Ser mamá te cambia la vida

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Por: Alejandra López

Las que ya somos mamá sabemos varias cosas que las otras mujeres no entienden. Sabemos lo que es el amor más profundo y sincero, desinteresado e incondicional. Desde que  sabemos que están dentro de nosotras el amor empieza a crecer y crecer en dimensiones insospechadas, no termina nunca de crecer. Sabemos que todo el orden de lo importante cambia, sabemos que nuestros motivos de orgullo ahora tendrán un nuevo color, sabemos que el tiempo es un bien preciado y que quisiéramos estirarlo, aunque entendemos que no se puede.

En el momento en que los vemos por primera vez, nos preguntamos cómo fue posible que este ser tan maravilloso saliera de nosotras y no, no me refiero al dolor del nacimiento y su recuperación, me refiero al asombroso hecho de que dentro de nosotras, estuvo una personita completa y plena.  Yo aún veo a mi hija y me pregunto asombrada, ¿cómo es posible que este hermoso ser humano saliera de mí y ahora me diga mamá?

Ser mamá te cambia la vida, tanto así que por más que te lo cuenten no lo comprendes, hasta que tienes a tus hijos en tus brazos. El orden de tus propósitos cambia, tus prioridades se vuelven otras, tu forma de ver la vida se transforma. Cambia la forma en la que percibes el mundo, tus alegrías se vuelven más brillantes, tus tristezas no las vives igual, aquello que te parecía trágico en otro momento, ahora puede ser insignificante y lo otro que no era importante toma proporciones gigantescas, si está relacionado con tus hijos. Tus miedos también crecen, aunque ya no están relacionados con lo mismo, ahora todo tiene relación con él o ella, tienen que ver con ser buena mamá, con protegerlos (rogarle a Dios con una fuerza que no conocías que por favor te los libre de todo mal), con preguntarte si podrás guiarlos con sabiduría, están relacionados con sus fiebres, dolores y sus propios miedos.

¿El tiempo?, se vuelve de cabeza, las horas no te alcanzan, una parte tuya sigue luchando por tener tu espacio, sería mentir decir que no añoras las horas de sueño perdidas, momentos de silencio, el tiempo a solas con vos misma, con tu pareja o un café con tus amigos. Pero, también sería mentira negar que cada momento que pasa, estás pensando en tu hijo, todos tus pensamientos están en función de él o ella. Sigues disfrutando tu trabajo (es parte de vos y también te completa), pero no dejas de reclamarle las horas que te quita para estar a su lado.

A partir de que eres mamá, las injusticias te duelen más, este mundo se vuelve incomprensible, no entiendes (antes tampoco lo entendías, pero el sentimiento se vuelve más fuerte) como alguien puede hacerle daño a un niño y quisieras protegerlos a todos. Es inevitable ir por la calle, ver un niño y no sonreír, la ternura se dispara.

Ahora entiendes a otras mamás, porque todo lo que ves en las tiendas quieres comprárselo, aunque tengas mil años con el mismo pantalón (claro, sigues viendo ventanas con cosas para vos). ¡A todos quieres hablarles de las hazañas de tu hija o hijo, que orgullosa te sientes de mostrar una fotografía! Cada paso en su crecimiento es un momento de asombro -y de susto a veces-, la primera vez que te sonríe, sientes que te derrites, el resto del mundo deja de existir, cuando por primera vez escuchas “mamá” tu corazón quiere salirse del pecho, ¿el primer diente? Nunca habías visto un dientito más lindo que ese… que se siente solita-o, que gatee, que se ponga de pie, que camine… ¡esos son logros enormes, te  hacen sentir más orgullosa que el día que te graduaste de la U!

Quieres hacerlo todo mejor, tus metas siguen siendo importantes, sigues valorando tus logros, pero ahora tienen un nuevo sentido, compartirlos con ella o él (o ellos), que se sienta orgullosa de vos. Quieres hacerlo mejor, porque quieres que la vida le sonría, que se le abran muchas puertas, que siempre sienta que puede contar con vos, que se sienta protegida, segura, amada, fuerte, luchadora, valiente que sea compasiva, solidaria, amorosa, que sea ella, que resplandezca con toda la fuerza de su ser.

Ser mamá… te cambia la vida. Ser mamá… me llena el corazón de amor como nunca antes se llenó. Ser mamá… no lo cambiaría por nada en este mundo. Ser mamá… es lo más grande que me puede haber sucedido.   Ser mamá… le da un significado diferente a ser mujer, porque ser mamá no me hizo ser mujer, pero gracias a la bendición de ser mujer puedo ser mamá.

Alejandra López

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Como la olla de cangrejos

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Por: Alejandra López

¿Alguna vez se han puesto a analizar cómo el éxito de unos parece “punzarle” los ojos a otros?

Lamentablemente, esto, no es poco común. ¿Cuál es la razón de que la felicidad de otros genere malestar en algunas personas?

Las respuestas a las preguntas anteriores pueden ser muchas: envidia, inseguridad de sí mismos, incapacidad para ser felices por sí mismos, hasta amargura.  A ciencia cierta no lo sé.  Lo que sí sé, es que es común y no pasa solo en las familias o en las empresas, pasa en la sociedad y en todos los grupos que la componen.

Mi esposo hacía la analogía de la olla de cangrejos. Todos tratan de escapar al mismo tiempo para no ser cocinados y cuando uno lo va logrando, la mayoría de las veces hay otro que lo quiere halar hacia abajo. Las personas cangrejo, no solo les disgusta ver a otros surgir, suelen ser esquivos, ir de lado, no dicen las cosas de frente, ni se enfrentan a sus retos y tampoco a sus miedos, ¿será por eso que nunca llegan a sus objetivos?

¿Si convivimos con un montón de cangrejos podemos hacer nosotros la diferencia? Creo firmemente que sí. Las pautas para no dejar que otros nos bajen el ánimo ya han sido ampliamente abordadas por diferentes autores, por la propuesta que te traigo hoy es diferente ¿Qué tal si contribuyes a que cada vez los cangrejos halen a menos personas?

Para eso hay varias sugerencias que todos podemos seguir:

  1. Pregúntate, ¿has sido cangrejo? ¿O eres? Si es así, la respuesta es corta pero no sencilla, empieza a analizar la forma en la que buscas tu felicidad. ¿De qué depende? Si depende de otros, vas por mal camino.
  2. No escuches comentarios mal intencionados y mucho menos los compartas. En el momento en el que una persona llegue a hablarte mal de otra que está siendo exitosa y alcanzando sus sueños, tienes dos opciones, o cambias de tema o por el contrario recalcas la admiración hacia el esfuerzo de él o ella, sus cualidades y la actitud que lo está llevando a lograr sus objetivos.
  3. Reconoce lo bueno, sinceramente. ¿A quién no le gusta que le reconozcan su esfuerzo? Si a vos te gusta a los demás también. Este mundo, aún tiene mucha luz, es necesario evidenciarla más.

Empieza de lo pequeño a lo grande, de tu círculo más cercano, hacia a fuera. Con la familia, compañeros de trabajo, así cada vez tendremos una sociedad más justa e incluso con más armonía. Muchas veces nos quejamos de las malas relaciones laborales, por ejemplo, pero ¿qué estamos haciendo nosotros para que suceda diferente?

La crítica por sí sola no resuelve nada, mucho menos la queja o los comentarios negativos.  Trabajemos juntos por una sociedad sin cangrejos.

Alejandra López

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Trabajólicos

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Por: Alejandra López

La última vez que vimos un tema, conversábamos sobre la cantidad de exigencias y expectativas que están alrededor nuestro. Decíamos que son muchas y que realmente, muchas veces terminan ahogando a las personas, llevándolas a vivir vidas que no están enfocadas en su pasión, sino en los debería y los tendría que…

Un lector me preguntaba: ¿Qué pasa cuando no son exigencias externas, sino internas? ¿Qué hace que una persona solo quiera trabajar y trabajar?

Los workaholic o mejor aún en español trabajólicos, responden a una de las nuevas patologías del siglo XXI, se caracteriza por la necesidad obsesiva de la persona de dedicar su tiempo a cumplir con sus funciones laborales. Cumplir con estas, suele estar en primer lugar y le resta (o anula) importancia a cualquier otra área de su vida.

Por su puesto, para algunas empresas esta “enfermedad moderna” no es un problema, sino una ventaja (nada más cierto de la realidad) encasillada en una supuesta competitividad que lleva a  que la persona se absorba en su trabajo con tal de cumplir con la mayor cantidad de tareas, con la mayor calidad y en el menor tiempo posible, en teoría para demostrarle a la empresa que es el mejor.

¿Pero realmente es a la empresa a la que quiere demostrarle que es el mejor?  Desglosemos con más detalle las características de una persona adicta a su trabajo:

  1. Una alta exigencia para sí mismos: ¿qué quieres demostrar? Existe un impulso muy fuerte por dejar claro su valor, la importancia de sus funciones y su presencia en la empresa. Una alta necesidad de validarse, es decir de ser valorado.
  2. Son personas con una alta necesidad de recibir recompensas: el estímulo que les produce ser los mejores es alto, sobre todo al inicio de la relación laboral (ya sea en un nuevo puesto o en un nuevo lugar de trabajo), posteriormente esto se traduce en una forma de evitar sentirse mal por no cumplir (en todas las áreas de su vida).
  3. Ansiedad por trabajar: como en toda adicción el impulso por trabajar suele ser incontenible, al dedicarse de forma absorta a sus labores, es posible que el individuo inhiba otras emociones y sentimientos (todo en lo que no quieren pensar y sentir).
  4. Aislamiento social (desinterés por otras actividades que no sea trabajar): como es de esperarse, las relaciones con otras personas ocupan un último plano, esto conlleva a que el trabajólico cada día este más solo, con más tiempo para dedicarse a sus funciones y por tanto con menos tiempo para sentir.
  5. Un alto nivel de estrés: son personas que tienden a verse cansadas, con episodios de mal humor, baja tolerancia a la frustración y tarde o temprano con un bajo rendimiento laboral.
  6. Por último y no menos importante, importantes problemas de salud: comen mal, duermen mal, no hacen actividad física, no tienen tiempo para relajarse, toda esta sumatoria  da como resultado personas enfermas y poco felices!

Todo lo anterior, se traduce en llenar vacíos, no pensar, no sentir.  Desconectarse de vivir.

Mi invitación de hoy es que hagas un alto en el camino y te  preguntes, ¿cuál es tu realidad laboral? ¿Cuáles son tus razones para dar y dar (en exceso)? ¿En qué no quieres pensar? ¿Qué no quieres sentir? ¿Ser competitivo es realmente matarte en el trabajo? ¿Estás viviendo al ritmo que quisieras vivir? ¿Es ese el estilo de vida que quieres?

Si todas o incluso algunas respuestas van en la dirección de vivir para trabajar, te invito para que nos volvamos a encontrar dentro de 15 días, donde abordaremos en más detalle que puedes hacer para vivir de un modo diferente, o bien por alguno de los medios de contacto de InnÓvate y conversemos al respecto.

Alejandra López

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¿Súper yo?

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Por: Alejandra López

¿Qué es ser súper? Depende desde donde te estén calificando, o te estés calificando vos. En general, el concepto suele estar relacionado con el éxito y con la casi capacidad de ser omnipotente y ¿por qué no? Omnipresente -perdón pero la verdad es imposible no reírse- ¿se puede? Y si se puede ¿cuál es el costo?

Bien lo decían las abuelitas todos los extremos son malos. El ser humano, en definitiva necesita un balance, un punto intermedio… ¡pero qué difícil propuesta!!!  Sobre todo si, estás en ubicado en el lugar de querer complacer a los otros y tratar de cumplir con las expectativas que te apuntan desde todas direcciones.

Hace unos días conversaba con un colega que trabaja para la multinacional “X” y justamente con mucha frustración me decía que parecía que su jefe pensaba que él debía vivir y respirar por su empresa, demostrando todos sus súper poderes casi que 24 horas al día –“se molesta, si no me quedo todos los días más horas de las de mi periodo laboral, si no contesto correos, ni llamadas aún los fines de semana”- y es que, es muy común que las empresas pidan este tipo de “milla extra” a sus colaboradores y los califiquen según ese parámetro. Pero, ¿es correcto esto?, ¿se vale decir que una persona no está trabajando y dando su máximo esfuerzo o aún peor que su trabajo no lo apasiona porque también tiene otras cosas que lo apasionan y le importan?

Según mi criterio personal y profesional, no, no es correcto exigirle a un colaborador que literalmente deje el resto de su vida por la organización, por más compensación y beneficios que se le otorgue. En palabras sencillas, quién o qué le otorga el derecho al jefe o a la empresa de disponer del tiempo (vida) de una persona.

Ahora bien, decir todo esto suena muy fácil, pero “del dicho al hecho, hay mucho trecho”. Entonces, ¿de qué forma se puede empezar a hacer un cambio? Puede ser con pequeños pasos, por ejemplo:

  1. Colocando como regla de vida no trabajar domingos, ese tiempo dedícalo a tus hobbies, familia, amigos, a dormir si quieres, pero no a trabajar.
  2. Continúa dando lo mejor de vos, en el tiempo pactado. Es decir, proponte gestionar mejor el tiempo y aprovechar tus horas laborales al máximo.
  3. Aunque parezca imposible, si se puede decir no, o ahorita no, negocia con tus compañeros y jefes, de forma que todos ganen. No es sano ni para vos, ni para la empresa que asumas y asumas compromisos con los que no vas a poder.
  4. Lo más importante: ¿Dónde está tu corazón?, busca con todas tus fuerzas hacer lo que te hace feliz, si aún no lo haces, has el ejercicio de pensar cómo puedes acercarte a eso y que acciones debes emprender para lograrlo.

No es correcto, ni está bien dejarte consumir por algo, ni siquiera tu pasión debe consumir todo tu tiempo. La meta, nunca debe ser más importante que el recorrido, disfrútalo!

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El peso de lo que los demás quieren de mí

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Por: Alejandra López

Realmente, no recuerdo si les he contado pero soy una recién estrenada mamá, los que son padres y madres no me dejan mentir, la vida es UNA antes y OTRA después del nacimiento de un hijo o una hija en mi caso.

El tiempo que antes teníamos la potestad de moldear aunque fuera un poco, ya no es nuestro tiempo y no solo porque el bebé consumen una gran parte de él, sino porque este proceso implica reencontrarse con uno mismo, valorar que funciona, que no, aprender y rediseñarse. ¡MENUDA TAREA!

Es por eso que tener clara nuestra esencia se vuelve tan importante y urgente. Porque sino corremos el riesgo de perdernos entre la marea de cosas que hay que hacer. Eso me llevo a pensar lo necesario que es conocernos, identificar nuestros valores, y la forma en la que vivimos siendo leales o no a ellos. Esto en todos los ámbitos de la vida.

¿Qué estás dispuesto a negociar respecto a tu ser, a los valores que te definen y que no?

Existen varias circunstancias en la vida, en las que tenemos que ser flexibles y fluir un poco, bailar con las situaciones e incluso con los problemas, pero incluso en las más extremas dónde vas a tener que demostrar tu adaptabilidad al cambio – competencia sumamente valorada en esta nueva sociedad – hay oportunidades donde esa esencia que en coaching entendemos como tu máximo valor, va a regir la forma en la que actúas.

Justo en esos momentos, tanto a nivel laboral, familiar como incluso personal, es cuando vas a tener que preguntarte, si al cumplir con una exigencia externa, estás siendo leal o no a tu valor.  Porque si no, el peso de lo que los otros quieren de vos va a ser muy fuerte, corriendo el riesgo de que te aplaste, y deje hecha una delgadita “tortilla”  tu felicidad.

Como te dije antes, es indispensable que tengas identificado, cuál es tu valor.  Si no lo tienes, aún una pista que puedo darte, es que cuando actúas desde ese lugar vas a sentirte bien con vos mismo, vas a sentir paz, a pesar de que “todo el mundo” esté diciéndote que deberías estar haciendo otra cosa.

¿Te atreves a ser auténtico?

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La Cultura de las Excusas

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Por: Alejandra López

Hace unos días, mi esposo y yo estuvimos viendo Master Chef, sobre todo el de los niños nos encanta.  Por ahí, nos encontramos el colombiano y el último junior.  Inevitablemente tuve que comparar.

En el caso de los niños (no son latinos), es increíble no solo su pericia, sino su determinación, la capacidad de desempeñarse bajo reglas establecidas y lo más importante a su corta edad la capacidad de asumir riesgos y enfrentarse a retos sin dar excusas-actitudes necesarias para erradicar “el yo no puedo”- (esto lo digo con base en lo que se ve, no sé cómo será tras bambalinas); por el contrario el programa de los adultos colombianos, estuvo lleno de excusas y justificaciones de por qué no se podía hacer tal o cual cosa.

Ojo, no estoy diciendo que esto sucede solo a los hijos de Colombia, realmente creo que la excusitis aguditis es muy nuestra, muy latina. Y ojo también, soy de las que defienden a América Latina a capa y espada, pero así como hay que reconocer lo bueno, hay  también que identificar y actuar sobre las áreas por mejorar.

Toda esta reflexión, me llevó a pensar en mí misma y en la cantidad incontable de ocasiones en las que me he puesto excusas para no realizar algo. Digo “me he puesto” porque si bien es cierto, las decimos a otros, los afectados somos nosotros.

Durante varios artículos, hemos mencionado un factor en común, en todos. El miedo, esta vez no es la excepción, este sentimiento es el responsable de que nos justifiquemos para hacer o la mayoría de las veces no hacer algo, para no hacernos responsables de nuestro propio bulto y querérselo a pasar a otro, persona, situación, institución, al gobierno o factor que está fuera de nosotros.

Es más fácil decir, “es que yo quería, pero no pude porque…no tenía, no podía, no me dio” a simplemente, decir “no quería” o en su defecto “tenía miedo de”. Es realmente cierto que las excusas no nos llevan a ningún lugar, ni a nosotros mismos, ni a nuestro entorno, a nuestro país.  Entonces ¿qué hacer con ellas?

Que tal y si cada vez que viene un “pero” a nuestra mente, hacemos lo siguiente:

  1. Analizar la fuente de nuestra excusa: (miedo, pereza, realmente no querer).
  2. Saber decir NO: La vida sería más simple para todos, si aprendiéramos a ser sinceros, y dejar de hacer lo que no queremos por compromiso.
  3. Si es miedo, lo que sentimos:
    1. Busquemos su fuente.
    2. Identifiquemos qué herramientas (internas y externas) tenemos para enfrentarlo.
    3. Identifiquemos los beneficios de enfrentarlo.
    4. Manos a la obra, paso a pasito se logra la meta, es mil veces peor postergar algo. Con mucha más razón, si es algo que al final nos va a hacer estar mejor.

En fin, pasemos de las excusas a las acciones y juntos construyamos un mundo mejor, donde cada uno se responsabiliza de su propio actuar y toma cartas en el asunto, sin esperar que los demás resuelvan o carguen su propio bulto.

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¡Congelado!

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 Por: Alejandra López

 

Cuando yo era niña existía un juego que se llamaba “congelado”, les cuento un poco, era algo parecido a la “anda”, es decir una persona era la que la “traía” y quien tenía que tocar a sus compañeros de juego, si los tocaba estos quedaban estáticos y cualquier compañero, podía tocarlos de vuelta y descongelarlos.  Tengo que contarles que a mí eso de correr  nunca se me dio mucho, por lo que no fui muy buena y pasaba congelada.

Estuve recordando ese juego, porque desde hace 15 días estoy trabajando con jóvenes entre los 16 y 22 años, uno de los principales temas sobre los que hablan es  la presión social que reciben no solo para tomar decisiones trascendentales de vida, sino en su cotidianidad y eso hizo que se me viniera a la mente el famoso juego.

Lo que me llevó a preguntarme ¿Cuántas veces en la vida nos hemos encontrado con personas que “se las traen y quieren paralizarnos para que no alcancemos nuestras metas?, y también ¿cuántas veces nos hemos encontrado con otros que no solo nos han hecho porras si no que nos han metido el hombro?

La respuesta, probablemente es que muchas, de ambas.  Entonces, el dilema va en otro sentido ¿qué hacemos con eso?

¿Decides quedarte congelado, decides hacer el intento y moverte por tus medios o decides aceptar ayuda?  Cualquiera de las tres es válida, vamos a ver:

  1. Quedarse congelado: a todos en algún momento nos ha paralizado el miedo (interno o por influencia externa), y hemos sentido que si damos un paso, van a pasar cosas terribles. Está bien sentir miedo, como ya lo hemos conversado en otras ocasiones es parte del cambio. Inclusive, los animales suelen quedarse quietos hasta que pase el depredador o tengan una mejor estrategia. ¡Ojo! No se quedan congelados para siempre, visualizan una nueva ruta y emprenden su camino. Es justamente, lo que vos podes hacer según el momento y lo que implique tu acción, un alto, evaluar (muchas veces haciendo oídos sordos al qué dirán) y continuar.
  2. Hacer el intento: es probable que muchas veces, las personas que te rodean y tus propios miedos te quieran paralizar; pero parte de la premisa de que si tienes el impulso de avanzar, es porque realmente puedes. Una forma de dar el primer paso más seguro, es buscando situaciones en donde hayas tenido que enfrentar un reto de una magnitud parecida al presente, e identificar los talentos o habilidades que utilizaste e incluso los obstáculos que te encontraste y como los superaste. Haz una lista de enseñanzas o aprendizajes de esa experiencia y aplícala a tu nueva tarea.
  3. Aceptar ayuda: como dice el dicho la unión hace la fuerza, no está de más que aceptes que otro te ayude con un empujoncito hacia tu meta, ya sea en forma de guía, colaborándote con ciertas acciones o simple pero valioso dándote apoyo moral.

Lo último que tengo que decir es que ninguna de las tres es excluyente, podes pasar por todas o por una. El asunto es, no dejes de intentarlo.

 

Alejandra López

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El Poder de reconocer

 

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Hagamos un ejercicio, recordá algún momento en el que una persona reconoció algo positivo en vos y te lo dijo…  ¿Qué sentiste?, apuesto que un sin número de emociones y sentimientos positivos.  Ahora recordá, una situación donde fuiste vos, el que le dijo un cumplido a otro y volvamos a hacer el ejercicio ¿Qué sentiste?, probablemente otra vez te llenaste de muy buenas sensaciones; pero esta vez, tenés que agregarle la satisfacción de haber provocado una sonrisa en alguien más, y eso, eso sí que vale.

El primer paso para poder hacer un cumplido genuino y reconocer en otra persona una cualidad o una acción positiva, es ser agradecido. Reconocer en vos mismo, un sin fin de cualidades que te hacen ser una persona positiva, capaz de ser feliz y dar felicidad, que te facultan para observar la belleza a tu alrededor.

Observando esa belleza, es que podrás reconocer en los demás sus atributos. Pero, no te quedes solo ahí, demostráselos, pon tu admiración en palabras, y contales que descubriste en ellos.  A los seres humanos nos gusta ser reconocidos y sobre todo valorados.

El reconocer en vos mismo y reconocer en otros, generará más cambios a tu alrededor de los que te imaginas, estoy segura que el mundo que te rodea será más positivo, y estará más cargado de luz cada día.  Lo digo por experiencia propia, en algún momento de mi vida estaba muy encerrada en mí, hasta que me di cuenta del enorme valor de rodearse de personas llenas de colores en tu vida, cuanto más luz irradies, más luz y brillantes colores tendrás a tu alrededor.

Ahora, en términos concretos para que sirve visibilizar en otros sus atributos:

  1. Aumentarás la seguridad en vos mismo y a la vez en las personas que te rodean.
  2. Desarrollarás la capacidad de observar y escuchar con más atención a quienes te rodean.
  3. Desarrollarás empatía, característica sumamente importante para establecer relaciones interpersonales asertivas y exitosas.
  4. Tendrás una alta probabilidad de generar a tu alrededor un ambiente positivo, lo cual se traducirá en la realización de tus objetivos.
  5. Tanto en el ámbito laboral como personal, reconocer atributos en otros te facilitarán el logro de tus metas, sabrás a quien recurrir para una u otra tarea. Tendrás claro, por ejemplo, quien te complementa (precisamente porque tienen características muy diferentes) y con quien puedes fluir velozmente, porque actúan de forma parecida.

Te invito para que hagas la prueba, a partir de hoy de forma genuina (para que funcione debe ser sincero), proponte observar y descubrir primero todo lo bueno que tiene tu vida y después lo bueno que tienen las personas que te rodean, para luego por lo menos una vez al día decirlo, ya sea acerca de vos o de otro.  ¿Hacemos ese trato?

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¿Vivir apasionados?

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Casi podría decirse que de forma general a estas alturas del año las personas están usando sus reservas de combustible laborales para concluir con sus días en el trabajo, en este mundo acelerado a veces pareciera que “la gasolina” cada vez se quema más rápido, ya por ahí de octubre parece que todo el mundo no da un paso más.

¿Te has preguntado por qué sucede esto?

Yo, tengo tres teorías. La primera ya se las mencioné, me parece que cada día nos exigimos más y más en pro de lo que “deberíamos ser” y lo que “deberíamos tener”. ¡Que levante la mano quien no conoce a una sola persona que viva para trabajar! Todos tenemos cerca o lejos, un fiebre de hacer y hacer que invierte todas sus energías en una sola área de su vida: “el trabajo”.

La segunda, es que no pocas personas hacen y  hacen lo que NO les gusta hacer. Tristemente hay muchas personas que en algún momento de la vida hicieron su elección de carrera pensando en lo que les mencionaba antes -los tendría que- y no realmente en lo que los apasionaba, punto realmente importante tomando en cuenta que para la mayoría, esa elección implica que van a pasar haciendo “eso”, el resto de sus vidas.

Y la última, se refiere al grupo de los apasionados, muy apasionados. Tan apasionados que no se dan un espacio para hacer un alto, bajarse del mundo y respirar. Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe. Ya en otros momentos, hemos hablado de lo importante que es vivir según tu esencia y tu pasión, ¡así es! Pero también es cierto que hacerlo implica, también dejar de hacer, detenerse un momento y estar contigo mismo, en quietud, respirar.

¿A cuál de los tres grupos perteneces? 

Aquí hay varias pautas generales que espero te sean útiles:

  1. Haz un círculo divídelo en varías áreas; por ejemplo, amigos, familia, trabajo, pasatiempos… y asígnale un porcentaje, de forma que el pedazo del pastel corresponda con este. ¿Te gusta lo que ves? Ahora haz un segundo pastel, con los porcentajes que realmente te gustaría vivir. ¿Listo?, después de esto, vas a hacer un plan de acción para lograr cumplir con la distribución que hiciste. Escribe tu meta, las acciones que vas a realizar, indicadores que te señalarán si lo vas logrando o no, las fechas en que lo vas a hacer. Prometo explicártelo con más detalle en el próximo artículo.
  2. Si estás haciendo lo que NO te gusta, sería un buen momento para dar pasos hacia lo que sí; pero en tanto, empieza a ocupar más tú tiempo en lo que sí, ¡en las otras áreas del pastel!
  3. Toma tiempo para ti mismo, sea cual sea tu pasión, depende de tu esencia y para estar en esa sintonía, es sano hacer pausas en el camino, para evaluarte, reinventarte y continuar.

No esperes a que llegue diciembre. Si vas recargando energía durante al año, al final llegarás con más energía, más vivo. Las pequeñas acciones llevan a grandes cambios. Haz un alto, tómate un momento en este cierre del año ¿cómo vas a vivir tu 2015?

 

Por:

Alejandra López

 

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¡De todo lo malo, puedes sacar algo bueno!

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Hace días pensaba en mi ruta laboral, por donde he transitado y he de reconocer que no siempre han sido los caminos soñados; sin embargo, puedo decir firmemente y sin lugar a dudas que cada uno ha servido para que sea la persona que soy, y esté donde estoy.

Eso, me llevó a pensar de todas las experiencias de nuestra vida por más complicadas y oscuras que parezcan, si nos lo proponemos podemos aprender y tomar lo bueno para crecer.

Lo que sucede, es que en el momento en que las estás viendo negras, no siempre es fácil ver el lado bueno y es probable que en muchas ocasiones te preguntes ¿qué hago yo aquí?  Es por eso que hoy quiero entregarte varios puntos que te harán estas situaciones más llevaderas y sobre todo te ayudarán a ser una mejor persona y un mejor profesional.

El primero es, si no estás a gusto: haz un cambio. La frase de de “si quieres que las cosas sean diferentes actúa diferente”, es totalmente cierta. Piensa que el trabajo en el que estás es temporal y que estar en él te ayudará a lograr tu meta y al mismo tiempo realiza acciones que te acerquen a ella.

Si las circunstancias se hacen insostenibles, voltea la mesa. Puede ser que el trabajo de tus sueños o el emprendimiento en el que vas a hacer lo que realmente te apasiona, no llegue a ti tan pronto como quisieras; por lo que vas a tener que hacer concesiones (siempre enfocado en tu objetivo), pero eso no quiere decir que vas a estar en lugar en donde sientes que tu esencia se pierde y tu dignidad se ve afectada.  Sentirte respetado es importante y eso no debería ser negociable.

Haz aliados, es justo y necesario contar al menos con una persona con la que puedas sentirte cómodo en tus horas laborales.

Rodéate de personas que te ayuden a enfrentar tus miedos. Un proverbio chino, dice: “si caminas solo irás más rápido, si caminas acompañado llegarás más lejos”. Siendo honestos, es mejor ir acompañado, aunque sea tu propia lucha, contar con personas que te apoyen e incluso que te ayuden a tomar decisiones objetivas, después de ver todo el panorama (desde afuera), será Valiosísimo para alcanzar tu meta.

Aprende, aprende y aprende, ten siempre en mente que en todo momento puedes aprender.  Aún de la labor menos atractiva para ti, puedes sacar cosas buenas que te ayudarán a crecer.

Y por último sé agradecido, este es un principio básico en la vida, que atraerá situaciones positivas, además y no menos importante te ayudará a vivir con una mejor vibra, más feliz.

Te invito a que hagas el ejercicio, si no lo has hecho.  Enlaza los diferentes momentos laborales de tu vida y verás que cada uno de ellos te ha dejado un aprendizaje, te ha ayudado a crecer y a estar donde estás, y te impulsará para que llegues más lejos aún, hasta donde quieras llegar.  Eso sí, recuerda, nunca se deja de aprender.

 

Por:

Alejandra López

 

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