Amargarse la vida con ideas irracionales: Ejemplos reales

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Hace un tiempo asistí a un taller de autoestima organizado por la entidad en la que colaboraba como voluntaria. Uno de los días estuvimos hablando de las “ideas irracionales”.

 

Son esos pensamientos, conscientes o no, los que pueden llegar a convertir nuestra vida en un auténtico fracaso. Sí, he dicho conscientes o no. Porque la mayoría de pensamientos son completamente inconscientes. Están tan arraigados en nosotros que directamente ni los “oímos” en nuestra cabeza. Por eso muchas veces creemos que nuestros fracasos son fruto del azar, de las circunstancias o de otras personas, como dije al principio.

Como decía, uno de los días estuvimos analizando esas “ideas irracionales”. Al final de la sesión teníamos que comunicar al resto qué conclusiones sacábamos de la sesión, y la mía fue que la mayoría de las veces nos ahogamos en un vaso de agua. Situaciones que podrían ser tremendamente sencillas simplemente pensando sobre ellas de forma diferente, las transformamos en complicadísimas y muy dañinas para nosotros.

Uno de los asistentes al taller era Javier, un chico muy agradable que tenía un grave problema de “exceso de responsabilidad” por su familia. Su creencia irracional consistía en pensar que tenía la obligación de procurar que sus padres y su hermana estuvieran bien y no sufrieran por nada. Creía que si no estaba pendiente de ellos, les iba a pasar algo malo. Y claro, su familia acabó creyéndoselo también. La dependencia que se ha creado entre ellos a lo largo de los años estaba ahogando sobremanera a Javier. Necesitaría tomar distancia de su familia para dejar de padecer tanto, pero de momento era incapaz, porque una y otra vez, ese pensamiento recurrente de que debía estar por ellos no le abandonaba. Llegaba a sufrir tremendos dolores de estómago que le hacen vomitar y estar tirado en la cama durante varios días cuando alguien de su familia le hacía sentir culpable por algo que había dejado de hacer por ellos en un momento dado. Una sola creencia irracional le estaba paralizando y le estaba afectando en muchos otros aspectos de su vida, como la pareja o el trabajo, por ejemplo.

Otro caso era el de Erika. Encantadora mujer que vive con su madre, con su abuela y con su hija, que tiene parálisis cerebral. Erika fuera de su casa es una mujer de carácter alegre, segura de sí misma, optimista… Pero en cuanto entra por la puerta se vuelve arisca e insegura. Tiene grandes discusiones con su abuela, quien no parece comprender que Erika necesite tener un espacio para sí misma aparte de su familia. La abuela sabe cómo hacerla sentir culpable y que renuncie a hacer cosas fuera de casa para “no tener que oír el discurso de su abuela”. Y por tanto la abuela siempre se sale con la suya. sabe que Erika se dirá a sí misma que es mala si se va por ahí y deja a su hija “sola”, cuando en realidad la niña puede estar perfectamente sin su madre un rato, teniendo en cuenta que en la casa también están las otras dos mujeres. ¿Qué pasaría si Erika dejara de escuchar a su abuela y se fuera al gimnasio todas las tardes, o saliera un rato el sábado por la noche con sus amigas? Ella sabe que no pasaría absolutamente nada malo con su hija, y así nos lo comunicó en el grupo. Pero le afecta tanto el sentimiento de culpabilidad por lo que se dice a sí misma a causa de su abuela que no sale nunca. Y eso la hace sentirse a disgusto cuando llega a casa.

Cambiar el chip y empezar a pensar de forma racional frente a las situaciones difíciles, es bastante complicado cuando llevas años y años pensando de forma irracional. Pero no es imposible. Lo primero que hay que hacer es comenzar por probar a “hacer como si” ya pensáramos de forma diferente e imaginarnos qué es lo que podría pasar. ¿Qué es lo peor que me podría pasar o que les podría pasar a los demás si hiciera esto de esta forma en lugar de esta otra? Las respuestas pueden sorprendernos enormemente. Luego se trata de empezar a hacer cosas diferentes poco a poco. Erika o Javier no se van a atrever a actuar de forma radical de un día para otro. No están preparados y acabarían sintiéndose mal de nuevo. Pero planteándose como objetivo pequeños cambios, al final se habrá dado por sí solo el “gran cambio”. El definitivo que les haga sentir por fin, bien consigo mismos y por tanto exitosos frente a la situación.

Una persona exitosa es la que se dice a sí misma cosas que la alientan a cada momento para lograr sus objetivos, y no permite que nada ni nadie le paralice. Y no por eso es egoísta o “mala gente”.

Mi primera recomendación es que comiences a hacer conscientes todas aquellas ideas irracionales que te hacen actuar  de una forma que no te beneficia y te hace sentir mal. Verbalízalas poniéndolas por escrito. Y a continuación hazte la pregunta: ¿Qué pasaría si actuara de forma diferente?

Yo misma he tenido que vencer mis propias ideas irracionales antes de publicar este post. Me he dicho mil veces que mejor retrasar la publicación de lo que escribía. Hasta que no estuviese “perfecto” mejor no enseñárselo a nadie, porque “van a pensar que digo tonterías”, o que “lo que digo ya lo ha dicho mucha gente antes que yo y se van a aburrir”. Hasta que he puesto en práctica lo de cambiar el chip. Me he preguntado a mí misma qué es lo peor que puede pasar si no gusta lo que escribo. Y me he respondido que al menos seré consciente de ello y seguro que algún aprendizaje saco de las críticas que reciba. Mejor fracasar e ir aprendiendo de los errores que cometa, que ni siquiera intentarlo. Así que aquí estoy.

Me encantaría que me contaras el resultado del ejercicio que te he planteado antes. Además de servirte a ti, puede servir para que otras personas se animen a realizarlo y cambie un poquito sus vidas a mejor. 

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

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