Échame una mano

Solidaridad_valor

Vivimos en una época en la que las cosas no son demasiado sencillas. Cada día, cuando ponemos la televisión, hay pocas noticias que no hagan referencia a los tiempos en los que nos encontramos.

Manifestaciones, gente en masa que lucha por sus derechos. Otros que narran sus épocas de bonanza en las que tenían un pequeño negocio y tenían contratados a trabajadores, y ahora, ya no les queda ni una pizca de lo que fue ese pasado. Salvo el banco, que puntual, como un reloj de cuco, nunca olvida su carta mensual donde le recuerdan aquello que deben pagar.

Hay demasiada gente yendo a los comedores sociales, demasiada gente yendo a los banco de alimentos, demasiados niños comiendo en los comedores escolares a falta de comida en casa…demasiada.

Pero me surge una pregunta. En época de crisis, ¿hay un aumento de la solidaridad? Quizá haya un aumento de la solidaridad destinada a la sociedad española, pero sin embargo, disminuye aquella que va destinada a proyectos que se llevan a cabo en el exterior. Puede que seamos consecuentes con nuestra realidad. Porque hay una realidad que nos rodea día a día, y eso a lo mejor nos duele más. Quizá nos duele porque el que no tiene para comprar los libros del colegio es el compañero de tu hijo. Porque, puede ser, que aquel que hace cola para que le den una bolsa de comida en el banco de alimentos, sea tu vecino del quinto.

Seguro que el dolor, cuanto más cerca, más duele, más dentro nos llega. Además la empatía también juega un papel importante. Cuando vemos a gente como nosotros en situaciones extremas, la pregunta que retumba en nuestra conciencia es, ¿y si me tocase a mí? Sí, eso es lo que pensamos: que gente como nosotros se encuentra en una situación complicada. Es como si le hubiese tocado el premio gordo de la lotería sin haber comprado ningún número. Y eso da miedo, aterra. Aterra porque son gente como tú, como yo. Gente que luchaba por salir adelante y que se quedó a medio camino sin haber hecho nada para que las cosas se torcieran hasta el punto en el que les está tocando vivir. Cada uno ayuda como puede o como sabe. No significa que para ser solidario se tenga que donar dinero. Hay muchas otras maneras de hacerlo y no hace falta desembolsar un sólo céntimo.

Si eres afortunado económicamente y puedes hacer un pequeño o gran desembolso, es un acto positivo por tu parte. Pero no todos podemos hacerlo, así que también podemos cooperar de otras formas.

Si eres un profesional al que no le importa ofrecer sus servicios de manera desinteresada, pues ¡adelante! Si eres médico, psicólogo, traductor, dentista, pedagogo, enfermero, por nombrar algunas profesiones, seguro que tus servicios serán útiles en alguna asociación. No todo el mundo puede pagar estos servicios, pero si hay muchos que los necesitan. Sería una buena manera de solidarizarte con quien te pueda necesitar.

Pero no siempre uno es un profesional de carrera para ejercer allí donde sea necesario. Puedes ser un gran profesional de cualquier otra cosa. Hay veces que hay que cuidar un par de horas a unos niños porque su familia no tiene con quien dejarlos. Otras ocasiones, a lo mejor hay que sacar a pasear a un anciano que pasa la mañana solo porque su familia trabaja y no puede hacerse cargo de él.

Otras veces, simplemente hay que estar ordenando los productos que están llegando al banco de alimentos para que así haya una mayor organización, o arreglar una cañería en un centro de acogida, o en casa de una familia que no puede pagar los servicios de un fontanero.

Todos somos útiles. Cada uno de nosotros puede aportar su grano de arena y crear una gran fuerza que nadie puede derribar. La solidaridad mueve corazones y gracias a ella muchas personas salen adelante. Tanto las que la reciben, como las que la ofrecen, puesto que todos necesitamos de ella de una u otra manera. Nos hace pensar, y le damos mayor valor a las personas. Vemos que somos capaces de comprometernos y de sentirnos más cercanos con aquel al que ayudamos. Es como si el cerco entre las personas se estrechase.

Pero una cosa hay que tener clara, la solidaridad nace de dentro, no se puede exigir ni pedir, se es solidario porque se es consciente de que siendo así, las cosas pueden ser diferentes de cómo son y que nosotros podemos formar parte del cambio.

¿Te animas?

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

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