Hábitos para crecer: No desistás a menos que consigás algo

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Por: Fabrizzio Ponce

Aunque en este momento de mi vida no lo practico con la regularidad que quisiera, lo cierto es que el triatlón es un deporte que me fascina. Y de paso, ilustra muy bien este nuevo hábito que debemos adquirir para seguir nuestro crecimiento.

Probablemente lo sepás mejor que yo: es un evento donde se practican tres deportes para completar la carrera. Algunos eventos también lo hacen en relevos por segmentos, pero de igual forma, para ese equipo de dos o tres personas la meta es terminar cada carrera.

Muchísimas personas son estupendas para iniciar proyectos. Algunos de nosotros podriamos incluirnos en ello. Tienen la idea, la sueñan, la perfeccionan, la ponen por escrito, la inician… y luego el proyecto queda en el camino. Pueden existir mil y una razones para que suceda, sin embargo, suelen ser tan solo justificaciones. Y al final del día el resultado será el mismo: un proyecto más inacabado.

De mi experiencia propia en el triatlón, entrar al agua para el segmento de la natación significa ‘haga todo lo posible para salir del agua y no quedarse muy atrás’ (¡en especial si es en el mar!). El segmento de bicicleta se traduce en ‘apúrese para que alcance al grueso del grupo que compite’. Y el tercero, el de atletismo –que es mi fuerte, significa tan solo ‘ahora sí, ¡póngale!’.

Cada segmento, cada etapa del camino, cada movimiento tiene una finalidad: conseguir algo. Nótese que digo ‘algo’. No quiere decir que lo vayamos a conseguir todo de una sola vez (no siempre se logra), pero tampoco quiere decir que nos rindamos en el camino y nos vayamos con las manos vacías. Algo hay que hacer, algo hay que lograr, algo hay que cumplir. En el camino del crecimiento personal no se vale salir de la misma forma que entramos. Algo tenemos que conseguir.

La recompensa no solo será ese ‘algo’ que obtengamos. Probablemente tendremos que incomodarnos. Habrá que esforzarse. Quizá realicemos algunos sacrificios para lograrlo. Pero también tenemos la oportunidad de aprender algo y además, nos daremos cuenta de que somos capaces de lograr algo más allá de lo que nos creíamos capaces. Y eso, para mí, es el aprendizaje más valioso.

Termino con una frase de esas que pululan por el internet: “No te digo que vaya a ser fácil, pero si que valdrá la pena”.

¡A ponerle!

Fabrizzio Ponce

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Hábitos para crecer: Terminá lo que empezás

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No hablemos de nadie más, hablemos de nosotros mismos. ¿Hay algo que empezaste y que no terminaste, por la razón que sea?

Yo tengo algunas historias. Ninguna me llena de orgullo, sin embargo, las tengo presente para no pasar por lo mismo. Hay varios sentimientos que afloran al pensar en esos ciclos no cerrados o metas no cumplidas. Me han enseñado lo importante de terminar lo que empezamos, para no ir por la vida con tareas pendientes que nos roban energía y desvían nuestra atención hacia el pasado.

Aclaro: volver a ver al pasado no es malo. El problema viene cuando, recurrentemente, volteamos a ver y a añorar algo que ya no es posible y que no se dará. Luego nos sorprendemos a nosotros mismos hablando del tema con todos. En lugar de hablar de proyectos y objetivos por lograr, estamos recordando episodios y envolviéndonos en una bruma de nostalgia que nos ciega la vista a lo que si podemos realizar.

Lo que haya salido mal, ya no podemos hacer nada. Hay que enfocarnos. Una frase anónima en internet reza lo siguiente: “No olvidés cerrar ciclos, colocar puntos finales. Estás a punto de vivir un montón de historias nuevas, no las arruinés llevando al futuro un pasado que ya no existe”.

En mi caso, siempre hablaba con nostalgia de una de mis metas de vida sin lograr: graduarme como bachiller del colegio en que estaba. Siempre usé el uniforme gris del Liceo de Costa Rica con orgullo, lo defendí, lo viví.. pero producto de mis malas decisiones de adolescente no pude lograrlo. Pocos años después, en mi andanza universitaria, nuevamente enfrenté una situación complicada (esta vez económica) y nuevamente me enfrenté al hecho que quizá no podría graduarme de la U. sin embargo, ya había aprendido la lección, así que enfrenté la situación con madurez y logré terminar mi carrera.

Siempre comento ambas historias, pero trato de enfocarme en la meta que si terminé. ¿Por qué? Justamente porque me recuerda lo motivante que es finalizar un objetivo, cerrar un ciclo, concluir algo que empecé.

¿Ya tenemos claro qué fue lo que sucedió y que hizo que no cumpliéramos ese objetivo? Si la respuesta es negativa, podemos hacer un excelente ejercicio: ¡averigüémoslo! Esa será la forma de no repetir el episodio.

Y si estamos en medio de un ciclo, de un proyecto, pongamos todo de nuestra parte para terminarlo. Cada esfuerzo tendrá su recompensa, no solo en la forma de una meta lograda, sino en el crecimiento que tendremos como personas y como profesionales.

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Hábitos para crecer: ¡Acción!

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Por: Fabrizzio Ponce

Todo a nuestro alrededor nos invita a la acción. El semáforo tiene una luz verde, que nos indica que ya podemos pasar. Si no nos movemos por estar distraído, el de atrás de forma muy gentil nos invitará a movernos tocándonos la bocina.

También podemos recordar cómo es la grabación de la incontable cantidad de escenas que conlleva una película: “toma enésima, luces, cámara.. ¡acción!

Y para quienes nos gusta el atletismo, de fijo alguna vez hemos escuchado el famoso: “en sus marcas, listos.. ¡FUERA!

Pero esos son factores externos, podría argumentar alguien. Cierto, son factores externos. Y si echamos la mirada hacia dentro, podremos descubrir que nacimos con ese impulso.

¿O acaso alguno de nosotros aún gatea?

Ninguno, al menos de los que podemos leer este artículo, ¿cierto?

¿Qué causas nos frenan para ponernos en acción?

Muchas, muy variadas y por supuesto, personalizadas. El miedo, el ‘qué dirán’, el hecho de no conocernos bien, que quizá nunca lo hemos necesitado.

Ya en otras ocasiones hemos compartido que lo único constante en la vida es el cambio. Por ello hay que movernos. No por el cliché de moda o por salir de la zona de confort. Hay que ponernos en movimiento y tomar acción porque fuimos diseñados para ello.

Es hora de hacer esa llamada, de enviar ese email, de poner en papel la idea que tenemos. Ya hemos invertido en nuestro desarrollo personal, hemos fijado los objetivos adecuados, tenemos el plan listo, ¿adiviná qué sigue?

Exacto: pasar a la acción.

Incluso, puede que ahora mismo estés tratando de justificar la inacción en la que estás. En estos tiempos de cambio e incertidumbre pareciera ser una buena idea quedarse quieto y aferrarse a la primera seguridad que te aparezca. Sin embargo, lamento tener que recordarte que eso ya no existe.

Si te vas a aferrar a algo, que sea a vos mismo: a tus capacidades, a tus competencias.. ¡a tu hambre de triunfar en la vida!

Y no te preocupes por lo que suceda al ponerte en movimiento. Una estadística dice que el 90% de nuestras preocupaciones nunca llegan a concretarse.

¡Ánimo y a ponerle bonito, que apenas estamos empezando a crecer!

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Hábitos para crecer: Hacé un plan

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Por: Fabrizzio Ponce

Aunque ahora no practico el futbol, siempre recuerdo la estrategia clave en todo partido cuando era más joven, fuera partido entre amigos o contra la gente de otro barrio. Era un plan casi infalible: todos suben a atacar y todos bajan a defender.

Obviamente, cuando se era joven se tenía la energía para un planteamiento así. Conforme pasaban los años, la estrategia era diferente: correr menos y pasar más el balón. Pero la idea siempre era tener un plan para cada partido.

Un plan es de gran ayuda para no divagar por la vida. Cuando construimos una casa, primero la planificamos. Si vamos a tomar en serio un deporte, seguimos un plan de entrenamiento. Si vamos a escribir un libro, primero planificamos el tema y su desarrollo respectivo.

Tener un plan es un excelente hábito de crecimiento. Deja muy poco al azar y nos permite empoderarnos. Y para diseñarlo, hay que tener en cuenta tres elementos que, a mi parecer, son necesarios para tomar en cuenta:

  • No hay que escribirlo en piedra: Vivimos en un mundo cambiante, eso es innegable. Ese principio aplica también para nuestras ilusiones y metas en la vida. En ocasiones se retrasarán, en otras dirigiremos los esfuerzos en una dirección diferente y se dará el caso de que hemos cambiado así que nuestras metas también. Cuando somos personas rígidas –y hasta orgullosas, si cabe el término, nos será más difícil salir adelante con un entorno de cambios. En nuestro plan hay que dejar espacio para las sorpresas, buenas y malas, que nos presente la vida y el sendero a recorrer.
  • Anotá qué es lo que querés: Necesariamente hay que tener claro a dónde queremos llegar. Sea un partido de futbol, una temporada deportiva, la construcción de nuestra casa, la carrera universitaria o la educación de nuestros hijos, tener en papel y bien establecidos nuestros planes es vital para no perder el enfoque de lo que queremos lograr en la vida. Y entre más claro, concreto y conciso sea, mejor.
  • Anotá qué debés hacer: Comer más sano, ahorrar, menos televisión y redes sociales, etc. Para llegar a la meta hay que dar pasos concretos, menos deseos y más acciones. Anotar solo la meta no es suficiente, el plan debe incluir las cosas que debemos hacer y dejar de hacer para lograr nuestros objetivos.

La planeación es un paso vital en este ciclo de hábitos de crecimiento. Le dará estructura y sentido a todos los movimientos que hagamos en pos de alcanzar los objetivos que ya nos hemos trazado y con cada logro pequeño tendremos una inyección de motivación para el siguiente paso.

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Hábitos para crecer: Fijá objetivos retadores pero alcanzables

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Por: Fabrizzio Ponce

Todos nacimos con el impulso de ir hacia adelante, de no quedarnos estancados en un mismo lugar o una misma situación.

Desde nuestros primeros llantos al nacer, nuestro ‘gen emprendedor’ le mostró al mundo que no nos íbamos a quedar satisfechos con lo que teníamos en el momento. Hombre, veníamos de la comodidad del vientre de nuestra mamá y repentinamente nos despiertan de una nalgada (al menos a mí). ¿Cómo pretendían que nos contentáramos con eso? Obviamente, nuestros llantos iban dirigidos por nuestro deseo de cambiar esa situación momentánea y buscar lo que queríamos.

Con el paso de los años ese deseo de superación se nos fue estancando, al punto de que hoy nos conformamos con la primer migaja que consigamos. Sé que suena muy drástico pero parece que es así. Buscamos trabajo ‘en lo que sea’, emprendemos algo ‘para ver que sale’ y vivimos el día de hoy igual a todos los anteriores ‘porque así es la vida que me tocó a mi’.

Es imperativo despertar de su letargo a ese deseo de superación. ¡Es necesario que sigamos creciendo!  Y una buena forma es poniéndonos objetivos retadores. ¿Cuál puede ser un objetivo retador? Apagar la tv, desconectarnos del teléfono móvil y practicar la lectura. ¿Qué tal si leemos un libro al mes? ¿O si salimos a caminar media hora al día?

Vayamos un paso más adelante: ¿Qué tal si retomamos la formación académica que abandonamos hace unos años? ¿Qué tal si le damos al corazón otra oportunidad de enamorarse? ¿Y cómo verías poner tu propia empresa?

Un detalle importante acá es que nuestros objetivos deben ser retadores, pero también deben ser alcanzables. Lo ilustraré con un ejemplo propio: no empiezo hoy a entrenar atletismo para correr una maratón el próximo mes. Tampoco voy con el antipático de mi jefe hoy mismo a despedirlo de mi vida profesional sin tener un plan B primero. Tenemos que ser estrategas. Y eso es parte del reto que nos supone ponernos objetivos retadores pero alcanzables.

Dentro de nosotros siempre existirá el deseo de estar mejor. Lo que sucede es que algunos lo esconden, por miedo, por vergüenza o simplemente por pereza. Pero eso no va a ser sostenible en el largo plazo, así que entre más pronto arranquemos, más pronto llegaremos.

¡Empezá desde hoy a construir tu mejor versión! Honrá la vida desarrollando todo tu potencial y lánzate a la aventura de crecer, poniéndote metas que te lleven más allá de tus límites.

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Hábitos para crecer: Invertí en tu desarrollo personal y profesional

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Por: Fabrizzio Ponce

Iniciamos hoy una serie de artículos con hábitos para crecer como personas. 

Debemos tener presente que somos seres integrales. No podemos desligar el yo profesional con el yo familiar, o el que sale a comer con sus amigos, o el que lee un cuento con sus hijos por la noche. Hay quienes han intentado hacer esa ‘separación’ teniendo como resultado un total desastre de vida.

¿Cómo se hace, entonces? Iniciemos hablando de la mejor inversión que podemos hacer: la inversión en nuestro desarrollo personal y profesional.

Mucho se ha escrito del tema, y enhorabuena que sea así. Ojalá tengamos más y más personas escribiendo sobre esto, contando experiencias e inyectando positivismo y cosas buenas en momentos donde la facilidad de interconectarnos con el mundo es tal que podemos ver en vivo sucesos al otro lado del mundo. Esto  nos trae muchas cosas buenas, pero también otras no tan buenas. Nos enteramos de tragedias, desgracias e injusticias que, poco a poco, nos van robando la fe en la humanidad.

Eso nos plantea una pregunta legendaria y siempre acertada: ¿de qué me estoy alimentando intelectual y emocionalmente? ¿De noticias de chismes, de injusticias, de superficialidades, o de contenidos formativos?  Es necesario recordar en este punto que lo único constante en la vida es el cambio, y en cuando más pronto estemos preparados para afrontarlo, mejor lo llevaremos.

Sea cual sea la meta que tenés en la vida, hay que prepararse para lograrla. Incluso si solo tenés planteado estar en el mismo lugar (puede que llegue alguien que lo haga mejor que vos y te desplace). Elementos como alimentarse bien, mantenerte actualizado en tu profesión u oficio, aprender algo nuevo todos los días, empezar una rutina de ejercicio físico, dedicar tiempo a la espiritualidad, emprender proyectos nuevos, leer más, aprovechar mejor el tiempo con tu familia, etc., son un pasaporte seguro al éxito y al crecimiento. Te ayudarán llevándote a otro nivel, te llenarán de energía y, muy probablemente, te desafiarán a dar lo mejor y buscar más.

No lo pensés dos veces: invertí en tu desarrollo personal y profesional, y empezá a crecer hoy mismo.

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Una vida sin liderazgo – Adiós al éxito

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Por: Fabrizzio Ponce

Desorganización. Nadie toma decisiones. Cada quien hace lo que les parece ser lo mejor. Eso conduce a conflictos. Luego baja la moral. Y la productividad cae.

Esa parece ser la ruta al desastre. O, como lo hemos descrito en los últimos artículos de esta serie particular, los resultados de una vida sin liderazgo. Con acciones como esas, el adiós al éxito está garantizado.

Sin embargo, es curioso cómo pese a tener tanta información disponible, y según algunos comentarios de investigadores, ser la generación con mayor acceso a ella en la historia, hoy en día siguen existiendo mandos y personas que gestionan el talento humano al mejor estilo del siglo XIX (es una frase de invención propia).

Es muy difícil lograr encontrar un logro destacado sin que medie algún liderazgo. Claro, estamos de acuerdo en que los logros son producto del esfuerzo de dos o más personas que se ponen de acuerdo y deciden luchar y trabajar hasta alcanzar un objetivo común. Esto lo podemos ver en matrimonios, empresas, barrios, hasta en la naturaleza. Sin embargo, siempre existirá un cabecilla, alguien que dirigió los esfuerzos, que motivó. En toda manada siempre hay un líder.

Es por esa razón que se antoja de vital importancia mejorar las habilidades de liderazgo, nuestras y las de nuestra organización. El entorno actual, donde conviven juntas varias generaciones, donde hemos sufrido el desencanto por un liderazgo obsoleto y corrupto, donde la presión y la exigencia por los resultados son abrumadores y propician un estrés diario que nos llevan al límite, más que nunca necesitamos mejores líderes.

Si la vida te llevo a ser líder, no podés conformarte con solo cumplir. Necesitamos aprender a dar más yendo un paso adelante, a guiar y a desarrollar más líderes. Eso es lo que han hecho los grandes líderes a lo largo de la historia, y es lo que necesitamos de los actuales.

Empecemos hoy mismo a ser mejores líderes.

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Una vida sin liderazgo – Baja productividad

Por: Fabrizzio Ponce

Una motivación escasa y un compromiso débil en las organizaciones llevan necesariamente a una baja en la productividad.  Es una situación complicada, pero tiene muchos potenciadores. La pregunta del millón respectiva es: ¿qué hacer?

Situaciones de ese tipo necesariamente nacen de errores a nivel jerárquico: pobres políticas de gestión, una mala cultura organizacional, poca comunicación, problemas financieros, etc. En ambientes así es difícil trabajar, no hay trabajo en equipo, el compromiso hacia la organización es casi inexistente y, muy probablemente, la rotación de personal es muy alta, con los costos que ello trae. Y si hablamos de productividad, la situación no mejora. Y todo eso se nota desde afuera: clientes, proveedores, la competencia…arrow-35249_960_720

Un buen liderazgo puede poner remedio a ese mal. En momentos donde los jefes y supervisores imponen reglas, directrices y hasta sacan los látigos, los líderes inspiran desde donde están. No se trata de vestir bien o tener frases bonitas para regalar. Se trata de arremangarse la camisa, trabajar, dar ejemplo, empoderar. En síntesis: inspirar e influir.

El cambio es posible. Pero para ello, se requiere de:

Visión: hay que saber dónde estamos y a dónde queremos ir como organización. También hay que visualizar el camino a recorrer y los obstáculos que encontraremos.

Compromiso: los seres humanos somos reticentes al cambio. Siempre habrá una objeción, siempre habrá un ‘pero’, siempre habrá un dejo de nostalgia por cómo se hacían las cosas antes. Si nosotros como líderes no somos los primeros en comprometernos con la causa, el naufragio será inevitable.

Creatividad: si todas las personas nos motiváramos e inspiráramos de la misma forma, no haría falta liderazgo. Pero el ambiente y las circunstancias van cambiando,  así que debemos tomar eso en consideración junto con el hecho de que cada persona es diferente. El liderazgo aporta creatividad, ideas y, al final del camino, la solución.

Fabrizzio Ponce

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Una vida sin liderazgo – Moral baja

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Por: Fabrizzio Ponce

Siempre me ha llamado la atención la vida de Alejandro Magno. En sus casi treinta y tres años de vida logró conquistar gran parte del mundo conocido en ese entonces –y seguramente hasta sitios que ni él imaginó que existían. También alguna vez he especulado con lo que hubiera logrado si no hubiera fallecido tan joven. ¿Hasta dónde habría llegado?

Esto lo menciono porque, a pesar de sus grandes conquistas, una vez que falleció, todo el vasto imperio conquistado terminó diluyéndose en medio de confusiones, intrigas y disputas. Al no estar el líder, la moral –la fe en el líder de la cima, como dice John Maxwell- se cae. Y eso, se trae abajo todo lo demás.

Traigamos esto a un plano más personal: a nuestra organización, a nuestros barrios, a nuestra familia. Al no haber liderazgo, no hay una figura que influya, que modele, que acompañe y guíe. En mi comunidad actualmente sucede: la dirigencia política no se pone de acuerdo, hay discusiones, enredos y se han perdido muchas oportunidades y beneficios.

Un líder debe influir ánimo, fuerza, levantar y empoderar a su equipo de trabajo, de forma que la motivación crezca día a día. Cuando eso suceda, tendremos resultados satisfactorios y el círculo de bienestar e inspiración crecerá.

Como líderes, uno de los retos es mantenernos influyendo, que nuestra gente siempre nos vea mano a mano con ellos. Es parte de la receta del éxito de nuestro liderazgo.

Fabrizzio Ponce

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Una vida sin liderazgo – Conflictos

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Por: Fabrizzio Ponce

Los conflictos en las organizaciones son pan de cada día. Pueden haber muchos detonantes: mal clima organizacional, estrés, temperamentos, estrechez económica, problemas familiares, un mal día, etc. A veces es difícil tan solo ponerse de acuerdo entre dos, ¿ahora con todo un equipo de trabajo?

Una de las cosas que podemos agradecerle a un buen liderazgo es, precisamente, la posibilidad de solucionar los conflictos. No porque el líder los vaya a resolver, sino porque en su ausencia, la probabilidad de que se extiendan en el tiempo y se acentúan es muy alta.

Imaginemos la escena: yo digo que tenemos que ir por la izquierda y usted dice que no, que por la derecha. Pasamos toda la semana argumentando sin ponernos de acuerdo. El lunes siguiente sigue la guerra. Y como ninguno quiso poner abajo (porque cada uno tiene la razón), se nos va otra semana en lo mismo.

Un buen líder, como mínimo, nos sentaría a negociar, a limar asperezas, a resolver. Proporcionaría líneas de acción y contribuiría al necesario crecimiento en medio de esa situación. El buen liderazgo propicia espacios y el desarrollo de competencias de negociación y trabajo en equipo, tan fundamentales hoy en día en cualquier espacio profesional.

Y, en última instancia, está listo para poner orden y tomar una decisión.

Fabrizzio Ponce

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