¿De verdad sabes trabajar en equipo?

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Me llama mucho la atención como la mayoría de personas que buscan un empleo dicen de sí mismas que tienen una gran capacidad de trabajo en equipo, o que les gusta trabajar en equipo. De hecho, suele ser una de las cualidades más mencionadas en cartas de presentación o en entrevistas de trabajo.

 

Por otra parte, la mayoría de empresas que buscan empleados, indican en sus ofertas que quieren del el/la candidat@ que tenga también muy bien desarrollada esa capacidad de trabajo en equipo. La realidad es que en demasiadas ocasiones ni los demandantes de empleo ni las empresas conocen el verdadero significado y lo que implica un auténtico trabajo en equipo.

Trabajar en equipo consiste en que un conjunto de personas trabajan para la consecución de un objetivo común, que beneficia a todos en general. En el equipo nadie “manda” u “ordena” a los demás lo que deben hacer. En todo caso hay un líder que ayuda al resto a que aporten lo mejor de sí mism@s para ese beneficio común final. Se fomenta la creatividad y se valoran y aplauden las ideas de tod@s. Y tanto los éxitos como los fracasos son del conjunto de los miembros.

 La definición es sencilla de reconocer, pero ya no tanto los verdaderos beneficios de aplicarla en la vida real, y si no se reconocen es porque la tendencia es a negarse a reconocerlos.

 La razón es que en la mayoría de supuestos “equipos”, suele prevalecer la prevención contra el propio líder o los compañeros/pares, por una parte, y por otra, la defensa a ultranza de la propia opinión, y/o los propios intereses frente a los del resto. Y con estas actitudes el resultado final suele ser nulo o demasiado pobre. Aún así nadie da su brazo a torcer, y si el resultado no es el esperado, la culpa siempre suele ser de los demás. Impera el “tengo miedo a compartir por si me quedo sin nada” frente al “Quiero compartir para obtener un resultado mejor que si lo hiciera sol@”. 

 El siguiente texto de un autor anónimo, define claramente esta situación:

 Había que hacer un trabajo muy importante y “Cada uno” estaba seguro de que “Alguien” lo haría.

Cualquiera” pudo haberlo hecho, pero “Ninguno” lo hizo. “Alguien” se disgustó por eso, ya que el trabajo era de “Cada uno”.

Cada uno” pensó que “Cualquiera” podría hacerlo, pero “Ninguno” se dio cuenta que “Cada uno” lo haría.

En conclusión, “Cada uno” culpó a “Alguien” cuando “Ninguno” hizo lo que “Cualquiera” podría haber hecho.

 Esta actitud tan común, suele estar provocada por la ausencia de un liderazgo adecuado que sepa cómo reconducir la situación, comenzando por sí mismo dando ejemplo de generosidad y de confianza en las cualidades positivas de cada uno de los componentes del equipo que lidera.

 El buen líder de un equipo hace que este acabe autogestionándose, sin necesidad de estar él o ella de “cabecilla” dirigiendo el “cotarro” para que no se “desmanden” los demás. Desea y logra que cada miembro se haga responsable de una parte de la tarea y se implique al cien por cien en la consecución del resultado final, que le beneficiará no solo a él/ella, sino a todo el conjunto del equipo. Consigue que cada persona acabe aportando lo mejor de sí misma, sin recelos ni egoísmos, porque el primero que confía plenamente en los demás, además de en sí mism@ es él o ella.

 En las empresas, o en otro tipo de organizaciones (¡incluso familias!) se suele funcionar más en grupo que en equipo. La diferencia radica en que en un simple grupo suele prevalecer un líder único que asigna las tareas a realizar. Cada miembro realiza lo que le toca y aporta sus propios resultados. El beneficio final es para el propio líder o para los resultados económicos de la organización, y en todo caso para el propio miembro del grupo si se le recompensa por su buen hacer, cosa que no suele suceder. Pero no hay un sentimiento de “todos a una” como en el auténtico equipo.

Las consecuencias de esto son claras: Los componentes de ese grupo acaban frustrados, sienten que no aprenden nada, que no progresan. Que sus aportaciones son aprovechadas por otros más espabilados para su propio beneficio. Y que él o ella lo único que obtiene es un sueldo a fin de mes (si se trata de una empresa), y como mucho, alguna palmadita en la espalda, y muchas más veces, por haber sido “tan ejemplar”, se le asigna más tareas para hacer, porque se sabe que lo hará sin rechistar.

COMPORTAMIENTOS HABITUALES PARA TRABAJAR ÓPTIMAMENTE EN EQUIPO:

 Estos serían, según Martha Alles (1), los comportamientos que convertirían a una persona en alguien altamente capacitado para trabajar en equipo:

1.- Pone los objetivos de la organización sobre los particulares

2.- Participa activamente en la facilitación y consecución de objetivos grupales

3.- Escucha, respeta y valora las ideas y propuestas de sus pares y colaboradores.

4.- Estimula y motiva a los demás a alcanzar los objetivos generales y a obtener resultados de valor agregado para la organización.

5.- Toma los objetivos de la organización como propios, y con su ejemplo genera compromiso en los demás miembros del equipo.

6.- Facilita información relevante, y comparte los resultados de sus trabajos con otras areas o departamentos, colaborando notoriamente, además, en la resolución de problemas de otros sectores de la organización.

7.- Hace aportes que impactan notoriamente en el logro de los resultadosgrupales.

8.- Capta la atención de los compañeros y logra su aceptación. Tiene habilidades para comunicar y exponer sus ideas, persuadiendo a los demás con argumentos coherentes.

9.- Cumple con los compromisos pactados con el equipo, en tiempo y forma.

 En un equipo de trabajo de alto rendimiento TODOS los miembros, sin excepción, cumplen con todos estos puntos, no solamente el jefe o jefes.

¿Te sientes identificado con estos 9 puntos o con la mayoría de ellos? Pues… ¡estupendo!. Ahora, si estás desemplead@, debes intentar recordar  ejemplos concretos de tus últimos trabajos en los que demuestres contar con esta importante competencia, para poder responder con soltura a preguntas que en una entrevista de trabajo te puedan hacer.

 (1) Diccionario de competencias. Autora: Martha Alles. Ed. Granica, 2004.

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

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