El auténtico liderazgo: la historia de Sara y de Juan

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Continuamente encontramos situaciones en las que estos dos conceptos se mezclan, confunden o malinterpretan. En este artículo intentaremos aclarar cuándo nos encontramos realmente ante un líder.

Todo comienza de una forma que puede ser más o menos esperada: a Juan, por fin, le anuncian que recibirá su ascenso y por primera vez tendrá un equipo de personas a su cargo. El nuevo puesto es “director”, el apellido del mismo no importa demasiado en este momento.

La primera tarea de Juan como director es aparentemente sencilla, ya que debe buscar a alguien que le sustituya en su antiguo puesto. Ahora que él ocupa un nuevo cargo, ha quedado esa vacante en su equipo, y además no es una vacante cualquiera, ya que se necesita a alguien contrastado, con experiencia, para que no se note demasiado el cambio y Juan pueda realizar sus nuevas funciones con tranquilidad.

Por lo tanto, Juan ordena al departamento de RR.HH de su empresa la búsqueda de un nuevo “técnico”. Tras poco más de dos semanas, cuando Juan ya se estaba empezando a poner nervioso porque desde recursos humanos no le dan respuesta, por fin le pasan a tres candidatos finalistas. Hay que ser exigente, que no parezca que va a ser un jefe fácil. Descarta a los tres. A dos de ellos sin ni siquiera entrevistarles, para demostrar que sabe lo que quiere y que los de selección no acaban de enterarse.

El proceso de selección finalmente se cierra en un segundo intento con la contratación de Sara, una chica con amplia experiencia y conocimientos. De hecho, lleva más años que el propio Juan desempeñando estas funciones en varias empresas similares.

Van pasando los meses y Juan se posiciona en sus nuevas responsabilidades, llegando a ser muy valorado por sus colegas dada la diligencia con la que lleva a su equipo, el cual está dando gran ejemplo a todos los demás, permaneciendo siempre más allá de la hora de salida, presentando sus proyectos dentro de los plazos y, a pesar de la crisis, con unos resultados más que notables.

Sara por su parte se ha integrado perfectamente dentro del equipo y ha asumido con absoluta naturalidad el rol que le ha tocado vivir, que le sitúa como el principal referente para sus compañeros a la hora de solucionar problemas complejos, dado que, no sólo tiene amplios conocimientos como ya se sabía al contratarla, sino que además maneja las relaciones sociales con absoluta naturalidad, desde una posición colaborativa, sin que nunca le importe compartir los éxitos con sus compañeros a pesar de que en no pocas ocasiones los objetivos se han venido cumpliendo y superando exclusivamente por su capacidad resolutiva.

Han pasado ya dos años, Juan cada vez se ha ido alejando más de su departamento por los requerimientos de su puesto, aunque todos los días fija una reunión con el equipo a primera hora de la mañana para conocer el estado de los proyectos en marcha y para dar las oportunas órdenes. Aprovecha en esos momentos además para advertir a los componentes del grupo de todo aquello que no le está satisfaciendo de su forma de trabajar, aunque este punto no lo acaba de comprender nadie, porque realmente él no les ve trabajar, por lo que critica de “oídas”.

De hecho, últimamente han surgido rumores de que su equipo no está demasiado satisfecho y se van descubriendo ciertas curiosidades, como es el hecho de la elevada presión a la que les ha sometido Juan, así como la imposición de comportamientos “ejemplares” como ha podido ser el salir de la oficina siempre más tarde que los demás.

Un año después, Sara anuncia lo que podía ser esperable desde hace tiempo: ha conseguido una oportunidad en otra empresa. Ocupará una posición de igual nivel a la de Juan.

Realmente Juan no cree que Sara sea capaz de cumplir con las funciones del puesto ya que no ve en ella la firmeza necesaria para dirigir al equipo, factor que considera esencial para que los resultados lleguen. En cualquier caso, no importa demasiado. Si una vez fue capaz de encontrar a alguien para sustituirle, no será tan complicado volver a hacerlo.

A los seis meses, otro de los miembros del equipo anuncia su marcha. Y tres meses después otro. El caso es que unos quince meses después de la marcha de Sara, todo el equipo de Juan es nuevo, carecen de la experiencia y el compromiso colectivo que mostraban los anteriores y los resultados han caído en picado.

En un congreso del sector, Sara y Juan se encuentran de nuevo. Se saludan cordialmente y recíprocamente se preguntan cómo les va. A Juan le sorprende una cosa y se la transmite a Sara: “¿no me preguntas por los que eran tus compañeros?”.

Sara responde: “No, sé perfectamente cómo les va”. Juan piensa que simplemente han mantenido el contacto a pesar de las salidas, lo cual no deja de hacerle sentir mal ya que con él nadie ha seguido comunicándose.

Sin embargo, Sara continúa explicándole: “Una vez salí, todos mis compañeros me pidieron que, si tenía alguna vacante que cubrir, por favor, les tuviese en cuenta. Según fui teniendo necesidades les llamé. De verdad que no era mi intención ‘tocarles’, pero me lo pidieron ellos. ¡Menudo equipo he conseguido así! No sé si habría podido encontrar algo igual a través de procesos de selección”.

A Sara sólo le faltó una cosa en su comentario, agradecérselo a Juan, ya que sin su inestimable ayuda seguramente no habría podido tener a todo un grupo de profesionales cargados de experiencia y con una fe ciega en su líder.

Ella es muy consciente de que el comportamiento que tuvo con sus compañeros fue decisivo para conseguir esa fidelidad.

Juan, lamentablemente, es más que probable que se haya ido a casa ese día simplemente pensando que no entiende nada y que el mundo debe estar loco.

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

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