Por el interés te quiero..

43 emo_girl (www.cute-pictures.blogspot.com)

En estos tiempos que nos ha tocado vivir, es muy frecuente que nos demos de bruces con situaciones bastante desagradables, en las que alguien que en los buenos momentos se ofrecía a ayudarnos, ser nuestro mejor amigo y jurarnos amor eterno, de repente parece que desaparece.

Desde luego es una conducta que puede resultar treméndamente frustrante para el que la padece que, cuando más lo ha necesitado, se ha dado cuenta del vacío que contenían esas promesas que se llevó el viento.

Pero como todos a nuestro alrededor nos dan consejos sobre la necesidad de mantener y ampliar nuestra red de contactos, será bueno en estos casos hacer una pequeña reflexión de cara a no dejarnos abatir por la soledad que sentimos y que podamos seguir nuestra vida de la mejor manera posible: no hay un camino fácil para salir de una situación difícil.

Si nos hemos quedado sin trabajo en una época en la que millones de personas pasan por lo mismo, evidentemente no resultará sencillo volver a conseguir un puesto. Eso sí, lo mejor que nos puede ocurrir en ese escenario es depender de nosotros mismos.

Cierto que la primera reacción ante el shock del desempleo es la búsqueda compulsiva de un remedio rápido: hacer a toda prisa nuestro currículum, enviarlo a discreción a todas las ofertas que veamos y llamar a todas aquellas personas que pensamos pueden mover hilos para “enchufarnos”.

¿Alguna vez nos hemos parado a pensar que en estos momentos a esa misma persona que le pedimos ayuda se la están solicitando otros muchos? Son demasiados compromisos a cumplir, hay que tener mucho poder y/o influencia para poder hacer tantos favores.

De ninguna manera esa avalancha de peticiones ha de servir como excusa para que estas personas nos ignoren y no contesten a nuestros mails y llamadas. Deberían ser honestos y decirnos que no pueden hacer nada por nosotros. Pero en cualquier caso, hacerse ilusiones sobre lo que alguien nos dijo en el pasado, no parece una solución eficaz para el hoy y el ahora.

Así pues, tomemos las riendas y definamos lo que pretendemos hacer para salir de nuestro problema sin ayuda. Es difícil, pero desde luego deberíamos ser los únicos que no nos abandonásemos a nosotros mismos porque, si ni siquiera yo me esfuerzo por mejorar mi estado ¿es justo que quiera que otros lo hagan?

Una vez que hayamos puesto en marcha un plan en el que seamos los únicos protagonistas, si por casualidad, fortuna o lo que fuere conseguimos que alguien nos de un empujón, siempre que este empujón no sea para tirarnos a un pozo será estupendo. Pero los primeros pasos los damos nosotros, y el empujón lo aceptamos o no en función de nuestras aspiraciones, pero no como salvavidas.

Eso no significa viajar solo. En absoluto. Hay que trabajar la red de contactos, pero no para que nos busquen un asiento cómodo en una empresa fantástica, sino para que puedan estar alerta si encuentran casualmente algo que pueda interesarnos: una oferta de empleo, un curso de formación, alguna actividad de voluntariado,… lo que sea que nos ayude a seguir socialmente activos.

Vivimos en un mundo en el que de mayor o menor manera estamos conectados a infinidad de personas. No podemos pretender en ningún caso volvernos, de repente, autosuficientes. Eso no va a ocurrir.

Si nos hemos planteado irnos al campo, comprar unas gallinas y poner un huerto, pensemos que no será suficiente, porque de alguna manera deberemos conseguir dinero (hay que pagar el agua, la luz, alimentos que no seamos capaces de producir,… ¡y los impuestos no nos los quita nadie!, aunque sólo sea el IBI, porque en una casa querremos vivir). Para conseguir ese dinero necesitaremos interactuar con otros,… se acabo la autosuficiencia y ni siquiera hemos comprado las gallinas.

Por lo tanto, tenemos un terreno de juego que es nuestra sociedad, con unas reglas que son las que impone el mercado de trabajo, y somos un jugador más dentro de una cantidad muy importante de jugadores que buscan equipo. Trabajemos duro para ser el próximo fichaje y no nos centremos en tener al mejor representante.

Y eso sí, procuremos acordarnos de esas situaciones en las que posiblemente hayamos sido nosotros los que hayamos hecho promesas vacías, hayamos dejado sin respuesta mails y rechazado llamadas de teléfono. Que experimentarlo en nuestro propio cuerpo nos ayude a darnos cuenta de que eso no se puede volver a repetir.

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo 

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