Amargarse la vida con ideas irracionales: Ejemplos reales

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Hace un tiempo asistí a un taller de autoestima organizado por la entidad en la que colaboraba como voluntaria. Uno de los días estuvimos hablando de las “ideas irracionales”.

 

Son esos pensamientos, conscientes o no, los que pueden llegar a convertir nuestra vida en un auténtico fracaso. Sí, he dicho conscientes o no. Porque la mayoría de pensamientos son completamente inconscientes. Están tan arraigados en nosotros que directamente ni los “oímos” en nuestra cabeza. Por eso muchas veces creemos que nuestros fracasos son fruto del azar, de las circunstancias o de otras personas, como dije al principio.

Como decía, uno de los días estuvimos analizando esas “ideas irracionales”. Al final de la sesión teníamos que comunicar al resto qué conclusiones sacábamos de la sesión, y la mía fue que la mayoría de las veces nos ahogamos en un vaso de agua. Situaciones que podrían ser tremendamente sencillas simplemente pensando sobre ellas de forma diferente, las transformamos en complicadísimas y muy dañinas para nosotros.

Uno de los asistentes al taller era Javier, un chico muy agradable que tenía un grave problema de “exceso de responsabilidad” por su familia. Su creencia irracional consistía en pensar que tenía la obligación de procurar que sus padres y su hermana estuvieran bien y no sufrieran por nada. Creía que si no estaba pendiente de ellos, les iba a pasar algo malo. Y claro, su familia acabó creyéndoselo también. La dependencia que se ha creado entre ellos a lo largo de los años estaba ahogando sobremanera a Javier. Necesitaría tomar distancia de su familia para dejar de padecer tanto, pero de momento era incapaz, porque una y otra vez, ese pensamiento recurrente de que debía estar por ellos no le abandonaba. Llegaba a sufrir tremendos dolores de estómago que le hacen vomitar y estar tirado en la cama durante varios días cuando alguien de su familia le hacía sentir culpable por algo que había dejado de hacer por ellos en un momento dado. Una sola creencia irracional le estaba paralizando y le estaba afectando en muchos otros aspectos de su vida, como la pareja o el trabajo, por ejemplo.

Otro caso era el de Erika. Encantadora mujer que vive con su madre, con su abuela y con su hija, que tiene parálisis cerebral. Erika fuera de su casa es una mujer de carácter alegre, segura de sí misma, optimista… Pero en cuanto entra por la puerta se vuelve arisca e insegura. Tiene grandes discusiones con su abuela, quien no parece comprender que Erika necesite tener un espacio para sí misma aparte de su familia. La abuela sabe cómo hacerla sentir culpable y que renuncie a hacer cosas fuera de casa para “no tener que oír el discurso de su abuela”. Y por tanto la abuela siempre se sale con la suya. sabe que Erika se dirá a sí misma que es mala si se va por ahí y deja a su hija “sola”, cuando en realidad la niña puede estar perfectamente sin su madre un rato, teniendo en cuenta que en la casa también están las otras dos mujeres. ¿Qué pasaría si Erika dejara de escuchar a su abuela y se fuera al gimnasio todas las tardes, o saliera un rato el sábado por la noche con sus amigas? Ella sabe que no pasaría absolutamente nada malo con su hija, y así nos lo comunicó en el grupo. Pero le afecta tanto el sentimiento de culpabilidad por lo que se dice a sí misma a causa de su abuela que no sale nunca. Y eso la hace sentirse a disgusto cuando llega a casa.

Cambiar el chip y empezar a pensar de forma racional frente a las situaciones difíciles, es bastante complicado cuando llevas años y años pensando de forma irracional. Pero no es imposible. Lo primero que hay que hacer es comenzar por probar a “hacer como si” ya pensáramos de forma diferente e imaginarnos qué es lo que podría pasar. ¿Qué es lo peor que me podría pasar o que les podría pasar a los demás si hiciera esto de esta forma en lugar de esta otra? Las respuestas pueden sorprendernos enormemente. Luego se trata de empezar a hacer cosas diferentes poco a poco. Erika o Javier no se van a atrever a actuar de forma radical de un día para otro. No están preparados y acabarían sintiéndose mal de nuevo. Pero planteándose como objetivo pequeños cambios, al final se habrá dado por sí solo el “gran cambio”. El definitivo que les haga sentir por fin, bien consigo mismos y por tanto exitosos frente a la situación.

Una persona exitosa es la que se dice a sí misma cosas que la alientan a cada momento para lograr sus objetivos, y no permite que nada ni nadie le paralice. Y no por eso es egoísta o “mala gente”.

Mi primera recomendación es que comiences a hacer conscientes todas aquellas ideas irracionales que te hacen actuar  de una forma que no te beneficia y te hace sentir mal. Verbalízalas poniéndolas por escrito. Y a continuación hazte la pregunta: ¿Qué pasaría si actuara de forma diferente?

Yo misma he tenido que vencer mis propias ideas irracionales antes de publicar este post. Me he dicho mil veces que mejor retrasar la publicación de lo que escribía. Hasta que no estuviese “perfecto” mejor no enseñárselo a nadie, porque “van a pensar que digo tonterías”, o que “lo que digo ya lo ha dicho mucha gente antes que yo y se van a aburrir”. Hasta que he puesto en práctica lo de cambiar el chip. Me he preguntado a mí misma qué es lo peor que puede pasar si no gusta lo que escribo. Y me he respondido que al menos seré consciente de ello y seguro que algún aprendizaje saco de las críticas que reciba. Mejor fracasar e ir aprendiendo de los errores que cometa, que ni siquiera intentarlo. Así que aquí estoy.

Me encantaría que me contaras el resultado del ejercicio que te he planteado antes. Además de servirte a ti, puede servir para que otras personas se animen a realizarlo y cambie un poquito sus vidas a mejor. 

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

Busca dentro de ti

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Tendemos a buscar la solución a nuestros problemas fuera, pero muchas veces la respuesta la tenemos en nosotros mismos.

Nos ocurre en nuestra actividad profesional, no vemos salida y pensamos que  tendremos que acudir a alguien externo para que nos eche un cable.

Es ese momento en el que te planteas la posibilidad de una cita con el psicólogo, de apuntarte a ese curso de yoga del que tan bien te hablaron o de tener esa cita pendiente con un amigo de confianza para contarle tus penas delante de una cerveza.

Pero piensa que antes de nada deberías analizar qué estás haciendo, cómo lo estás haciendo y qué resultados estás obteniendo. Seguro que las dificultades profesionales son muchas, se presentan a diario, y se te echan encima en cuanto llegas al trabajo. Y qué decir de los resultados, en estos tiempos de crisis “no nos luce el pelo a casi nadie”, por más ganas y tiempo que le dediquemos al tema. Hay momentos en que lo vemos todo negro, nos sentimos rodeados de carteles con un solo mensaje: “NO HAY SALIDA”.

Por supuesto que los obstáculos te los vas a encontrar, aunque no los busques. Por eso es importante que encuentres el momento de parar un momento y reflexionar sobre algunas cuestiones básicas sobre tu trabajo diario:

  • ¿tienes claro a dónde te diriges y qué debes hacer para alcanzar esos objetivos?
  • ¿estás convencido de que estás haciendo lo que debes?
  • ¿estás poniendo toda tu inteligencia, conocimiento y esfuerzo en conseguir las metas que te has marcado?

Si has contestado afirmativamente a estas 3 preguntas “regenera” tu ilusión, “carga las pilas” de ánimo y siente plenamente la satisfacción por tu trabajo bien hecho, por tu nivel de responsabilidad y por tu implicación al máximo en todo lo que hagas.

Te sentirás mejor, te sentirás más a gusto contigo mismo y con el trabajo que realizas, y a la larga, obtendrás mejores resultados en conseguir los objetivos  que te plantees.

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

Cambiar el chip para trabajar mejor

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El Centro de Estudios del Coaching (CEC) ofrece nuevos puntos de vista con los que cambiar nuestra forma de ver el trabajo y desde los que mejorar profesionalmente.

 El Centro de Estudios del Coaching (CEC), la escuela de formación en coaching y liderazgo, nos propone una serie de reflexiones para reformular nuestra vida laboral.  “Cuando cambiamos nuestro lenguaje, modificamos nuestro pensamiento y también nuestras acciones” señalan Miriam Ortiz de Zárate y José Manuel Sánchez, socios directores de la organización.

Estas reflexiones son fruto de las llamadas distinciones, una de las herramientas más potentes del coaching, que Miriam Ortiz de Zárate recopiló y plasmó en el best seller  “No es lo mismo”, publicado en 2010.

Cambiando el chip para trabajar mejor

  1. No lo intentes, ¡hazlo!Hay una importante diferencia de matiz entre “voy a hacer este proyecto” y “voy a intentar hacer este proyecto”. La palabra “intentar” lleva implícito un compromiso a medio gas y supone una especie de puerta de escape por la que huir al primer contratiempo. Para aquellos proyectos con alguna dificultad añadida, el intentarlo se nos puede quedar pequeño. Vamos a necesitar la determinación y la energía para transformar los meros intentos en acciones muy reales.
  2. Sé responsable, no víctima.Cuando se adopta la perspectiva de víctima tanto el problema como sus soluciones son ajenos a nosotros y descansan en un tercero: ¡el culpable!  Lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos es abandonar nuestro rol de víctimas e identificar nuestra parte de responsabilidad, aunque ésta sea mínima, en esa situación tan desagradable que estamos viviendo. Este cambio de foco nos hará sentir menos impotentes y mucho más capaces a la hora de afrontar cualquier situación.
  3. Mejor pedir ayuda que manipular.Pedir ayuda no siempre es fácil, nos enfrenta a una incómoda sensación de vulnerabilidad en la que mostramos una debilidad. Pero reclamar ayuda no solo es sano, sino que en muchas ocasiones es necesario para que los proyectos prosperen y los equipos evolucionen. Favorece las relaciones laborales y las hacen crecer. Y es que cuando pedimos ayuda estamos reconociendo implícitamente los recursos del otro y poniendo nuestras necesidades sobre la mesa de un modo transparente y claro. Justo lo contrario de manipular.
  4. Hacer… pero sobre todo ser. La sociedad tiende a valorarnos más por lo que hacemos que por lo que realmente somos. Vivimos en una vorágine de movimiento continuo en la que parar parece estar penalizado. Pero tener un autoconocimiento sólido y ser genuino son elementos transversales que aportarán coherencia, solvencia y valor diferencial a cada una de nuestras acciones en el trabajo. Y ese estatus solo se alcanza sabiendo bien quiénes somos y comportándonos de acuerdo a ello, es decir, siendo nosotros mismos.
  5. La pasión llega a donde no llega el sacrificio.Somos de la cultura del esfuerzo, parece que las grandes cosas solo se consiguen a base de sangre, sudor y lágrimas. Pero afortunadamente la realidad es mucho más amable que todo eso. Cuando hacemos las cosas con pasión somos capaces de esforzarnos más y de renunciar a mucho, por lo que el resultado será mejor y el camino mucho más agradable. Disfrutar con lo que hacemos es la diferencia entre trabajar con arreglo a nuestros límites o directamente pulverizarlos.
  6. Cambiando el sueño por la visión.Todos soñamos, tanto en el trabajo como en nuestro ámbito personal.  Pero algunos además ponen en marcha acciones para hacer realidad sus fantasías, en cuyo caso ya no estamos ante un mero sueño, sino ante una visión. Cuando nos ponemos manos a la obra estamos un poco más cerca de lo que realmente deseamos y nos quitamos de encima el regusto amargo de la frustración.

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

¿Tienes miedo económico?

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Hoy me gustaría compartir contigo cómo el miedo al dinero afecta a nuestra vida económica y personal.

He trabajado con mis clientes de coaching financiero muchos miedos económicos, en este artículo destaco los más comunes, los que casi todas las personas compartimos, aunque cada una lo expresa de una forma diferente. El  no saber gestionarlos de una forma adecuada nos impide, en la mayoría de los casos, llegar a tener una vida económica sana.

 ¿Cómo aparecen nuestros miedos económicos?

– Por Comparación: cuando comparamos nuestra situación económica con la de otras personas, aparece el esfuerzo para poder alcanzar eso que anhelamos en los demás, que los hace ser superiores a nosotros y, con ello, el miedo de no poder lograrlo. Es decir, tenemos un deseo de realización y el sentimiento de no ser capaz de alcanzarlo. Este miedo nos frustra, nos hace despertar nuestra envidia y por supuesto, perder el disfrute de lo que si tenemos y bloquear nuestros propios objetivos financieros. Y digo bloquear porque los perdemos de vista, cuando comparamos nos centramos más en lo que veo en los demás que en lo que yo quiero conseguir de una forma inteligente.

– Por Inseguridad: A esta inseguridad también le podemos llamar incertidumbre, es decir, el hecho de pasar de una situación económica segura a una que, a priori, pensamos que no lo es ¿Dónde está el límite entre lo seguro y lo inseguro? Vivimos ciertos estilos de vida, pensamos de acuerdo a varios patrones, tenemos unas ciertas creencias y no queremos que se toquen, ahí vivimos cómodos y, sin darnos cuenta, a eso le llamamos seguridad, a ese patrón establecido o a esa creencia, pero ¿qué es seguridad?

Sólo te pido que reflexiones un momento, normalmente este miedo a la inseguridad es un miedo a futuro, a la mayoría de nosotros nos han educado con el miedo a nuestro futuro económico. Frases como “Prepárate ahora para conseguir vivir mejor económicamente en el futuro” o “El futuro económico puede ser peligroso” o “Ahora tienes algo, pero podrías perderlo mañana” y algunas más que seguro te vienen a la cabeza mientras lees éstas, nos han llenado nuestros pensamientos de miedo a lo que podrá pasar con nuestra economía en un futuro. Pero, ¿qué está pasando ahora?, ¿cómo estoy utilizando ahora mi dinero? Es muy importante centrarnos en cómo estamos viviendo hoy porque así conseguiremos ser felices, disfrutando de nuestro camino. Y, con esto, no quiero decir que no pensemos en un mañana económico, sino que nuestro foco esté puesto en el presente y no preocuparnos de un futuro sino ocuparnos de él.

– Por culpa: Las personas cargamos este sentimiento de culpa o de responsabilidad mal entendida en muchos aspectos de nuestra vida. Debido a las experiencias y los aprendizajes que hemos vivido a lo largo de nuestra vida, nos hacemos una estructura mental que nos crea nuestros propios patrones de comportamiento, frases como “ten cuidado de que no vuelva a suceder” se quedan en nuestro pensamiento y vuelven a la palestra en el momento en el que recordamos, casi de forma inconsciente, una situación parecida, lo que nos hace tener miedo a una situación pasada. Y al igual que hemos comentado antes con el futuro, dejamos de disfrutar de nuestro presente regodeándonos en ese hecho del pasado y con el miedo latente para paralizarnos a día de hoy.

Podríamos adentrarnos más en cada uno de estos miedos y explicar unos cuántos más, pero para finalizar me gustaría como siempre, compartir un ejercicio contigo, el ejercicio de ESCUCHARTE. Cuando tengas un miedo económico, pregúntate a qué tienes realmente miedo, si está en tu presente, y qué puedes hacer para que desaparezca.

Espero que te sirva de ayuda.

¡Ánimo y a disfrutarlo!

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

Hábitos para crecer: ¡Acción!

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Por: Fabrizzio Ponce

Todo a nuestro alrededor nos invita a la acción. El semáforo tiene una luz verde, que nos indica que ya podemos pasar. Si no nos movemos por estar distraído, el de atrás de forma muy gentil nos invitará a movernos tocándonos la bocina.

También podemos recordar cómo es la grabación de la incontable cantidad de escenas que conlleva una película: “toma enésima, luces, cámara.. ¡acción!

Y para quienes nos gusta el atletismo, de fijo alguna vez hemos escuchado el famoso: “en sus marcas, listos.. ¡FUERA!

Pero esos son factores externos, podría argumentar alguien. Cierto, son factores externos. Y si echamos la mirada hacia dentro, podremos descubrir que nacimos con ese impulso.

¿O acaso alguno de nosotros aún gatea?

Ninguno, al menos de los que podemos leer este artículo, ¿cierto?

¿Qué causas nos frenan para ponernos en acción?

Muchas, muy variadas y por supuesto, personalizadas. El miedo, el ‘qué dirán’, el hecho de no conocernos bien, que quizá nunca lo hemos necesitado.

Ya en otras ocasiones hemos compartido que lo único constante en la vida es el cambio. Por ello hay que movernos. No por el cliché de moda o por salir de la zona de confort. Hay que ponernos en movimiento y tomar acción porque fuimos diseñados para ello.

Es hora de hacer esa llamada, de enviar ese email, de poner en papel la idea que tenemos. Ya hemos invertido en nuestro desarrollo personal, hemos fijado los objetivos adecuados, tenemos el plan listo, ¿adiviná qué sigue?

Exacto: pasar a la acción.

Incluso, puede que ahora mismo estés tratando de justificar la inacción en la que estás. En estos tiempos de cambio e incertidumbre pareciera ser una buena idea quedarse quieto y aferrarse a la primera seguridad que te aparezca. Sin embargo, lamento tener que recordarte que eso ya no existe.

Si te vas a aferrar a algo, que sea a vos mismo: a tus capacidades, a tus competencias.. ¡a tu hambre de triunfar en la vida!

Y no te preocupes por lo que suceda al ponerte en movimiento. Una estadística dice que el 90% de nuestras preocupaciones nunca llegan a concretarse.

¡Ánimo y a ponerle bonito, que apenas estamos empezando a crecer!

Fabrizzio Ponce

Email: fabrizzioponce@lanuevarutadelempleo.com

Web: www.fabrizzioponce.com

Facebook: Fabrizzio Ponce – Liderazgo y Desarrollo Personal

Twitter: @fabrizzioponce

Hábitos para crecer: Hacé un plan

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Por: Fabrizzio Ponce

Aunque ahora no practico el futbol, siempre recuerdo la estrategia clave en todo partido cuando era más joven, fuera partido entre amigos o contra la gente de otro barrio. Era un plan casi infalible: todos suben a atacar y todos bajan a defender.

Obviamente, cuando se era joven se tenía la energía para un planteamiento así. Conforme pasaban los años, la estrategia era diferente: correr menos y pasar más el balón. Pero la idea siempre era tener un plan para cada partido.

Un plan es de gran ayuda para no divagar por la vida. Cuando construimos una casa, primero la planificamos. Si vamos a tomar en serio un deporte, seguimos un plan de entrenamiento. Si vamos a escribir un libro, primero planificamos el tema y su desarrollo respectivo.

Tener un plan es un excelente hábito de crecimiento. Deja muy poco al azar y nos permite empoderarnos. Y para diseñarlo, hay que tener en cuenta tres elementos que, a mi parecer, son necesarios para tomar en cuenta:

  • No hay que escribirlo en piedra: Vivimos en un mundo cambiante, eso es innegable. Ese principio aplica también para nuestras ilusiones y metas en la vida. En ocasiones se retrasarán, en otras dirigiremos los esfuerzos en una dirección diferente y se dará el caso de que hemos cambiado así que nuestras metas también. Cuando somos personas rígidas –y hasta orgullosas, si cabe el término, nos será más difícil salir adelante con un entorno de cambios. En nuestro plan hay que dejar espacio para las sorpresas, buenas y malas, que nos presente la vida y el sendero a recorrer.
  • Anotá qué es lo que querés: Necesariamente hay que tener claro a dónde queremos llegar. Sea un partido de futbol, una temporada deportiva, la construcción de nuestra casa, la carrera universitaria o la educación de nuestros hijos, tener en papel y bien establecidos nuestros planes es vital para no perder el enfoque de lo que queremos lograr en la vida. Y entre más claro, concreto y conciso sea, mejor.
  • Anotá qué debés hacer: Comer más sano, ahorrar, menos televisión y redes sociales, etc. Para llegar a la meta hay que dar pasos concretos, menos deseos y más acciones. Anotar solo la meta no es suficiente, el plan debe incluir las cosas que debemos hacer y dejar de hacer para lograr nuestros objetivos.

La planeación es un paso vital en este ciclo de hábitos de crecimiento. Le dará estructura y sentido a todos los movimientos que hagamos en pos de alcanzar los objetivos que ya nos hemos trazado y con cada logro pequeño tendremos una inyección de motivación para el siguiente paso.

Fabrizzio Ponce

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Soy lo que mis metas necesitan

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Por: Julia Bremner

Una vez que ya le hemos puesto el ojo a la meta, podemos definir que necesitamos hacer para que eso sea una realidad. Si nuestro objetivo es bajar 10 kg, sin duda, hacer ejercicio puede ser parte de la estrategia pero, ¿ponerlo en el papel será suficiente?, ¿que más necesita esta meta de ti? Podría ser disciplina, compromiso o pasión.

Reconocer lo que necesita ese objetivo de mí es fundamental para poder alcanzarlo y pongamos de ejemplo eso que la meta ocuparía de mi como: la disciplina. ¿A que nos referimos con disciplina en este caso? Para saber que estoy siendo lo suficientemente disciplinado, ¿cuántas veces tuve que haber logrado hacer ejercicio a la semana? Pon un número. ¿Reconozco en mi vida algún momento en el que haya sido completamente disciplinado? Evoca el recuerdo.

Respondidas estas preguntas tenemos el primer paso para sintonizar con esa mejor versión de nosotros mismos.

Si en algún momento hemos hecho algo con éxito gracias a ese estado de disciplina que necesitamos, ya tenemos la mitad de la batalla ganada y si no tenemos una idea clara de haber sido de esa forma, no te preocupes, puedes imaginarlo y tendrá exactamente el mismo efecto. El recordar ser disciplinado, imaginarse siéndolo o  pensar en una persona que se comporte de esa forma, desplegará en nosotros la referencia que necesitamos para llevarlo a nuestros músculos y ponernos en acción para lograr la meta.

Con esta referencia en nuestra mente podemos explorar con nuestro pensamiento como es que se vive la disciplina, de manera que podamos en ese momento, llevar esa experiencia a nuestra piel, músculos y  expresiones corporales, volviéndola algo real que podamos inclusive lograr describir: como respiro, como me muevo, que me digo a mi mismo cuando soy disciplinado, dejando accesible toda esa experiencia de manera que podamos evocarla en cualquier momento con solo quererlo. Cuando somos conscientes de esos detalles con tan solo cerrar los ojos y repasar cada uno nos sintonizamos con ese estado de disciplina, como quien pone el canal que busca en la televisión.

Como la práctica hace al maestro, entre más eficaces nos volvamos trayendo ese estado de disciplina a nuestros músculos, mejores resultados vamos a tener y de igual forma sucederá con el entusiasmo, la paciencia,  la tenacidad o cualquier otro de los estados desde los que necesitan nuestras metas que hagamos las cosas. Como un enchufe en el toma corriente, que ya sabes que si unes las dos obtienes energía, de igual forma el traer la experiencia de disciplina a nuestros músculos mediante la postura, la respiración, el diálogo interno y cualquier otro componente, nos dará lo necesario para convertir en una realidad el lograr ir al gimnasio y perder esos 10 kg.

Julia Bremner

Email: j.bremner@motivo.coach

Facebook: Motivo – Bienestar Integral

LinkedIn: Julia Bremner

¿Te atreves a decir “pues mirá, no lo sé”?

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Ayer estuve leyendo un rato el libro “No es lo mismo” de Miriam Ortíz y Silvia Guarnieri. Es uno de los muchos libros que sobre coaching hay en el mercado, aunque éste en concreto me gusta porque se centra en aspectos y ejemplos determinados que se puede encontrar un coach cuando realiza su trabajo (1).

Una de las posibles situaciones que describen es cuando el coachee (persona que se beneficia del coaching), declara ser incapaz de decir “no lo sé” a ciertas personas y en ciertos momentos. Qué situación tan estresante y tensa, cuando queremos demostrar a alguien que lo tenemos todo controlado, cuando queremos tener todos los cabos atados, que no se nos escape nada, no sea que vayamos a quedar en ridículo, nos critiquen, nos rechacen, perdamos el prestigio, o incluso nos echen del trabajo, o si se trata de una entrevista de trabajo, que no nos contraten. En resumen, qué pánico a tener que decir “No lo sé”, “Ese es un dato que desconozco/que no tengo en este momento”…etc.

En realidad, tal y como explican Miriam y Silvia en su libro, declarar que algo no se sabe ante un jefe, ante un subordinado, ante un entrevistador, ante un comité de dirección, ante un erudito en cierta materia, no tiene necesariamente que tener como consecuencia un rechazo o burla por su parte. Al contrario, dependiendo de cómo nos justifiquemos podemos hasta demostrar una buena cualidad, la humildad, y con ella transmitimos mensajes como: “Admito que hay cosas que no sé” y/ó “Necesito tu ayuda” y/ó “Tú tienes conocimientos y habilidades de los que yo puedo aprender” y/ó “Admiro esas cualidades que veo en ti, eres un modelo para mi” etc, etc.

Lógicamente a ciertas situaciones como una reunión del comité de dirección, a una entrevista de trabajo, o a una presentación debemos ir lo mejor preparados posible. Lo contrario sí que demostraría ignorancia y/o dejadez. Pero admitir que no tenemos ciertos datos o que en nuestra preparación hemos cometido algún error, pero que vamos a hacer lo que esté en nuestra mano para solucionarlo, no tiene por qué dejarnos en mal lugar.

Otro grave error que se comete a veces, es dejar de hacer preguntas por miedo a que piensen que ya deberíamos conocer la respuesta. Por ejemplo, en una reunión con el jefe, en la que nos está explicando cómo desea que se haga alguna cosa. No preguntar acerca de algo que no nos haya quedado claro en el momento oportuno, puede traer como consecuencia que desempeñemos mal una tarea por no haber entendido adecuadamente la información/petición, y en ese caso sí que vamos a quedar realmente mal.

En este punto me parece interesante recordar a Sócrates, ese filósofo al que admiro profundamente desde siempre. Me encanta su declaración “Yo sólo sé que no sé nada”, o “la verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia”. Y si esto lo dice un sabio como él… ¡habrá que hacerle caso!.

Por tanto, amigo, tranquilo si algo desconoces. Nadie sabe absolutamente de todo en ésta vida. Y algo que te recomiendo es que si en algún momento alguien deja de apreciarte porque “no sabes”, tal vez debas replantearte seriamente si esa relación te interesa. Porque probablemente se trate de alguien que nunca esté contento con lo que hagas o digas, y por lo tanto que no te valora en justa medida.  La persona que realmente nos aprecie nos facilitará el aprendizaje, en lugar de darnos de lado por nuestra puntual ignorancia.

(1) “No es lo mismo” – Miriam Ortíz de Zárate y Silvia Guarnieri. Editoral LID – 2010

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

¡Ojo con el coaching!

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Vaya por delante que no soy un escéptico en lo que al coaching se refiere. En absoluto me parece que sea una disciplina prescindible. Más bien al contrario, cuanto más investigo y me formo en el tema, más convencido estoy de su gran utilidad.

Sin embargo, precisamente por haber profundizado en los últimos tiempos en esta materia, aprovechando cualquier oportunidad para intercambiar opiniones con profesionales que acumulan mucho más conocimiento que yo en estas técnicas, considero que, tal y como se está planteando, hay ciertos peligros que pueden hacer que el coach cause serios daños en sus coachees.

No hay que olvidar que la herramienta se centra en las personas, por lo que cualquier mal uso de la misma podría llegar a perjudicar muy seriamente a los sujetos “pacientes”/“clientes” (cuanto más lo pienso, menos claro tengo si en coaching es más apropiado llamarlos de una manera o de la otra).

Digamos que, en mi opinión, hay ciertas premisas que, de seguir tomándose como se hace en la actualidad, podrían hacer que esta profesión, en el mejor de los casos, forjase un enorme desprestigio. Sin embargo, esta situación sería una auténtica lástima, porque son muchos los que perderían la oportunidad de desarrollarse a partir de las técnicas utilizadas.

Un primer defecto de forma que veo en el planteamiento del coaching es que, a pesar de basarse en modelos teóricos procedentes de otros ámbitos, no ha querido posicionarse en paralelo a ninguna otra disciplina profesional. Al tratarse de estrategias focalizadas en el crecimiento personal del coachee, podría haber tenido sentido alinearse junto a otras especialidades como la psicología, psiquiatría, sociología,… básicamente, cualquier rama que tenga como foco el trabajo sobre las personas.

Sin embargo, no es infrecuente encontrar afirmaciones como “cualquiera puede hacer coaching”. Pues lamentándolo mucho, NO. Para ser coach hay que tener una gran capacidad para empatizar con los demás, pero sin juzgar (con lo que nos gusta poner etiquetas), y sin ver afectado nuestro criterio por prejuicios, sentimientos, estado de ánimo,… Vamos, las capacidades que se le exigen a un coach, como se ve, no son poca cosa. Creo que no es mucho pedir que, al igual que un filólogo no se mete a construir puentes, alguien que quiere ayudar profesionalmente a las personas atesore un bagaje formativo y profesional también orientado a estas.

Pero además, considero que, en aras de conseguir un resultado óptimo, un coach no puede ser alguien tan sólo “formado” en la disciplina. Por más vueltas que le doy, se me antoja muy complicado que una persona demasiado joven, sin apenas experiencia, no ya profesional sino incluso vital, pueda ayudar a nadie a encontrar su camino. Cierto es que para que el coaching fluya hay que huir del afán intervencionista que tenemos todos: lo primero que hacemos siempre es dar consejos, y lo segundo, informarnos bien sobre aquello en lo que hemos aconsejado (paradojas del ser humano). Pero de no aconsejar, a no saber qué comportamientos pueden ser más eficientes y cuáles menos para determinadas circunstancias, va un mundo, pero un mundo de tinieblas. ¿Y si ayudamos a nuestro coachee a elegir su camino pero resulta que se ha ido “por los cerros de Úbeda”? Si no lo sabemos, no sólo no le habremos ayudado, sino que habremos contribuido a convertir su existencia en un laberinto indescifrable cada vez que afronte situaciones similares a las que hemos tratado de corregir.

Son sólo unos pequeños matices respecto a lo que considero están siendo errores de base a la hora de ejercer la profesión, pero no olvidemos que en el coaching existe otro personajes, el coachee, para el que también habría que gestionar ciertos aspectos.

No todo el mundo puede ser coachee. En el camino del desarrollo personal y profesional tenemos que hacer una profunda introspección, que nos llevará a descubrir muchas cosas sobre nosotros mismos que ni siquiera nos habíamos planteado. Pues bien, estas cosas que descubrimos pueden no ser del todo satisfactorias, y por lo tanto, quizá el descubridor no tenga la madurez personal suficiente para afrontarlas aún.

Así pues, si juntamos a un coachee inmaduro (por la razón que sea, edad, conocimientos, experiencias,…) junto a un coach sin una excelente capacidad para empatizar, con pocas vivencias (lo mismo, puede ser simplemente por edad),… imaginemos el resultado.

Se está poniendo muy de moda la idea de que el coaching puede aplicarse casi en cualquier entorno. Pues bien, más allá de consideraciones más profundas, la verdad es que utilizarlo, por ejemplo, con adolescentes y jóvenes adultos, puede ser bastante contraproducente, al menos si se aplica el coaching tal y como pretende, con un intervencionismo nulo.

Siendo realistas, un adolescente necesita consejo, y un joven adulto necesita apoyarse en las experiencias de sus seniors. Luego es cierto que lo óptimo será dejarles equivocarse, incluso en lo que ya les hemos advertido. Esto es difícil, nos cuesta decirle a nuestros hijos lo que deben hacer y luego permitirles que hagan lo que estimen oportuno. Pero ¿de qué nos sirve nuestra experiencia si no es para transmitirla a aquellos que todavía no han tenido oportunidad de vivir lo que ya hemos vivido nosotros?

Por lo tanto, con estos perfiles puede hacerse coaching, pero por decirlo de alguna manera (los muy estrictos dirán que esto que propongo no es coaching), sería bueno “descafeinarlo”: presentemos nuestro know how, dejemos que elijan, y si hacen lo mismo que les hemos advertido que es un error, por lo menos no se hundirán, ya que sabrán que conocen a alguien (su coach) que sabe cómo salir de ese pozo en el que se han metido.

En conclusión, y al hilo de lo que he mencionado al inicio del post, considero que el coaching es una muy buena estrategia dependiendo de quiénes sean sus actores, coach y coachee, pero también de cómo se aplique en función de estos.

Como todas las actividades encaminadas al desarrollo personal y a la resolución de conflictos internos (formación, psicoterapia,…), el único requisito debería ser utilizar el coaching con la máxima responsabilidad.

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

Comprométete con tus metas

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Por: Julia Bremner

Mucho tiempo valioso puede pasar entre vernos en la necesidad de actuar y realmente hacerlo. Y, ¿por qué si sabemos que lo necesitamos nos cuesta tanto comprometernos? La respuesta puede resumirse en una palabra: Desconexión.

 Nos encontramos desconectados de nuestras metas, vivimos en el resultado de nuestras decisiones diarias que ya se han convertido en hábitos  y cuando sentimos “el llamado” de hacer algo diferente, muchas veces las personas solo tenemos claro lo que queremos cambiar, más no lo que significaría realmente ese cambio.

 Si pensar en lo que quieres cambiar resulta ser tu motor, ¡EN HORA BUENA! Te mueves gracias a eso, ¡pero te mueves! que es lo que al final deseamos. Pero si eso no es lo suficientemente poderoso como para comprometerse a hacer lo que haya que hacer, entonces, estamos en problemas.

Cuando hablo de estar desconectados de la meta, hablo de no haber tomado conciencia del por qué es importante para mi alcanzar eso y que sería lo importante de eso que es importante. Y aunque parece un trabalenguas ahí se encuentra escondido nuestro MOTIVO.

 Definitivamente no es lo mismo saber que mi salud física o financiera está quebrantada a estar conectado con el amor que siento por mi familia y como al yo estar bien me permitiría disfrutar más tiempo con ellos, tener una mejor calidad de vida e inclusive como en este caso, mi estado financiero podría impactarlos a ellos también. Desde la óptica del amor y la plenitud, ¿que nos hace sentir la idea de alcanzar una meta en salud? acaso sería importante para nosotros encontrar la vía para ofrecerles a ellos todo eso. Estoy segura que la respuesta es SI.

 Nuestras metas deben ser NUESTRAS, necesitamos que tenga sentido para nosotros el alcanzarlas y al imaginar su efecto positivo estas muevan cada una de nuestras fibras, de manera que los pasos para alcanzarlo sean trampolines y no obstáculos entre lo que deseo y yo.

Si lo necesitamos y el alcanzarlo depende de nosotros, sería buena idea conectarnos con la razón por el cuál esa meta es realmente importante. Es imposible no comprometerse cuando amas tu MOTIVO. Atrévete a descubrirlo.

Julia Bremner

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