El ‘juego sucio’ de nuestro cerebro

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Que el cerebro humano está programado para jugar sucio y que nos autoengañemos en tantas y tantas ocasiones de la vida es algo indudable.

 Está científicamente comprobado en miles de experimentos que así es, y, sinceramente, aquí entre nosotros, menos mal que así es, porque si no, cuántos desengaños nos llevaríamos (sí, muchos más de los que ya nos llevamos a diario incluso con esa programación establecida en nuestras neuronas).

Las personas necesitamos autoconvencernos de que las cosas son y/o suceden de una manera determinada para poder sentirnos bien, con nosotros mismos y/o con los demás. Y si no están sucediendo así realmente, ¿qué más da?, ya nos encargamos, o más bien nuestro cerebro se encargará por nosotros en la retaguardia, de tergiversar o de filtrar la información que recibe para adaptarla a lo que realmente nos interesa, que no es ni más ni menos que lo que nos hace sentir cómodos, felices, tranquilos… o como sea, pero bien.

Muchos habréis oído hablar de la llamada “disonancia cognitiva”, un fenómeno que se produce cuando las personas buscamos todas las justificaciones posibles a una conducta poco o nada conveniente. Es decir, cuando se ponen en conflicto creencias y conductas, buscamos la forma de justificar semejante actitud, de disminuir la tensión que se produce entre ellas. Mirad, por ejemplo la actitud de muchos soldados nazis. ¿Realmente pensáis que absolutamente todos estaban convencidos de que lo mejor era eliminar por la fuerza a los judíos, y de esa forma tan cruel y truculenta, cuando probablemente la mayoría hasta el momento habían sido personas normales que nunca habrían matado a una mosca?. Probablemente no, pero lo tenían que hacer por orden superior, y al final ellos mismos tuvieron que autoconvencerse de que su “labor” era en pro de una Alemania más grande y libre. Solo así se autoconvencían de que no eran lo que realmente eran: Auténticos asesinos, y de los más crueles y desalmados que ha habido jamás.

Acercándonos a un terreno cotidiano, este “juego sucio” del cerebro, además, puede ser tremendamente negativo cuando otra persona, por ejemplo un entrevistador, genera una idea preconcebida sobre quiénes somos casi solo con mirarnos o escuchar nuestras primeras palabras o razonamientos sobre algo en concreto. Muy probablemente esa idea preconcebida no cambie lo más mínimo, por más que lo intentemos. Esa persona necesitará ser “fiel” a su autoconvencimiento, aunque sea de forma inconsciente, y rara vez, por no decir nunca más, cambiará su forma de pensar sobre nosotros. Por ejemplo, si vamos vestidos informales a una entrevista, por muy buenos profesionales que seamos, si en esa empresa uno de los valores es que hay que ir siempre elegantes al trabajo `para dar una buena imagen al cliente, muy probablemente no nos contraten. No porque seamos malos profesionales, sino porque tienen una idea preconcebida de que si damos una imagen inicial de informalidad, siempre vamos a ser de esa forma. Y así con miles de ejemplos que es mejor no poner, porque entonces nos quedaríamos en casa sin buscar empleo.

Por tanto, ya que la realidad no es nada más (y nada menos) que un conjunto de constructos mentales que las personas nos creamos (y nos creemos) para sobrevivir, debemos tener un especial cuidado en que la “realidad” que otros se construyan en su mente acerca de quiénes somos sea la que a nosotros nos interesa. Evidentemente, no siempre lo conseguiremos, porque cada persona con la que nos encontremos es un colorido y variopinto mundo de creencias, valores y experiencias pasadas que van a influir en su opinión sobre nosotros, pero como rasgos generales que casi siempre gustan de un profesional, yo destacaría dos:

1.- Si sabes que “vendes” un buen producto (tú mismo como profesional), cotízate en tu justa medida. Nunca a la baja, porque a partir de ese momento estarás condenad@ a ser considerado como “bueno, bonito y barato”, y esa será tu marca personal, al menos para esa persona que te “compre”, y probablemente para los que tenga a su alrededor. Y ya sabes que hacer que cambien de opinión es muy dificil, por no decir imposible.

2.- Demuestra con ejemplos palpables tu profesionalidad: Con aspectos que se vean, se toquen, se oigan, se huelan… lo que sea, pero que prueben que eres ese que dices ser y lo que realmente vales. De hecho, a una entrevista debes ir preparado con todos tus logros en ristre, tal y como conté en mi articulo de hace dos semanas,  ya sea en tu cabeza, poniendo ejemplos concretos, o con documentos que lo prueben. Y por supuesto con una imagen impecable, sea para el puesto que sea.

Hay muchas más recomendaciones al respecto, pero podemos encontrar sobre el tema en mil sitios en internet y en librerías, porque sobre marca personal ya se ha hablado hasta la saciedad, y no me gusta ser muy “lorito”, así que no las voy a repetir aquí. Pero esas dos creo que son básicas, y son las que harán que tu interlocutor cree un constructo mental sólido sobre ti que probablemente sea para siempre. Y no estoy diciendo que logres que se “autoengañe” sobre tí…. ¿O sí?….habría mucho que debatir sobre esto.

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

Talento sin gestionar = Marca blanda

¿De los que están en un escaparate con su nombre? O ¿De los que están en un escaparate con el nombre de la compañía?

“¿Para qué voy a estar en el mundo digital? Tengo trabajo, nadie me va a googlear”
Es el pensamiento que solemos tener cuando estamos seguros dentro de una organización.

Actualmente, no hay nada seguro en el mundo laboral.

¿De los que están en un escaparate con su nombre? O ¿De los que están en un escaparate con el nombre de la compañía?

“¿Para qué voy a estar en el mundo digital? Tengo trabajo, nadie me va a googlear”

Es el pensamiento que solemos tener cuando estamos seguros dentro de una organización.

Actualmente, no hay nada seguro en el mundo laboral. Es por eso que no sólo debemos gestionar nuestro talento, como un hábito, en una situación de búsqueda de empleo sino como un hábito para que nuestro perfil profesional sea más enriquecedor, para nuestra empresa, y más atractivo para otras.

Un hábito, no para conseguir resultados a corto plazo y conseguir un empleo, también para mantener una relación laboral en la que estamos desarrollándonos y queremos seguir haciéndolo.

Además, cuando trabajamos en el mundo 2.0, desde las cuentas digitales de una organización, no reluce nuestro talento sino que lo estamos haciendo bajo unas directrices. En ese momento somos una marca blanca.

No hay que dejar nuestra huella personal y digital en desuso ya que seguir realizando nuestro branding personal nos podrá convertir en un profesional de nuestro sector, algo que, consecuentemente, puede reportar más opciones laborales. Estas opciones harán más enriquecedor no sólo nuestro perfil sino la reputación de nuestra organización.

¿Por qué?

Porque si nuestro perfil disfruta de ofertas de trabajo y la organización es consciente, esta última retendrá nuestro talento y sabrá que elegimos estar ahí sabiendo que podríamos estar en otro lugar.

Las compañías siguen evolucionando en cuanto a la flexibilidad que dan a sus empleados y la transparencia de la misma en la web 2.0. Aumentan las compañías que apuestan por la conservación de la identidad individual de sus empleados. Por lo tanto, nos encontramos con que la Web 2.0 es un enorme escaparate lleno de atractivos perfiles profesionales para nuestras compañías. Sabiendo todo ello, son las mismas “poseedoras” de dicho talento las que van a apostar por retener perfiles que, expuestos en su escaparate, sean más apetecibles.

En otras palabras, no sólo hay que diferenciarse y posicionarse en el mercado laboral, también dentro de la empresa en la que trabajamos. Diferenciemos nuestra marca en la Web 2.0 para que, posteriormente, la compañía se beneficie con una imagen positiva y fiel de sus empleados en el mundo digital.

La marca no es otra cosa que una competencia personal: actitud y constancia.

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

La Nueva Ruta del Empleo Radio – Costa Rica

En uno de nuestros programas más recientes de La Nueva Ruta del Empleo Radio en Costa Rica conversamos con Tanny Abad Ramírez, quien es emprendedora y capacitadora, sobre nuevas oportunidades de negocios en la actualidad. También nos acompañó Verny Wilson, uno de nuestros ruteros y especialista en RRHH, con quien hablamos sobre gestión por competencias.

Nuestro programa es producido por Fabrizzio Ponce y se transmite en vivo todos los jueves a las 5:00 pm hora centroamericana a través de Radio Costa Rica 930 AM, http://www.radiocr.net y posteriormente en diferido a través de Canal 19.

¿Emprendimiento social?

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Durante estos momentos de cambios social, laboral y económico,  podemos aprovechar la oportunidad de reinventarnos o hacer algo diferente, que impacte en la sociedad como es el “emprendimiento social”, según Dees (1998), «los emprendedores sociales son una especie dentro del género de los emprendedores» (p. 3). De un modo un tanto simplista, podemos decir que se trata de un tipo de emprendedores que persigue fines sociales. Además, el Emprendimiento Social es una “…Actividad innovadora creadora de valor social que puede ocurrir dentro o a través de los sectores sin fines de lucro, negocios o gobierno” (Austin et al, 2006, p.2). En conclusión  el emprendimiento social es el proceso de utilización de habilidades empresariales para crear enfoques innovadores a problemas sociales.  Las empresas sociales con o sin ánimo de lucro tienen una misión social y buscar ser financieramente independiente o rentables.

Pero como todo proceso de creación de empresa, los emprendedores sociales no tienen por qué ser necesariamente inventores, sino que simplemente tienen que adoptar una visión creativa  a la hora de poner en práctica invenciones de otros. Dees (1998) toma prestadas ideas de  Joseph Schumpeter, Howard Stevenson, Jean-Baptiste Say y Peter Drucker para identificar  cuatro aspectos diferenciadores del emprendimiento:

  • Destrucción creativa: según Schumpeter, la generación de productos o servicios  innovadores destruye los que estaban previamente en el mercado.
  • Creación de valor: según Say, «el emprendedor traspasa recursos económicos de un área  de baja productividad a una de alta productividad y mayor rendimiento».
  • Identificación de oportunidades: para Drucker, un emprendedor no genera cambio,   sino que explota las oportunidades que el cambio brinda.
  • Ingenio: Stevenson destaca la capacidad de los emprendedores no solo de aprovechar   oportunidades, sino también de afrontar los retos que comporta la falta de recursos para   llevarlas a cabo.

 

El perfil de un emprendedor social, en primer lugar, según el informe del “El Global Entrepreneurship Monitor”  (GEM), aunque es más frecuente que quien empiece  una empresa social sea un hombre, y no una mujer, esta diferencia es menor que la que  existe en el ámbito de las empresas comerciales. En todo caso, el ratio que mide esta diferencia varía mucho en función del país analizado. Así, en términos regionales, el área  con mayor diferencial es Oriente Medio y el Norte de África. Por el contrario, la diferencia  más reducida se observa en EE.UU.

En segundo lugar, el informe también indica que la franja de edad en la cual los individuos  son más propensos a estar involucrados con el emprendimiento social, es entre los 25 y los 44 años. Así pues,  cuanto más cerca este una persona de su jubilación, menos probable es que esté dispuesta  a iniciar un proyecto de emprendimiento social. Curiosamente, en las economías más  desarrolladas (sobre todo en EE.UU. y Suiza) son los individuos de entre 18 y 24 años los  más propensos a involucrarse en actividades de emprendimiento social.

En tercer lugar, de los resultados del informe se desprende que son los individuos con  un mayor nivel educativo los que más se involucran en el emprendimiento social. En concreto, entre los  emprendedores sociales el porcentaje más elevado corresponde a personas con algún tipo  de  máster o doctorado.

En cuanto al estatus laboral, el informe señala que la tendencia es que los emprendedores  sociales sean trabajadores autónomos. A esta categoría le siguen los trabajadores «solo  a tiempo parcial», a «tiempo parcial o completo», «estudiantes» y finalmente «otras  categorías». En economías más desarrolladas, lo más habitual es encontrar a emprendedores  sociales que son trabajadores a tiempo parcial o estudiantes.

A continuación tendrás unos ejemplos de emprendimiento social.

  • Wendy Kopp: es la fundadora de Teach for America, una iniciativa cuyo propósito es acabar con las desigualdades educativas; para ello, recluta recién egresados de Universidades y profesionales para enseñar en escuelas urbanas y rurales deprimidas de los Estados Unidos. @wendykopp
  • Rebeca Hwang: esta coreana, ha logrado escalar entre las 20 jóvenes emprendedoras más inspiradoras según la revista Forbes. Con su proyecto YouNoodle ha logrado conectar a gobiernos y grandes empresas con emprendedores sociales, a través de una plataforma digital; ayudándolos a conseguir financiación y hacer sinergias con empresas e instituciones. @rebecahwang
  • Rafael Álvarez: este ingeniero mexicano, tras haber trabajo en HP creó GenesysWorks, dando a estudiantes de bajos ingresos entrenamiento en trabajos de alta tecnología; demostrando su creencia de que los estudiantes que experimentan el éxito en “el primer trabajo profesional”, tienen más probabilidades de continuar su preparación y prosperar.
  • Juan David Aristizabal: este joven colombiano lleva más de 10 años trabajando en proyectos de emprendimiento social. Éste año la revista Forbes lo destacó como uno de los 30 jóvenes menores de 30 años que está cambiando el mundo, gracias a  su trabajo en distintas organizaciones que ha creado como “Jóvenes Informando Proyectos”, “Fundación Ideas por un país mejor” y “Buena Nota”.  MTV lo ha nominado por Buena Nota en la categoría “Big Cola Piensa en Grande” y es el único colombiano que está en los MTV Millenial Award. @JuanDavidAristi
  • Daniel Buriticá, es fundador y presidente de la Red Colombiana de Jóvenes – RECOJO, Red de jóvenes emprendedores sociales, con el cual se ha desarrollado un modelo de empoderamiento social juvenil. Junto con su corporación creó el campamento de verano BAKONGO en el que participan niños víctimas de la violencia, desplazamiento o pobreza extrema junto con jóvenes voluntarios. Fue escogido para representar a los jóvenes voluntarios del mundo en la junta directiva de la International Association for Volunteer Efforts “IAVE”, embajador de Colombia en ONE YOUNG WORLD y Global Shaper por el Foro Económico Mundial.@DanielBuritica

Espero que estas nuevas ideas, acerca del emprendimiento social les despierte el gusano de la innovación social, para  generar un impacto positivo en la sociedad.

“…El lugar donde se nazca no puede determinar el futuro de una persona. La educación  es la salida…” @JuanDavidAristi

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

¿Te atreves a decir “pues mirá, no lo sé”?

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Ayer estuve leyendo un rato el libro “No es lo mismo” de Miriam Ortíz y Silvia Guarnieri. Es uno de los muchos libros que sobre coaching hay en el mercado, aunque éste en concreto me gusta porque se centra en aspectos y ejemplos determinados que se puede encontrar un coach cuando realiza su trabajo (1).

Una de las posibles situaciones que describen es cuando el coachee (persona que se beneficia del coaching), declara ser incapaz de decir “no lo sé” a ciertas personas y en ciertos momentos. Qué situación tan estresante y tensa, cuando queremos demostrar a alguien que lo tenemos todo controlado, cuando queremos tener todos los cabos atados, que no se nos escape nada, no sea que vayamos a quedar en ridículo, nos critiquen, nos rechacen, perdamos el prestigio, o incluso nos echen del trabajo, o si se trata de una entrevista de trabajo, que no nos contraten. En resumen, qué pánico a tener que decir “No lo sé”, “Ese es un dato que desconozco/que no tengo en este momento”…etc.

En realidad, tal y como explican Miriam y Silvia en su libro, declarar que algo no se sabe ante un jefe, ante un subordinado, ante un entrevistador, ante un comité de dirección, ante un erudito en cierta materia, no tiene necesariamente que tener como consecuencia un rechazo o burla por su parte. Al contrario, dependiendo de cómo nos justifiquemos podemos hasta demostrar una buena cualidad, la humildad, y con ella transmitimos mensajes como: “Admito que hay cosas que no sé” y/ó “Necesito tu ayuda” y/ó “Tú tienes conocimientos y habilidades de los que yo puedo aprender” y/ó “Admiro esas cualidades que veo en ti, eres un modelo para mi” etc, etc.

Lógicamente a ciertas situaciones como una reunión del comité de dirección, a una entrevista de trabajo, o a una presentación debemos ir lo mejor preparados posible. Lo contrario sí que demostraría ignorancia y/o dejadez. Pero admitir que no tenemos ciertos datos o que en nuestra preparación hemos cometido algún error, pero que vamos a hacer lo que esté en nuestra mano para solucionarlo, no tiene por qué dejarnos en mal lugar.

Otro grave error que se comete a veces, es dejar de hacer preguntas por miedo a que piensen que ya deberíamos conocer la respuesta. Por ejemplo, en una reunión con el jefe, en la que nos está explicando cómo desea que se haga alguna cosa. No preguntar acerca de algo que no nos haya quedado claro en el momento oportuno, puede traer como consecuencia que desempeñemos mal una tarea por no haber entendido adecuadamente la información/petición, y en ese caso sí que vamos a quedar realmente mal.

En este punto me parece interesante recordar a Sócrates, ese filósofo al que admiro profundamente desde siempre. Me encanta su declaración “Yo sólo sé que no sé nada”, o “la verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia”. Y si esto lo dice un sabio como él… ¡habrá que hacerle caso!.

Por tanto, amigo, tranquilo si algo desconoces. Nadie sabe absolutamente de todo en ésta vida. Y algo que te recomiendo es que si en algún momento alguien deja de apreciarte porque “no sabes”, tal vez debas replantearte seriamente si esa relación te interesa. Porque probablemente se trate de alguien que nunca esté contento con lo que hagas o digas, y por lo tanto que no te valora en justa medida.  La persona que realmente nos aprecie nos facilitará el aprendizaje, en lugar de darnos de lado por nuestra puntual ignorancia.

(1) “No es lo mismo” – Miriam Ortíz de Zárate y Silvia Guarnieri. Editoral LID – 2010

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

No me digas lo que no puedo hacer

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No me digas lo que no puedo hacer. Esta frase siempre la asociaré a la serie Lost, cuando John Locke estando paralítico  en una silla de ruedas, se la soltó a bocajarro a un trabajador de una agencia de viajes que estaba intentando disuadirlo de hacer una excursión de aventura () Y es que esta frase, cuando se la decimos a otra persona, la solemos ver adecuada, coherente e incluso acertada, de alguna manera respetable.  Pero, ¿y cuando nos decimos a nosotros mismos  que algo  no lo  podemos hacer, qué?

Esas barreras invisibles son las que nos coartan en nuestro desarrollo, en nuestro avance, en nuestro salir de la zona de confort  A la hora de la búsqueda de empleo, esas barreras se vuelven igual de grandes, igual de imposibles de superar e igual de efímeras.  Cuando en tu día a día de buscar trabajo, ante la más mínima acción que realices, las respuestas que te des a las preguntas de: “y esto, ¿para qué me sirve? ¿Para qué lo hago? ¿Qué quiero conseguir?” sean unos vociferantes silencios, es que tus barreras se han comido todo tu territorio.

Nadie sabe lo duro que se te hace buscar trabajo salvo tú mismo/a. Cada persona lo vive y gestiona de diferente manera, pero lo que sí es cierto y común para todos/as que no es fácil, y más cuando las circunstancias externas nos dan negatividad por todas las vías. El miedo es tan grande a veces se nos come todo lo demás. El miedo a tener un perfil en una red social “porque no  sé utilizarla” o “porque los demás me verán”, el miedo a equivocarme a la hora de enviar el curriculum, la (sensación de) inutilidad de enviar una autocandidatura a la empresa donde, de siempre, nos habría gustado trabajar por el miedo a ser rechazados o no contestados, el miedo a cambiar el curriculum por hacerlo diferente…  Es en estas acciones que no llevas a cabo cuando tú te repites una y otra vez que no puedes hacerlo, que no vale para nada, que no tiene un fin real y que es inútil.

Cuando alguien te dice que algo no lo puedes hacer y tú te ves seguro/a, convencido y con las suficientes energías, conocimientos y capacidades para poder hacerlo, ¿no te molesta? ¿no te enerva?  Entonces, por qué cuando te lo dices a ti mismo, ¿simplemente lo acatas y ya?  El miedo es una de las emociones más básicas, que pretende mantenerte a salvo y vivo, a pesar de que el miedo lleve a limitarte e impedir que hagas algo que podrías hacer perfectamente, o por el contrario el miedo puede llevarte a actuar impulsivamente   Las personas somos seres de costumbres, nos gusta lo conocido, lo que controlamos, la seguridad de lo que hacemos con soltura, aunque no nos sirva para nada.  Permítete crear, hacer cosas diferentes, no te pongas barreras, no te digas que no sirves, que no eres útil, que lo que haces no vale para nada.  No te engañes a ti mismo/a.  Empieza por trabajarte tus objetivos, tu plan de búsqueda, por conocer y descubrir alternativas, por probar otras cosas, en fin, por salir de tu círculo vicioso.  No necesariamente encontrarás lo que buscas al día siguiente o tendrás la entrevista de tu vida en una semana, pero conseguirás lo más importante de todo: sentirte útil en tu búsqueda permitiéndote hacer cosas que eres capaz de hacer y rompiendo con los círculos concéntricos que no te permiten avanzar.  Para buscar trabajo puedes hacer muchas cosas, pero para poder empezar a hacerlas debes creer que puedes hacerlas de verdad y bien. No seas tu enemigo…

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

¡Ojo con el coaching!

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Vaya por delante que no soy un escéptico en lo que al coaching se refiere. En absoluto me parece que sea una disciplina prescindible. Más bien al contrario, cuanto más investigo y me formo en el tema, más convencido estoy de su gran utilidad.

Sin embargo, precisamente por haber profundizado en los últimos tiempos en esta materia, aprovechando cualquier oportunidad para intercambiar opiniones con profesionales que acumulan mucho más conocimiento que yo en estas técnicas, considero que, tal y como se está planteando, hay ciertos peligros que pueden hacer que el coach cause serios daños en sus coachees.

No hay que olvidar que la herramienta se centra en las personas, por lo que cualquier mal uso de la misma podría llegar a perjudicar muy seriamente a los sujetos “pacientes”/“clientes” (cuanto más lo pienso, menos claro tengo si en coaching es más apropiado llamarlos de una manera o de la otra).

Digamos que, en mi opinión, hay ciertas premisas que, de seguir tomándose como se hace en la actualidad, podrían hacer que esta profesión, en el mejor de los casos, forjase un enorme desprestigio. Sin embargo, esta situación sería una auténtica lástima, porque son muchos los que perderían la oportunidad de desarrollarse a partir de las técnicas utilizadas.

Un primer defecto de forma que veo en el planteamiento del coaching es que, a pesar de basarse en modelos teóricos procedentes de otros ámbitos, no ha querido posicionarse en paralelo a ninguna otra disciplina profesional. Al tratarse de estrategias focalizadas en el crecimiento personal del coachee, podría haber tenido sentido alinearse junto a otras especialidades como la psicología, psiquiatría, sociología,… básicamente, cualquier rama que tenga como foco el trabajo sobre las personas.

Sin embargo, no es infrecuente encontrar afirmaciones como “cualquiera puede hacer coaching”. Pues lamentándolo mucho, NO. Para ser coach hay que tener una gran capacidad para empatizar con los demás, pero sin juzgar (con lo que nos gusta poner etiquetas), y sin ver afectado nuestro criterio por prejuicios, sentimientos, estado de ánimo,… Vamos, las capacidades que se le exigen a un coach, como se ve, no son poca cosa. Creo que no es mucho pedir que, al igual que un filólogo no se mete a construir puentes, alguien que quiere ayudar profesionalmente a las personas atesore un bagaje formativo y profesional también orientado a estas.

Pero además, considero que, en aras de conseguir un resultado óptimo, un coach no puede ser alguien tan sólo “formado” en la disciplina. Por más vueltas que le doy, se me antoja muy complicado que una persona demasiado joven, sin apenas experiencia, no ya profesional sino incluso vital, pueda ayudar a nadie a encontrar su camino. Cierto es que para que el coaching fluya hay que huir del afán intervencionista que tenemos todos: lo primero que hacemos siempre es dar consejos, y lo segundo, informarnos bien sobre aquello en lo que hemos aconsejado (paradojas del ser humano). Pero de no aconsejar, a no saber qué comportamientos pueden ser más eficientes y cuáles menos para determinadas circunstancias, va un mundo, pero un mundo de tinieblas. ¿Y si ayudamos a nuestro coachee a elegir su camino pero resulta que se ha ido “por los cerros de Úbeda”? Si no lo sabemos, no sólo no le habremos ayudado, sino que habremos contribuido a convertir su existencia en un laberinto indescifrable cada vez que afronte situaciones similares a las que hemos tratado de corregir.

Son sólo unos pequeños matices respecto a lo que considero están siendo errores de base a la hora de ejercer la profesión, pero no olvidemos que en el coaching existe otro personajes, el coachee, para el que también habría que gestionar ciertos aspectos.

No todo el mundo puede ser coachee. En el camino del desarrollo personal y profesional tenemos que hacer una profunda introspección, que nos llevará a descubrir muchas cosas sobre nosotros mismos que ni siquiera nos habíamos planteado. Pues bien, estas cosas que descubrimos pueden no ser del todo satisfactorias, y por lo tanto, quizá el descubridor no tenga la madurez personal suficiente para afrontarlas aún.

Así pues, si juntamos a un coachee inmaduro (por la razón que sea, edad, conocimientos, experiencias,…) junto a un coach sin una excelente capacidad para empatizar, con pocas vivencias (lo mismo, puede ser simplemente por edad),… imaginemos el resultado.

Se está poniendo muy de moda la idea de que el coaching puede aplicarse casi en cualquier entorno. Pues bien, más allá de consideraciones más profundas, la verdad es que utilizarlo, por ejemplo, con adolescentes y jóvenes adultos, puede ser bastante contraproducente, al menos si se aplica el coaching tal y como pretende, con un intervencionismo nulo.

Siendo realistas, un adolescente necesita consejo, y un joven adulto necesita apoyarse en las experiencias de sus seniors. Luego es cierto que lo óptimo será dejarles equivocarse, incluso en lo que ya les hemos advertido. Esto es difícil, nos cuesta decirle a nuestros hijos lo que deben hacer y luego permitirles que hagan lo que estimen oportuno. Pero ¿de qué nos sirve nuestra experiencia si no es para transmitirla a aquellos que todavía no han tenido oportunidad de vivir lo que ya hemos vivido nosotros?

Por lo tanto, con estos perfiles puede hacerse coaching, pero por decirlo de alguna manera (los muy estrictos dirán que esto que propongo no es coaching), sería bueno “descafeinarlo”: presentemos nuestro know how, dejemos que elijan, y si hacen lo mismo que les hemos advertido que es un error, por lo menos no se hundirán, ya que sabrán que conocen a alguien (su coach) que sabe cómo salir de ese pozo en el que se han metido.

En conclusión, y al hilo de lo que he mencionado al inicio del post, considero que el coaching es una muy buena estrategia dependiendo de quiénes sean sus actores, coach y coachee, pero también de cómo se aplique en función de estos.

Como todas las actividades encaminadas al desarrollo personal y a la resolución de conflictos internos (formación, psicoterapia,…), el único requisito debería ser utilizar el coaching con la máxima responsabilidad.

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

Si algo puede salir mal…

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La desagradable costumbre de apoyarse en la “Ley de Murphy” para minimizar el impacto sobre nuestra autoestima que provoca un fracaso, no es más que una forma de excusa que impide nuestra capacidad de crecimiento personal.

Si miramos a nuestro alrededor, en incontables ocasiones observamos como “nos ponemos la venda antes de tener la herida”, de forma que cuando nuestras negativas previsiones se confirmen, no sólo mantengamos nuestro ego intacto, sino que además podemos agrandarlo a través del tan popular “ya lo dije yo”.

La realidad es que TODO puede salir mal,… y bien. Pero si no ponemos un extraordinario esfuerzo por nuestra parte para salir airosos de nuestros retos, es más fácil que salga mal. Por suerte, para entonces ya conoceremos bien el efecto Pigmalión (en su vertiente negativa, por supuesto), y veremos cumplida nuestra profecía de que ese objetivo estaba abocado al fracaso.

Hoy un coach me ha comentado que, si tuviese que resumir al máximo el coaching, él lo describiría como “aprender a ver siempre el vaso medio lleno”.

Sin entrar a discutir sobre si somos optimistas, pesimistas o realistas, debate que normalmente resulta estéril por la gran carga de subjetividad que presenta, quizá es recomendable empezar a, simplemente, observar.

Está clarísimo que un proyecto puede no salir como esperamos. Lo que pasa es que si ponemos todo nuestro empeño en que eso no suceda reducimos al máximo la probabilidad de que esto ocurra. Y, como la probabilidad es tema estadístico, si sólo son posibles dos resultados (éxito o fracaso), cuanto más pequeña sea la probabilidad de uno de ellos, más grande es la probabilidad del otro.

Tomando nuestras metas desde este punto de vista, ni los optimistas ni los pesimistas se atreverán a negar (o al menos no he visto a ninguno que lo niegue) que:

  • Si intentamos lograr algo, podemos conseguirlo.
  • Si no intentamos lograr algo, no podemos conseguirlo.

Dando por buenas estas dos premisas, deberíamos coincidir todos en que si intentamos lograr algo muchas veces, o con muchas energías, o con muchos recursos,… el “podemos conseguirlo” estará más cerca.

En este punto es donde algunos pueden decir: “claro, pero ¿y si aún de esta forma no lo consigues?”. Pues al menos yo lo tengo claro: ¿de verdad alguien que pone todo de su parte no tiene derecho a decir que no pudo hacer más? Si no se ha llegado a la meta propuesta por incapacidad (que, por qué no decirlo, en muchas ocasiones intentamos cosas para las que aún no estamos preparados), azar, falta de información, errores humanos,… pues nos tendremos que resignar, pero ¿cómo nos sentimos cuando tras el fracaso pensamos que podíamos haber hecho algo más?

La propuesta que se presenta en este artículo supone un cambio fundamental en nuestras actitudes cotidianas: se trata de pasar de la búsqueda de excusas a la generación de argumentos. Ya no deberemos pensar a quién culpar (compañeros, manos negras, astros, brujería o cualquier otro que se nos ocurra), sino que trataremos de cargarnos de razones para poder disfrutar de los éxitos y aprender de la ausencia de estos (con una esfuerzo total ¿alguien se atreve aún a llamarlos fracasos?).

Sólo no se equivoca el que no hace nada (pero por supuesto, tampoco acierta nunca).

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

El error de creerte cliente de tus clientes

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A veces ser conocido por lo que expresamos u ofrecemos profesionalmente hablando puede conducirnos a creer que son los demás quienes nos deben pleitesía.

Existe una tendencia bastante generalizada a pensar que cuando ya somos “lo más de lo más” (¿en serio?) en nuestro ámbito profesional, dejamos de ser proveedores de un servicio (¿útil?) a creer que somos nosotros los clientes de los que se supone que son en realidad nuestros clientes. Pero esto… ¿qué quiere decir exactamente?

Hay quien piensa que por ofrecer un producto/un servicio/¿tal vez humo?, muy solicitado por otras personas, éstas últimas se convierten automáticamente en sus servidores. Que son ellas quienes tienen que estar al tanto de sus necesidades, y aguantar e incluso solventar en muchas ocasiones sus incompetencias no declaradas, si desean tener el privilegio de ser honrados con su endiosada presencia y colmados con su “sabiduría”.

En realidad es muy bonito saber que puedes impactar en el corazón y la mente de la gente con tu trabajo. Tal vez ese trabajo llega a ayudar de verdad a algunas personas. El hecho de conseguir que ayuda tan solo a una ya es un enorme logro. Todos tenemos el poder de conseguirlo y de ser admirados y tomados como ejemplo por ello. Y eso en algunas ocasiones proporciona el tan deseado poder de la influencia a veces en cientos de personas.

Pero no se nos debe olvidar que el poder de la influencia no ha de servir para utilizar a los demás o para engrandecer nuestro ego. En realidad son los demás quienes tienen el poder de levantarnos y, de la misma forma, hundirnos en el más profundo fango. El poder debe utilizarse para con uno mismo siempre. PODER dirigir nuestra vida, PODER saber lo que queremos, PODER ayudar a otros, y PODER saber que, al fin y al cabo, no sabemos nada ni somos nada sin la ayuda de esos otros.

Un buen profesional sabe que está para servir a los demás. Con humildad y calidad. Y que SIEMPRE deben ser los demás los auténticos clientes. Por muy bueno y famoso que se sea. Y con más razón cuanto más famoso, bueno y caro se es. Al menos yo, pago para que me ofrezcan algo bueno e interesante, y no exclusivamente para que quien me lo ofrece se sienta satisfecho.

Se me ha ocurrido escribir este texto tras escuchar a un amigo que trabaja en la misma empresa que una persona muy influyente en las redes sociales, en teoría, por su trabajo. Mi amigo, igual que muchísima gente, admiraba a esta persona por haber logrado ese poder de influencia con su…¿saber hacer?. Sucedió que, llegado el momento de trabajar directamente con esta persona, el “mito” se desmoronó: Todo eran exigencias, peticiones, desorganización e impuntualidad. Eso sí, tras acabar su trabajo, foto al Facebook con comentario reflexivo sobre la extenuante jornada y cientos de “megusta” como resultado, así como otros cientos de comentarios de ánimo, emoción, admiración y entusiasmo.

La verdad es que la envidia me corroe las entrañas. Yo, trabajando todo el día llego (más o menos) a fin de mes, como tantísima gente. Y esta otra gente gana fajos de pasta solo por dar una imagen que muchas veces no corresponde a la realidad. Me pregunto cómo lo logran. Tal vez en algún momento sí fueron alguien y ahí empezó todo. Pero en algún otro momento dejaron de serlo para convertirse en meros peleles de la pseudofama y la pseudogloria.

Espero algún día ser apreciada por lo que hago, y no por lo que parece que hago…

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

Cinco cuestiones que se plantean las personas con éxito

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Todos queremos estar felices y saludables, pero para muchos de nosotros esto significa también alcanzar un cierto nivel de éxito. En base a mi experiencia como Coach de Salud Holística, aquí va una lista de preguntas que ayudará a medir tu nivel de éxito.

Si quieres tener éxito más allá de tus sueños, hazte las preguntas que se plantean las personas con más éxito:

  •  ¿Estoy fracasando lo suficiente?

Thomas Edison dijo: “Yo no soy un fracasado, acabo de encontrar 1000 modos de crear electricidad que no van a funcionar.” Pero más tarde, al mil y uno intento, nació la electricidad. Nunca abandones tus sueños, sigue adelante. Con cada nuevo fracaso tienes una nueva oportunidad de alcanzar el éxito. Si no estás fracasando lo suficiente, es que no lo estás intentando lo suficiente.

  • ¿Cuánto lo estoy disfrutando?

El éxito se mide por cuanto se está disfrutando. Que tanto se divierte uno. La gente con éxito ama absolutamente su puesto de trabajo, muchos no tienen realmente la sensación de ir a “trabajar” ningún día, sino que lo sienten más bien digamos como una sensación de ir a “jugar”.

  • ¿Utilizo mis miedos como motivación?

Todos tenemos miedos, pero la diferencia entre las personas de éxito y los que no prestan atención a sus sueños es la manera de afrontar el miedo. Las personas que triunfan usan el miedo para motivar la acción en lugar dejarse arrastrar por ellos dejándoles “fuera de juego”. El miedo por tanto, puede ser utilizado como una herramienta para ayudar a guiar tu inspiración.

  • ¿Estoy conectado a mi inspiración?

Las personas más triunfadoras del mundo tienen inspiración y la usan para crear nuevas ideas.  La inspiración es el catalizador para auto realizarse.

  • ¿Estoy en estado de gracia?

Las personas con éxito viven en armonía con la vida y se sienten fuertes, protegidos y felices. Aciertan a seguir los cauces idóneos en lugar de luchar continuamente a contracorriente. Así que, relájate siguiendo el ritmo natural de la vida y verás tus sueños hacerse realidad.

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo