Florece

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Por: Fiorella Fortado

Mi deseo es que seas como el veroliz de la caña que anuncia elegante el tiempo de la safra. Sé también como el sauce de sabana que sobresale en el paisaje veraniego. ¡Florece, que para eso viniste a esta tierra!

Preparé esta frase pues anhelo que este año te traiga solo cosas buenas y  también porque me gustaría transmitirte el concepto de lo que significa florecer en la vida personal y profesional.

Resulta curioso que la palabra florecer tambien significa progresar, desarrollarse, adelantar y brillar. ¡Que gran reto pero a la vez que maravilla!

¿Te imaginas como puede ser hoy tu día?

¿Qué tal si desde buena mañana te acompaña una buena actitud? ¡Prepárate bien! ¡Sonríe!

Poco a poco notarás como esa misma sonrisa te la devuelve tu hijo o el primer extraño que te topes al salir de casa. Desde luego caminarás por la calle con energía, motivado. Al visitar a un cliente, la conversación fluirá con absoluta transparencia y buenos acuerdos. Mas tarde, en el almuerzo, te encontraras  un viejo amigo que te dirá lo bien que te ves. Y así sucesivente tu día transcurrirá con una serie de eventos afortunados.

Parece un día soñado cierto, pero no improbable.Todos los seres humanos tenemos la capacidad de reinventarnos cada día a pesar de los diferentes escenarios cotidianos. De eso se trata florecer.

Una vida plena y balanceada se construye y reconstruye.

Nada ocurre de la noche a la mañana ni por arte de magia. Lamento decirte que no basta solo con desearlo hay que actuar. Cada uno de nosotros tiene ese potencial para ser un mejor ser humano, de “ponerle ganas a la vida” y de alcanzar la calidad en todo lo que hace.

Y es que para lograr brilllar, progresar y, por ende, florecer, se necesita que germine la semilla de la responsabilidad en nosotros (de ella te hablé en un artículo anterior).

Conscientes de que somos nosotros “quienes estamos en estos zapatos”, enfrentaremos este año con la determinación y el coraje necesarios. Somos los únicos encargados de darle sentido a nuestra existencia y hacerla finalmente florecer.

Fiorella Fortado

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¡Quemad las naves!

Por: Fiorella Fortado

¿Qué tienen en común Alejandro Magno y Hernán Cortés? Pues que a ambos se les atribuye una leyenda alrededor de una conquista.  

Se dice que cada quien en su momento mandó a quemar sus propios barcos, todo esto sucedió antes llegar a uno de sus puertos más temidos y a la vez anhelados.

Cuando escuché por primera vez sus historias pude imaginarme a lo lejos el humear en el mar de aquellas naves, sus compañeras de viaje y las “únicas” capaces de devolverles a casa.

Con determinación y sabiendo que después de aquella decisión no habría marcha atrás, estos líderes y sus marineros enfrentaron al enemigo más fiero que les salió en el camino. No con miedo, si no con valentía que es diferente. Y de eso es lo que brevemente hoy quiero hablarles.

La palabra miedo viene del latin metus es una alteración del ánimo que produce angustia. Por otro lado, me parece muy interesante contrastarla con el significado de la palabra valentía tiene que ver con vigor y con esfuerzo.

¿Que interesante, verdad? El miedo paraliza, en cambio la valentía moviliza.

Sigamos analizando ya que según estas definiciones podemos decir que cuando se es valiente antes se quiso ser valiente, se pensó en ello e incluso se sacaron fuerzas de donde ya no había para serlo.

Esta valentía o coraje del que hablo es el resultado de enfrentar las cosas y de no dejarlas pasar… ¡pueda que ahí está la clave!

Hay que sacar ese brío que todo ser humano trae oculto en su interior. De eso se trata, de ponerlo a vibrar conscientemente desde adentro y de llevarlo a la superficie.

¡Si usted logra asimilar que la valentía para enfrentar la vida está en su ADN, quemara también los barcos que sean necesarios, se lo aseguro!

Para finalizar les dejo con una maravillosa frase de André Gide: “El hombre no puede descubrir nuevos océanos a menos que tenga el coraje de perder de vista la costa

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Entre pilares y cadenillas

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Andrea y Elvira eran vecinas y tenían una amistad entrañable. Por eso, Andrea pudo detectar que Elvira no estaba bien ese invierno. Tomó el teléfono y le invito a una taza de café.

Esa tarde, cuando Elvira se acercó al portal de la casa de su vecina, pudo sentir de inmediato el olor a pan dulce recién horneado. La puerta ya estaba abierta, a medida que avanzó por el zaguán, el viejo piso de madera traqueó anunciando su llegada.
– “Pasa Elvira, ¡ya te esperaba!” -dijo Andrea y señaló el sillón para que se sentara.
– “Gracias querida, estos detalles valen mucho para mí“.
– “Amiga, debo confesarte que el café fue la excusa, ¡pues en realidad quiero enseñarte a tejer! ¿Te gustaría?“- preguntó Andrea
– “¿Tejer? Humm… ando con poco ánimo hoy, pero acepto el reto“- sonrío titubeante Elvira.
Andrea tomó entre sus blancas manos pecosas el aguijón y la madeja de tersa lana para mostrar a su amiga como empezar la labor.
– “Sabes, me considero una mujer feliz“- dijo Andrea. “Aunque no lo tengo todo, todo lo que llega a mi vida es suficiente“.
Mientras tanto Elvira en silencio luchaba con aquella lana, su vecina continuó diciendo: – “¡Tejer también puede enseñarte mucho, amiga!
– “¿A que te refieres?” susurro la joven mujer.
– “Cuando tejemos formamos pequeñas cadenillas, las cuales unimos a través de gazas. Con el punto cerramos una vuelta y con los pilares damos altura a nuestro tejido. Si nos esforzamos por ejemplo, podemos hacer un suéter que nos de calor o una blusa para el cálido verano”.
– “¡La vida es igual de sencilla! Construimos a diario con lo que tenemos, somos capaces de unir lo que nos pasa de diferentes formas: con tristeza o con agradecimiento. La ‘materia prima’ puede ser diversa pero al final es cómo entretejemos los hilos, lo que nos termina por revestir”.
– “Muchas veces tendrás que soltar los puntos, en otras tocará rehacerlos por completo. Nuestro camino requiere siempre ajustes… igual sucede que en el tejido. Tiene sus momentos de ‘tensar’ y sus momentos de ‘aflojar un poco’, de manera que está vida se nos “acomode mejor“. -continuó reflexionando Andrea.
– “La felicidad no es un estado permanente del ser humano, son los pequeños grandes momentos que vamos sumando, al igual que lo hacemos al formar los pilares del tejido los que nos construyen. Así lo entiendo yo, amiga”.- agregó.
¡La mirada de Elvira lo dijo todo! ¡Andrea no tuvo más que decir! Esa fue una tarde diferente pues entre tazas de café y pan caliente, Andrea y su amiga tejieron y tejieron sonrisas.

 

Fiorella Fortado

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La semillita

Por: Fiorella Fortado

Una y otra vez, David entierra la pala en la tierra, no levanta mucho la mirada pero eleva una oración por todos aquellos dolientes a su alrededor. Cualquiera diría: – ¡Este hombre tiene el peor trabajo del mundo! Pero para él es una necesidad hacerlo y hasta ha encontrado un propósito en ello.

También está Mariela que sale a trabajar cada mañana. A su regreso le esperan los quehaceres domésticos y su bello niño que no perdona comer tarde. Desde que abre la puerta trae puesta una sonrisa. Nadie sabe cómo, pero ella lo está logrando.

Podemos hablar de Guido, quien acostumbra llevar siempre un salveque celeste a sus espaldas y una gorra. Su impedimento para caminar le hace ir lento pero seguro a su puesto de frutas en la avenida segunda.

¡Si conocieras a Lucy! Ella pone el despertador a las 3 de la mañana todos los días. Se baña, desayuna, preparar su almuerzo y viaja casi 3 horas hasta su trabajo en la capital. Lo ha hecho hasta la fecha por 16 años, nunca llega tarde o falta sin razón. Dice encontrar en su trabajo de secretaria una herramienta que le permite ayudar a su único sobrino a recibir una buena educación.

Quisiera analicemos juntos estas cuatro maravillosas historias pues todas tienen algo en común: ¡El valor de la responsabilidad!

SÍ, RESPONSABILIDAD con mayúscula, porque mayúsculo es el esfuerzo de cada uno de ellos. 

La responsabilidad puede compararse con una semilla, ella ha sido puesta en todos los seres humanos desde que nacemos.

¿Por qué digo esto? Pues porque brota instintivamente una vez que un ser humano la toma en serio. La responsabilidad se ejercita y como semilla que es, se le riega con el coraje y la determinaciónCYu1d9BUEAA33lI

La tierra fértil para ser un “responsable empedernido” es tener claro el ‘por qué’ y el ‘para qué’ se trabaja por algo en la vida.

Los responsables se convierten en seres luchadores, héroes incógnitos que sin saberlo nos acompañan en el bus, en la oficina o incluso son nuestros amigos o familiares.

Claro que la responsabilidad es sinónimo de sacrificio a veces, pero también está llena de satisfacciones, dignifica a quien la práctica y como decía Winston Churchill: -“El precio de la grandeza es la responsabilidad“.

Te invito a cultivar hoy esta preciosa semilla de la RESPONSABILIDAD en tu vida personal y laboral, ¡los frutos con seguridad serán los mejores!

Fiorella Fortado

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Técnica del Paracaídas

 Por: Fiorella Fortado

Consiste en tener claras cuatro cosas cuando sentimos que vamos en “caída libre y requerimos algo que nos ayude a aterrizar”, en esos momentos en los que las circunstancias cotidianas nos quieren empujar a un abismo de desesperación.

  1. Lo vivido: Posiblemente a estas alturas en tu vida ya has pasado por mucho y nada te sorprende, ¡eso es maravilloso! ¿Por qué? Porque ese cúmulo de experiencias al día de hoy se convierten en tu tesoro más valioso para enfrentar lo que te agobia.
  2. Lo llorado: ¡Woow! ¡Ciertamente las lágrimas son perlas de sabiduría! Independientemente de los motivos que hicieran que estas llegaran a tu vida, podemos encontrar en ellas una enseñanza. Una lágrima de dolor te ayuda a identificar aquello que te sobrepasa, una de alegría te recuerda qué te hace feliz y qué no. Una lágrima de rabia o frustración puede mostrarte con claridad por donde ya no quieres pasar o bien qué cosas, personas o circunstancias debes aprender a evitar.
  3. Lo gozado: El aire fresco que, sin permiso, entra por la ventana un lunes en la mañana, la textura suave de tu almohada al anochecer, los interminables paseos llenos de sol por el parque, una acogedora tarde lluvia en casa… la tierna sonrisa de un niño. Separa un minuto para recordar lo bien que se siente disfrutar de la vida. No todo es gris aunque de momento lo veas así. En momentos de crisis ayuda mucho para renovar nuestra energía recordar lo bueno. Tu vida puede ser aún más plena si te permites reconocerla así.
  4. Lo aprendido: Puedes preguntarte: Esto que me agobia ahorita, ¿me ha pasado antes? ¿Lo resolví? Si es así, ¿cómo lo logre? ¿Cuánto de lo que sucede depende de mi? ¿Sale de mis manos? Esta situación, ¿es para resolver o para aceptar?

Cada uno de nosotros tiene áreas de oportunidad y también fortalezas. Identifícalas y trabaja en ellas de ser necesario. Si ves que esto que enfrentas se escapa de tus manos… déjalo ir.

¡Cuando atravesamos momentos de tensión somos capaces de sacar al valiente que llevamos dentro! Cree más en ti. ¡Los paracaidistas lo hacen! Se lanzan al vacío desde el avión impulsados por el coraje, esta determinación es la única cosa que depende de ellos en ese momento, el resto lo hace el paracaídas.

Antes de regresar a tierra el paracaidista tomará el control una vez más para “aterrizar en medio de la dificultad“.

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Efecto Parqueo

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Por: Fiorella Fortado

¡Cómo había llovido aquella tarde! Ese sábado parecía que las prisas de las compras y el evitar mojarse habían influido hasta en la  manera de parquear los automóviles en el centro comercial.

Al llegar mi esposo y yo lo notamos de inmediato.

Un conductor aparcó casi en diagonal, posiblemente para no mojarse, pero eso había afectado al resto de todos aquellos prójimos que llegaríamos después. Paradójicamente, el patrón de acomodo en el parqueo fue repitiéndose ante la incomodidad. El oficial seguridad parecía haber perdido la fe pues ya no lograr ubicar a nadie correctamente después de semejante aguacero.

Dimos varias vueltas buscando espacio y fue curioso observar que también, en las otras filas frente al “protagonista de cuatro ruedas”, el patrón de acomodo se repetía.

– “¡Qué extraño!”- le dije a mi esposo. – “¿Notaste el fenómeno?”

Él sonrió solamente y luego me dio una gran lección con lo que hizo.

Tomó un espacio que alguien recién dejaba y empezó a maniobrar una y otra vez hasta lograr colocar nuestro auto en dirección a las líneas amarillas del parqueo. Volvió a intensificarse la lluvia, pero eso no lo hizo cambiar de opinión. Ciertamente nos mojaríamos y además se corría el riesgo de que nos golpearan el vehículo en medio de tanto caos en el parqueo, pero en ese instante, para él lo era más importante predicar con el ejemplo.

Fueron necesarios solo unos minutos para que ocurriera una maravillosa reacción en cadena con los demás conductores que iban llegando. Observaban y buscaban también estacionar adecuadamente, intuyo que deseando no incomodar a los demás.

Comenzó de nuevo a caer la lluvia pero esta vez rápidamente  el escenario se transformó en otro.

– “Cuánto podemos aprender de lo cotidiano, ¿no es cierto?”– me dije.

Es bastante común que los seres humanos adoptemos conductas del menor esfuerzo, copiamos actitudes que pueden llegar incluso a mojarse con la desconsideración hacia el prójimo. Pero en definitiva, está en nosotros ser diferentes, llevando a la acción las buenas intenciones, incluso aportando para enderezar la senda que otros trazaron mal.

Me propuse hace unos días poner más de mi parte, empezando por lo cotidiano.

Apuesto que también tenés mucho para dar a tu comunidad, a tu entorno laboral y a tu familia. Al llevar a  la práctica nuestros valores, logramos contribuir desde lo simple para tener un mundo mejor.

Te dejo por aquí la frase de la novelista británica Mary Anne Evans: “Nuestras acciones hablan sobre nosotros tanto como nosotros sobre ellas”.

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Mi bici

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Por: Fiorella Fortado

Aún recuerdo la primera vez que conduje mi propia bicicleta. ¡Qué gran emoción! Tengo aún presente que era de color turquesa, su gran asiento la hacía cómoda, pero lo que más recuerdo es como me hacía sentir cuando la montaba.

Aprender a manejarla era toda una hazaña, pero una vez dominada ella me llevo a muchos lugares. Fue mi cómplice, ella y yo fuimos inseparables. Junto con mis amigas de adolescencia protagonizábamos  más de una aventura por las calles de mi barrio. Esa bicicleta tenía la capacidad de despeinarme, pero mejor aún ¡de ponerme a soñar! Para esa época yo creía que sobre aquellas dos ruedas era capaz de detener el tiempo porque las tardes eran largas y divertidas.

Hoy quiero invitarte a hacer este mismo ejercicio mental. Puedes apuntar todo lo que quieras en un papel y destinar el tiempo que consideres necesario, ¿me acompañas?

Te explico:

  • Para empezar, busca en tu mente un suceso que te remueva lindos recuerdos.
  • Después intenta recordar: ¿Cómo fue aquello? ¿Qué edad tenías? ¿Quiénes estaban a tu alrededor? Apuesto que si te esfuerzas incluso serás capaz de recordar sonidos, olores, etc. Que bien se siente… parece que fue ayer, ¿verdad?

Gracias a estos simples pasos de recordar y volver a vivir, los seres humanos somos capaces de liberar desde adentro de  nosotros algo maravilloso: el agradecimiento.  Serás capaz de descubrir que todo lo que nos pasa, nos puede dejar si nos proponemos verlo así: una emoción, un aprendizaje, algo que superar y ¡siempre algo que agradecer!

Tu hoy pronto será tu pasado, le veras a lo lejos también con nostalgia. ¿Cómo le recordarás?

¡Hoy tienes la posibilidad de llenarlo de momentos maravillosos para recordar, todo se trata de como logres interpretarlos ahora mismo!

Fiorella Fortado

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La receta de la abuela

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Por: Fiorella Fortado

 El olor de la guayaba lograba perfumar todo el lugar. Aquella era la cocina de mi abuela, ¡me  parece que fue ayer que la vi cuidadosa preparando una deliciosa jalea! Mi abuelita cada temporada aprovechaba los frutos maduros que le pasaba como regalo su vecina.

Lavaba una a una cada guayaba, les sacaba las semillas, conservando la parte rosada y amarilla que tanto le gustaba. Pasaba dos veces por un colador y extraía una pulpa que le daba a su mermelada aquel sabor especial. Agregaba azúcar y con mucha paciencia toda la mañana la movía con su gran cuchara de madera.

Recuerdo dos cosas en especial de esas escenas que me han hecho reflexionar ahora que han pasado los años y que traen entrelazadas para mí una enseñanza que te quiero compartir:

La primera vez fue cuando mi curiosidad de adolescente me llevo a preguntarle: -“Mamá (porque así le decía), ¿por qué usted pasa dos veces por ese colador la pulpa de la guayaba?” Me miró con amor y me dijo: -“Hay que filtrar las cosas varias veces para que queden bien, ¡y esto incluye a las guayabas!”- y sonrió.

¡Que útil me ha parecido su consejo! Ciertamente nos enfrentamos a diario con múltiples situaciones como conflictos, luchas, comentarios tóxicos, sentimientos, etc. Esto necesita de nuestra parte un límite, “un filtro sano” con el objetivo de que entremos en control de estas cosas y no que ellas nos gobiernen, nos quiten la paz e incluso “la dulzura“. Este sano proceder nos vuelve más prácticos y asertivos.

La segunda anécdota que está relacionada con la jalea de guayaba fue una tarde que nos sentamos varios a la mesa y mi abuelita nos sirvió una jalea dura y melcochosa. Antes de que dijéramos algo exclamó: -“Esta vez se me pasó del tiempo y la temperatura. Sabrá bien ¡pero reconozco que no es igual!” Y se fue a traer el pan. Hubo un respetuoso silencio y continuamos tomando café.

De aquí logre atesorar que en situaciones de la vida cotidiana pasamos por alto a veces pequeños grandes detalles que hacen la diferencia. Comparo el tiempo de cocción de la jalea con las veces que dejamos sin resolver asuntos, les apartamos o “los procastinamos”.  Al retomarlos nos damos cuenta que se están saliendo de las manos o bien que poco se puede hacer ya por resolverlos. Esto se vuelve una bola de nieve que nos puede complicar aún más dependiendo del asunto del que se trate. Por ejemplo, la “temperatura” que le demos jugará un papel importante. ¿A qué me refiero? Pues a nuestra reacción o hiper-reacción ante estas adversidades de temas sin resolver.

Enfocarnos en lo importante, resolverlo, modular nuestras respuestas, quitarle intensidad o fatalidad a una situación que pueda resolverse y bajar las revoluciones incluso de cómo hablamos, se convierten juntas en una buena receta para el mejor manejo de las dificultades. Conservemos la pulpa de las cosas, endulzada con la paciencia de nuestro proceder y la cuchara de la acción que es nuestro instrumento así como nuestro aliado el tiempo.

Fiorella Fortado

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El Sistema PAR-C

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Por: Fiorella Fortado

Seguramente también te lo has preguntado como yo: ¿Todos tenemos fracasos y todos tenemos aciertos?

Pues si.. Nada es absoluto. Todo ser humano es vulnerable a cualquiera de estas alternativas. ¿En que radicará entonces la diferencia de irnos para un lado o para el otro? ¿Existirá cierta fórmula que nos de alguna luz al respecto?

Teorías, opiniones y experiencias hay miles, hoy quisiera agregar una nueva a la lista.. Yo le llamo El Sistema PAR-C

Este sistema es susceptible a las particularidades de quien lo aplique, eso es lo bueno. Puedes revisarlo, replanteártelo las veces que sean necesarias. Lo cierto es que siempre te aportará una enseñanza, independientemente del desenlace que tenga.

Paso uno (PLAN): Empezamos definiendo qué queremos y el por qué queremos hacerlo, esto le dará dirección y sentido a lo que buscamos. Luego le ponemos una fecha y decidimos como nos parece se puede lograr de manera efectiva.

Paso dos (ACCIÓN): Aquí pasaremos el puente que lleva de “las ilusiones a las materializaciones“. Manos a la obra, nada mejor que sacar desde adentro al campeón que llevamos. Retoma la idea de lo que te motiva, inyéctate de energía cada día ¡y ponte a hacer lo que hay que hacer!

¿Lo pensaste, lo visualizaste? Perfecto, ahora te toca ejecutarlo!

Paso tres (RESULTADOS): Comenzarás a notar como, a medida que avanzas, nuevos caminos se te presentan: el de los aciertos, el de las experiencias y el de “vuelve a intentarlo“.

Los frutos de tus ideas y tus luchas al fin llegaran a tu mesa. 

En este punto también podrás valorar si necesitarás hacer ajustes, si lo que recibes a pesar de tus esfuerzos coincide o no con lo que pensabas iba a suceder. Si esto es así detente un momento, pues es importante replantear de nuevo tus objetivos o tus motivaciones. Si el ajuste está en la manera en que llevas a la práctica las cosas, corrígelo pronto.

Para finalizar quisiera sugerirte algo más. Abona tus luchas con la Constancia, esto significa que revistas tus ideas, planes  e incluso emociones con virtud de la insistencia… Persevera, establece rutinas ¡y sigue adelante!

Decía Abraham Lincoln: “Recuerda siempre que tu propia resolución de triunfar es más importante que cualquier cosa.”

Fiorella Fortado

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Mientras esperas

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 Por: Fiorella Fortado

Últimamente me he estado haciendo esta pregunta: ¿Cuales factores son determinantes para poder gestionar de manera adecuada la ansiedad que se genera mientras se aguarda una entrevista de trabajo o bien sus posibles resultados?

Tengo la siguiente propuesta, la  divido en dos FASES cada una con un grupo de acciones.

ENFOCAR: Todo aquello que hagamos llevara un sentido y dirección específicos.

¿Vas tras la oportunidad de un trabajo cierto? Pues entonces hay que hacerlo con alma, vida y corazón.

  1. Te invito a trazar un plan diario, me refiero a planificar actividades concretas. Por ejemplo estar al tanto de las plazas que salen publicadas en periódicos y medios electrónicos, confeccionar el currículum o bien actualizarlo, planificar como será nuestro vestuario para presentarnos el día que nos convoquen, ensayar posibles preguntas y respuestas de la entrevista, buscar información de las compañías a las que hemos aplicado, etc. Recuerda que debes estar bien preparado, aprovecha el tiempo.
  2. Proponte dar el máximo. Cuando decidimos enfocarnos nuestro potencial sale a flote y durante ese tiempo esa será la meta.
  3. Prioriza. Puede que cuando estás concentrado en la búsqueda de empleo surjan distractores, reconócelos y luego apártalos. Vamos, no te detengas aún, continua luchando. Ánimo, termina lo que ya empezaste.
  4. Retroaliméntate constantemente. Es válido hacer ajustes a medida que avanzamos. Si ves que tus múltiples esfuerzos no te dan los resultados que esperas, cuestiónate, infórmate e inténtalo de nuevo.

Una vez que hayas direccionado y enfocado tus fuerzas puedes pasar sin temor  a la siguiente fase: DESENFOCAR. Suena raro pero funciona, “la dulce espera” le llamo.

Ya tuvimos en su momento la oportunidad, la aprovechamos y ahora solo nos resta aguardar noticias. La espera será más liviana si:

  1. Te transformas en un Positivo empedernido respecto al futuro
  2. Desarrollas nuevas áreas de interés, con esto te distraes y le quitas fuerza a los pensamientos irracionales.
  3. Practicas deporte y un estilo de vida saludable. Esto refuerza en nosotros la sensación de bienestar y aleja la depresión.
  4. Y finalmente si recuerdas que… Si nos proponemos encontrar en todo un para qué y no un ¿por qué?, al final del día nuestra ansiedad tendrá menos posibilidad de aflorar y robarnos la esperanza.

Fiorella Fortado

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