El coro de los lunes

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Por: Fiorella Fortado

Laurita, mi hermana y yo planeábamos siempre nuestro día para poder asistir al ensayo del coro.

Siempre los lunes llegábamos puntuales a la sala, donde los directores nos acomodaban por voces y empezaba la acción.

Para alguien que no tiene experiencia en esto de la música, las dos horas pasaban volando y se convertían sin duda en un desafío.

Dichas reuniones iban más allá de escuchar un ritmo y repetir una letra.

Cada pieza debía ser delimitada por la partitura y para eso necesitábamos comprender como leerla: pentagramas, claves de sol y fa, la métrica, el ritmo, notas y más notas se balanceaban entre nosotros y nos entrelazaban al unisono en cada melodía.

Recuerdo a la señora directora apurándonos con su batuta para que todos lleváramos el ritmo, mientras sosteníamos las grandes carpetas. Cuatro tiempos, dos, uno y hasta medio tiempo eran importantes para no perderse del grupo.

Y es que bien se dice, que la música es el arte de dotar a los sonidos y a los silencios una organización. Por eso la melodía, el ritmo y la armonía hacen que sea agradable para quien la escucha.

¡Qué experiencia más maravillosa fue todo aquello! Ya para diciembre de ese año se coronaron nuestros esfuerzos en los recitales de navidad. Los familiares y amigos que asistían parecían perplejos al encontrar tanta coordinación.

Cientos de años ha tomado redactar el lenguaje de la música. Son precisamente los símbolos los encargados de traducirla para nosotros y que ella trascienda de generación en generación intacta y fiel.

De la misma forma nuestro comportamiento tiene alguna similitud con la música.

Todos tenemos que enfrentar días de días, pero aún en el típico acelere de la ciudad y lo cotidiano somos nosotros quienes “tomamos la batuta”, escogemos que cadencia y con cuanta armonía llevaremos lo que pasa a nuestro alrededor.

¿Qué hacer cuando todo a nuestro alrededor va muy acelerado, pero por dentro queremos llevarlo a un compás más lento o bien darle notas largas a una conversación que nos parece importante?

¿Y qué tal si desaceleramos? -me pregunto.

¿Qué tal si convertimos esta “música” exacerbada en otra más plácida y serena?

Una que vaya cargada de todo tipo de notas alegres y chispeantes que nos permitan sentir más plenitud.

Casi se me olvida comentarte: ¿Sabías que en las partituras existen los silencios?

¡Qué oportunos son ellos también!.

¡Dan tiempo para respirar, para pasar la página y hasta para levantar la mirada a nuestro alrededor!

Buena idea sería usar los silencios incluso nosotros, para espaciar los pensamientos y darle otro matriz, a la sinfonía más importante: nuestra existencia.

Fiorella Fortado

Email: fiofortado@gmail.com

Twitter: @fiofortado

LinkedIn: Fiorella Fortado Aguilar

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