí hablar de intereses, ni capacidades, ni de carencias… sino del AUTOCONOCIMIENTO, sus SESGOS y ESTRATEGIAS para evitar que estas barreras afecten a nuestro autoconcepto.

El proceso de búsqueda de empleo requiere de un profundo conocimiento del producto que se va a “vender”, que no es otro que “YO, PROFESIONAL”. De este modo, será vital indagar hasta donde sea necesario para conocernos bien, ya que todo lo que hagamos con posterioridad, (definición del objetivo profesional, estrategia de búsqueda, planificación,…) estará planteado en base a ese conocimiento de nuestro producto, como si de un plan de Marketing se tratase.

Si esta primera primera fase del proceso es falsa o no se acoge estrictamente a la realidad, se corre el riesgo de que toda nuestra “construcción” se venga abajo.

De ahí que resulte fundamental conocer las posibles barreras que podemos encontrarnos en nuestro autoconocimiento. En efecto, el propio conocimiento está sesgado por múltiples variables que pueden conducirnos a error a la hora de definirnos a nosotros mismos como personas y como profesionales.

Pero… ¿Cuáles pueden ser estos sesgos?

Entre estas barreras encontramos a las mas que comunes tendencias a infravalorarnos o supravalorarnos en todo lo referente nuestras virtudes o nuestros defectos. Cada tipo de personalidad suele conllevar una de estos sesgos y las consecuencias a la hora de definirnos en cualquier ámbito de la vida, es que esta visión que tenemos de nosotros mismos, nuestro autoconcepto, no resulta del todo realista.

La segunda barrera que nos encontramos deriva de la naturaleza del propio autoconcepto; no se trata de hacer un listado de virtudes, defectos, características o datos en general sobre mi persona de forma aséptica y objetiva. Un verdadero autoconocimiento pasa por tomar conciencia de los propios sentimientos, valores, esquemas mentales, etc; lo que requiere de tiempo para reflexionar y confrontar con la realidad.

La tercera barrera que nos encontramos en el autoconocimiento suele ser el choque entre lo que nos gustaría ser y lo que somos en realidad, lo que nos puede llevar a distorsionar la realidad. En ocasiones tenemos un esquema mental de lo que queremos o creemos ser o tener, que no se corresponde con la realidad. En la construcción de este “ideal” sobre nuestra persona como profesional,no consideramos las capacidades que tenemos en realidad en ese momento, ni lo que realmente estamos preparados para ofrecer al mercado laboral.

El proceso de autoconocimiento ni es fácil ni breve, requiere de tiempo y un nivel de autoconsciencia que no es fácil adquirir. A continuación te ofrezco una serie de recomendaciones que te ayudaran a evitar los sesgos y barreras del autoconocimiento.

Convierte el autoconocimiento en una tarea habitual, vivimos en una sociedad en la que dedicamos mucho tiempo a observar y valorar a los demás, pero muy poco en el autoanálisis y no digamos ya en la autocrítica.

Mantén una actitud flexible hacia ti mismo; como humanos que somos estamos en constante evolución y transformación, de modo que el autoconocimiento no debe ser una tarea puntual, sino un proceso constante y continuado en el tiempo. Hay que ser consciente de como las acciones que ponemos en marcha nos afectan y nos colocan más cerca de la persona que queremos ser (o profesional). Ten en cuenta que ¡SIEMPRE HAY ALGO QUE MEJORAR!

Es humano también la tendencia a infravalorarnos o supravalorarnos, lo importante en este punto es ser consciente de cuál es la nuestra. La cultura en la que nos encontramos hace que la tendencia más común sea la de infravalorar y centrarnos en los aspectos negativos. ¡¿QUÉ TAL SI PRUEBAS A CENTRARTE EN TUS ASPECTOS POSITIVOS Y EN MEJORARLOS?!

No se trata de ignorar lo que falta o de no ser consciente de donde están las deficiencias, también es necesario tener éste conocimiento pero, es fundamental conocer lo que tengo, lo que ofrezco al mercado y lo que puedo usar para alcanzar mis objetivos.

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

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