Hábitos para crecer: ¡Acción!

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Por: Fabrizzio Ponce

Todo a nuestro alrededor nos invita a la acción. El semáforo tiene una luz verde, que nos indica que ya podemos pasar. Si no nos movemos por estar distraído, el de atrás de forma muy gentil nos invitará a movernos tocándonos la bocina.

También podemos recordar cómo es la grabación de la incontable cantidad de escenas que conlleva una película: “toma enésima, luces, cámara.. ¡acción!

Y para quienes nos gusta el atletismo, de fijo alguna vez hemos escuchado el famoso: “en sus marcas, listos.. ¡FUERA!

Pero esos son factores externos, podría argumentar alguien. Cierto, son factores externos. Y si echamos la mirada hacia dentro, podremos descubrir que nacimos con ese impulso.

¿O acaso alguno de nosotros aún gatea?

Ninguno, al menos de los que podemos leer este artículo, ¿cierto?

¿Qué causas nos frenan para ponernos en acción?

Muchas, muy variadas y por supuesto, personalizadas. El miedo, el ‘qué dirán’, el hecho de no conocernos bien, que quizá nunca lo hemos necesitado.

Ya en otras ocasiones hemos compartido que lo único constante en la vida es el cambio. Por ello hay que movernos. No por el cliché de moda o por salir de la zona de confort. Hay que ponernos en movimiento y tomar acción porque fuimos diseñados para ello.

Es hora de hacer esa llamada, de enviar ese email, de poner en papel la idea que tenemos. Ya hemos invertido en nuestro desarrollo personal, hemos fijado los objetivos adecuados, tenemos el plan listo, ¿adiviná qué sigue?

Exacto: pasar a la acción.

Incluso, puede que ahora mismo estés tratando de justificar la inacción en la que estás. En estos tiempos de cambio e incertidumbre pareciera ser una buena idea quedarse quieto y aferrarse a la primera seguridad que te aparezca. Sin embargo, lamento tener que recordarte que eso ya no existe.

Si te vas a aferrar a algo, que sea a vos mismo: a tus capacidades, a tus competencias.. ¡a tu hambre de triunfar en la vida!

Y no te preocupes por lo que suceda al ponerte en movimiento. Una estadística dice que el 90% de nuestras preocupaciones nunca llegan a concretarse.

¡Ánimo y a ponerle bonito, que apenas estamos empezando a crecer!

Fabrizzio Ponce

Email: fabrizzioponce@lanuevarutadelempleo.com

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Hábitos para crecer: Hacé un plan

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Por: Fabrizzio Ponce

Aunque ahora no practico el futbol, siempre recuerdo la estrategia clave en todo partido cuando era más joven, fuera partido entre amigos o contra la gente de otro barrio. Era un plan casi infalible: todos suben a atacar y todos bajan a defender.

Obviamente, cuando se era joven se tenía la energía para un planteamiento así. Conforme pasaban los años, la estrategia era diferente: correr menos y pasar más el balón. Pero la idea siempre era tener un plan para cada partido.

Un plan es de gran ayuda para no divagar por la vida. Cuando construimos una casa, primero la planificamos. Si vamos a tomar en serio un deporte, seguimos un plan de entrenamiento. Si vamos a escribir un libro, primero planificamos el tema y su desarrollo respectivo.

Tener un plan es un excelente hábito de crecimiento. Deja muy poco al azar y nos permite empoderarnos. Y para diseñarlo, hay que tener en cuenta tres elementos que, a mi parecer, son necesarios para tomar en cuenta:

  • No hay que escribirlo en piedra: Vivimos en un mundo cambiante, eso es innegable. Ese principio aplica también para nuestras ilusiones y metas en la vida. En ocasiones se retrasarán, en otras dirigiremos los esfuerzos en una dirección diferente y se dará el caso de que hemos cambiado así que nuestras metas también. Cuando somos personas rígidas –y hasta orgullosas, si cabe el término, nos será más difícil salir adelante con un entorno de cambios. En nuestro plan hay que dejar espacio para las sorpresas, buenas y malas, que nos presente la vida y el sendero a recorrer.
  • Anotá qué es lo que querés: Necesariamente hay que tener claro a dónde queremos llegar. Sea un partido de futbol, una temporada deportiva, la construcción de nuestra casa, la carrera universitaria o la educación de nuestros hijos, tener en papel y bien establecidos nuestros planes es vital para no perder el enfoque de lo que queremos lograr en la vida. Y entre más claro, concreto y conciso sea, mejor.
  • Anotá qué debés hacer: Comer más sano, ahorrar, menos televisión y redes sociales, etc. Para llegar a la meta hay que dar pasos concretos, menos deseos y más acciones. Anotar solo la meta no es suficiente, el plan debe incluir las cosas que debemos hacer y dejar de hacer para lograr nuestros objetivos.

La planeación es un paso vital en este ciclo de hábitos de crecimiento. Le dará estructura y sentido a todos los movimientos que hagamos en pos de alcanzar los objetivos que ya nos hemos trazado y con cada logro pequeño tendremos una inyección de motivación para el siguiente paso.

Fabrizzio Ponce

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Soy lo que mis metas necesitan

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Por: Julia Bremner

Una vez que ya le hemos puesto el ojo a la meta, podemos definir que necesitamos hacer para que eso sea una realidad. Si nuestro objetivo es bajar 10 kg, sin duda, hacer ejercicio puede ser parte de la estrategia pero, ¿ponerlo en el papel será suficiente?, ¿que más necesita esta meta de ti? Podría ser disciplina, compromiso o pasión.

Reconocer lo que necesita ese objetivo de mí es fundamental para poder alcanzarlo y pongamos de ejemplo eso que la meta ocuparía de mi como: la disciplina. ¿A que nos referimos con disciplina en este caso? Para saber que estoy siendo lo suficientemente disciplinado, ¿cuántas veces tuve que haber logrado hacer ejercicio a la semana? Pon un número. ¿Reconozco en mi vida algún momento en el que haya sido completamente disciplinado? Evoca el recuerdo.

Respondidas estas preguntas tenemos el primer paso para sintonizar con esa mejor versión de nosotros mismos.

Si en algún momento hemos hecho algo con éxito gracias a ese estado de disciplina que necesitamos, ya tenemos la mitad de la batalla ganada y si no tenemos una idea clara de haber sido de esa forma, no te preocupes, puedes imaginarlo y tendrá exactamente el mismo efecto. El recordar ser disciplinado, imaginarse siéndolo o  pensar en una persona que se comporte de esa forma, desplegará en nosotros la referencia que necesitamos para llevarlo a nuestros músculos y ponernos en acción para lograr la meta.

Con esta referencia en nuestra mente podemos explorar con nuestro pensamiento como es que se vive la disciplina, de manera que podamos en ese momento, llevar esa experiencia a nuestra piel, músculos y  expresiones corporales, volviéndola algo real que podamos inclusive lograr describir: como respiro, como me muevo, que me digo a mi mismo cuando soy disciplinado, dejando accesible toda esa experiencia de manera que podamos evocarla en cualquier momento con solo quererlo. Cuando somos conscientes de esos detalles con tan solo cerrar los ojos y repasar cada uno nos sintonizamos con ese estado de disciplina, como quien pone el canal que busca en la televisión.

Como la práctica hace al maestro, entre más eficaces nos volvamos trayendo ese estado de disciplina a nuestros músculos, mejores resultados vamos a tener y de igual forma sucederá con el entusiasmo, la paciencia,  la tenacidad o cualquier otro de los estados desde los que necesitan nuestras metas que hagamos las cosas. Como un enchufe en el toma corriente, que ya sabes que si unes las dos obtienes energía, de igual forma el traer la experiencia de disciplina a nuestros músculos mediante la postura, la respiración, el diálogo interno y cualquier otro componente, nos dará lo necesario para convertir en una realidad el lograr ir al gimnasio y perder esos 10 kg.

Julia Bremner

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¿Te atreves a decir “pues mirá, no lo sé”?

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Ayer estuve leyendo un rato el libro “No es lo mismo” de Miriam Ortíz y Silvia Guarnieri. Es uno de los muchos libros que sobre coaching hay en el mercado, aunque éste en concreto me gusta porque se centra en aspectos y ejemplos determinados que se puede encontrar un coach cuando realiza su trabajo (1).

Una de las posibles situaciones que describen es cuando el coachee (persona que se beneficia del coaching), declara ser incapaz de decir “no lo sé” a ciertas personas y en ciertos momentos. Qué situación tan estresante y tensa, cuando queremos demostrar a alguien que lo tenemos todo controlado, cuando queremos tener todos los cabos atados, que no se nos escape nada, no sea que vayamos a quedar en ridículo, nos critiquen, nos rechacen, perdamos el prestigio, o incluso nos echen del trabajo, o si se trata de una entrevista de trabajo, que no nos contraten. En resumen, qué pánico a tener que decir “No lo sé”, “Ese es un dato que desconozco/que no tengo en este momento”…etc.

En realidad, tal y como explican Miriam y Silvia en su libro, declarar que algo no se sabe ante un jefe, ante un subordinado, ante un entrevistador, ante un comité de dirección, ante un erudito en cierta materia, no tiene necesariamente que tener como consecuencia un rechazo o burla por su parte. Al contrario, dependiendo de cómo nos justifiquemos podemos hasta demostrar una buena cualidad, la humildad, y con ella transmitimos mensajes como: “Admito que hay cosas que no sé” y/ó “Necesito tu ayuda” y/ó “Tú tienes conocimientos y habilidades de los que yo puedo aprender” y/ó “Admiro esas cualidades que veo en ti, eres un modelo para mi” etc, etc.

Lógicamente a ciertas situaciones como una reunión del comité de dirección, a una entrevista de trabajo, o a una presentación debemos ir lo mejor preparados posible. Lo contrario sí que demostraría ignorancia y/o dejadez. Pero admitir que no tenemos ciertos datos o que en nuestra preparación hemos cometido algún error, pero que vamos a hacer lo que esté en nuestra mano para solucionarlo, no tiene por qué dejarnos en mal lugar.

Otro grave error que se comete a veces, es dejar de hacer preguntas por miedo a que piensen que ya deberíamos conocer la respuesta. Por ejemplo, en una reunión con el jefe, en la que nos está explicando cómo desea que se haga alguna cosa. No preguntar acerca de algo que no nos haya quedado claro en el momento oportuno, puede traer como consecuencia que desempeñemos mal una tarea por no haber entendido adecuadamente la información/petición, y en ese caso sí que vamos a quedar realmente mal.

En este punto me parece interesante recordar a Sócrates, ese filósofo al que admiro profundamente desde siempre. Me encanta su declaración “Yo sólo sé que no sé nada”, o “la verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia”. Y si esto lo dice un sabio como él… ¡habrá que hacerle caso!.

Por tanto, amigo, tranquilo si algo desconoces. Nadie sabe absolutamente de todo en ésta vida. Y algo que te recomiendo es que si en algún momento alguien deja de apreciarte porque “no sabes”, tal vez debas replantearte seriamente si esa relación te interesa. Porque probablemente se trate de alguien que nunca esté contento con lo que hagas o digas, y por lo tanto que no te valora en justa medida.  La persona que realmente nos aprecie nos facilitará el aprendizaje, en lugar de darnos de lado por nuestra puntual ignorancia.

(1) “No es lo mismo” – Miriam Ortíz de Zárate y Silvia Guarnieri. Editoral LID – 2010

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

¡Ojo con el coaching!

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Vaya por delante que no soy un escéptico en lo que al coaching se refiere. En absoluto me parece que sea una disciplina prescindible. Más bien al contrario, cuanto más investigo y me formo en el tema, más convencido estoy de su gran utilidad.

Sin embargo, precisamente por haber profundizado en los últimos tiempos en esta materia, aprovechando cualquier oportunidad para intercambiar opiniones con profesionales que acumulan mucho más conocimiento que yo en estas técnicas, considero que, tal y como se está planteando, hay ciertos peligros que pueden hacer que el coach cause serios daños en sus coachees.

No hay que olvidar que la herramienta se centra en las personas, por lo que cualquier mal uso de la misma podría llegar a perjudicar muy seriamente a los sujetos “pacientes”/“clientes” (cuanto más lo pienso, menos claro tengo si en coaching es más apropiado llamarlos de una manera o de la otra).

Digamos que, en mi opinión, hay ciertas premisas que, de seguir tomándose como se hace en la actualidad, podrían hacer que esta profesión, en el mejor de los casos, forjase un enorme desprestigio. Sin embargo, esta situación sería una auténtica lástima, porque son muchos los que perderían la oportunidad de desarrollarse a partir de las técnicas utilizadas.

Un primer defecto de forma que veo en el planteamiento del coaching es que, a pesar de basarse en modelos teóricos procedentes de otros ámbitos, no ha querido posicionarse en paralelo a ninguna otra disciplina profesional. Al tratarse de estrategias focalizadas en el crecimiento personal del coachee, podría haber tenido sentido alinearse junto a otras especialidades como la psicología, psiquiatría, sociología,… básicamente, cualquier rama que tenga como foco el trabajo sobre las personas.

Sin embargo, no es infrecuente encontrar afirmaciones como “cualquiera puede hacer coaching”. Pues lamentándolo mucho, NO. Para ser coach hay que tener una gran capacidad para empatizar con los demás, pero sin juzgar (con lo que nos gusta poner etiquetas), y sin ver afectado nuestro criterio por prejuicios, sentimientos, estado de ánimo,… Vamos, las capacidades que se le exigen a un coach, como se ve, no son poca cosa. Creo que no es mucho pedir que, al igual que un filólogo no se mete a construir puentes, alguien que quiere ayudar profesionalmente a las personas atesore un bagaje formativo y profesional también orientado a estas.

Pero además, considero que, en aras de conseguir un resultado óptimo, un coach no puede ser alguien tan sólo “formado” en la disciplina. Por más vueltas que le doy, se me antoja muy complicado que una persona demasiado joven, sin apenas experiencia, no ya profesional sino incluso vital, pueda ayudar a nadie a encontrar su camino. Cierto es que para que el coaching fluya hay que huir del afán intervencionista que tenemos todos: lo primero que hacemos siempre es dar consejos, y lo segundo, informarnos bien sobre aquello en lo que hemos aconsejado (paradojas del ser humano). Pero de no aconsejar, a no saber qué comportamientos pueden ser más eficientes y cuáles menos para determinadas circunstancias, va un mundo, pero un mundo de tinieblas. ¿Y si ayudamos a nuestro coachee a elegir su camino pero resulta que se ha ido “por los cerros de Úbeda”? Si no lo sabemos, no sólo no le habremos ayudado, sino que habremos contribuido a convertir su existencia en un laberinto indescifrable cada vez que afronte situaciones similares a las que hemos tratado de corregir.

Son sólo unos pequeños matices respecto a lo que considero están siendo errores de base a la hora de ejercer la profesión, pero no olvidemos que en el coaching existe otro personajes, el coachee, para el que también habría que gestionar ciertos aspectos.

No todo el mundo puede ser coachee. En el camino del desarrollo personal y profesional tenemos que hacer una profunda introspección, que nos llevará a descubrir muchas cosas sobre nosotros mismos que ni siquiera nos habíamos planteado. Pues bien, estas cosas que descubrimos pueden no ser del todo satisfactorias, y por lo tanto, quizá el descubridor no tenga la madurez personal suficiente para afrontarlas aún.

Así pues, si juntamos a un coachee inmaduro (por la razón que sea, edad, conocimientos, experiencias,…) junto a un coach sin una excelente capacidad para empatizar, con pocas vivencias (lo mismo, puede ser simplemente por edad),… imaginemos el resultado.

Se está poniendo muy de moda la idea de que el coaching puede aplicarse casi en cualquier entorno. Pues bien, más allá de consideraciones más profundas, la verdad es que utilizarlo, por ejemplo, con adolescentes y jóvenes adultos, puede ser bastante contraproducente, al menos si se aplica el coaching tal y como pretende, con un intervencionismo nulo.

Siendo realistas, un adolescente necesita consejo, y un joven adulto necesita apoyarse en las experiencias de sus seniors. Luego es cierto que lo óptimo será dejarles equivocarse, incluso en lo que ya les hemos advertido. Esto es difícil, nos cuesta decirle a nuestros hijos lo que deben hacer y luego permitirles que hagan lo que estimen oportuno. Pero ¿de qué nos sirve nuestra experiencia si no es para transmitirla a aquellos que todavía no han tenido oportunidad de vivir lo que ya hemos vivido nosotros?

Por lo tanto, con estos perfiles puede hacerse coaching, pero por decirlo de alguna manera (los muy estrictos dirán que esto que propongo no es coaching), sería bueno “descafeinarlo”: presentemos nuestro know how, dejemos que elijan, y si hacen lo mismo que les hemos advertido que es un error, por lo menos no se hundirán, ya que sabrán que conocen a alguien (su coach) que sabe cómo salir de ese pozo en el que se han metido.

En conclusión, y al hilo de lo que he mencionado al inicio del post, considero que el coaching es una muy buena estrategia dependiendo de quiénes sean sus actores, coach y coachee, pero también de cómo se aplique en función de estos.

Como todas las actividades encaminadas al desarrollo personal y a la resolución de conflictos internos (formación, psicoterapia,…), el único requisito debería ser utilizar el coaching con la máxima responsabilidad.

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

Comprométete con tus metas

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Por: Julia Bremner

Mucho tiempo valioso puede pasar entre vernos en la necesidad de actuar y realmente hacerlo. Y, ¿por qué si sabemos que lo necesitamos nos cuesta tanto comprometernos? La respuesta puede resumirse en una palabra: Desconexión.

 Nos encontramos desconectados de nuestras metas, vivimos en el resultado de nuestras decisiones diarias que ya se han convertido en hábitos  y cuando sentimos “el llamado” de hacer algo diferente, muchas veces las personas solo tenemos claro lo que queremos cambiar, más no lo que significaría realmente ese cambio.

 Si pensar en lo que quieres cambiar resulta ser tu motor, ¡EN HORA BUENA! Te mueves gracias a eso, ¡pero te mueves! que es lo que al final deseamos. Pero si eso no es lo suficientemente poderoso como para comprometerse a hacer lo que haya que hacer, entonces, estamos en problemas.

Cuando hablo de estar desconectados de la meta, hablo de no haber tomado conciencia del por qué es importante para mi alcanzar eso y que sería lo importante de eso que es importante. Y aunque parece un trabalenguas ahí se encuentra escondido nuestro MOTIVO.

 Definitivamente no es lo mismo saber que mi salud física o financiera está quebrantada a estar conectado con el amor que siento por mi familia y como al yo estar bien me permitiría disfrutar más tiempo con ellos, tener una mejor calidad de vida e inclusive como en este caso, mi estado financiero podría impactarlos a ellos también. Desde la óptica del amor y la plenitud, ¿que nos hace sentir la idea de alcanzar una meta en salud? acaso sería importante para nosotros encontrar la vía para ofrecerles a ellos todo eso. Estoy segura que la respuesta es SI.

 Nuestras metas deben ser NUESTRAS, necesitamos que tenga sentido para nosotros el alcanzarlas y al imaginar su efecto positivo estas muevan cada una de nuestras fibras, de manera que los pasos para alcanzarlo sean trampolines y no obstáculos entre lo que deseo y yo.

Si lo necesitamos y el alcanzarlo depende de nosotros, sería buena idea conectarnos con la razón por el cuál esa meta es realmente importante. Es imposible no comprometerse cuando amas tu MOTIVO. Atrévete a descubrirlo.

Julia Bremner

Email: j.bremner@motivo.coach

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Cinco cuestiones que se plantean las personas con éxito

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Todos queremos estar felices y saludables, pero para muchos de nosotros esto significa también alcanzar un cierto nivel de éxito. En base a mi experiencia como Coach de Salud Holística, aquí va una lista de preguntas que ayudará a medir tu nivel de éxito.

Si quieres tener éxito más allá de tus sueños, hazte las preguntas que se plantean las personas con más éxito:

  •  ¿Estoy fracasando lo suficiente?

Thomas Edison dijo: “Yo no soy un fracasado, acabo de encontrar 1000 modos de crear electricidad que no van a funcionar.” Pero más tarde, al mil y uno intento, nació la electricidad. Nunca abandones tus sueños, sigue adelante. Con cada nuevo fracaso tienes una nueva oportunidad de alcanzar el éxito. Si no estás fracasando lo suficiente, es que no lo estás intentando lo suficiente.

  • ¿Cuánto lo estoy disfrutando?

El éxito se mide por cuanto se está disfrutando. Que tanto se divierte uno. La gente con éxito ama absolutamente su puesto de trabajo, muchos no tienen realmente la sensación de ir a “trabajar” ningún día, sino que lo sienten más bien digamos como una sensación de ir a “jugar”.

  • ¿Utilizo mis miedos como motivación?

Todos tenemos miedos, pero la diferencia entre las personas de éxito y los que no prestan atención a sus sueños es la manera de afrontar el miedo. Las personas que triunfan usan el miedo para motivar la acción en lugar dejarse arrastrar por ellos dejándoles “fuera de juego”. El miedo por tanto, puede ser utilizado como una herramienta para ayudar a guiar tu inspiración.

  • ¿Estoy conectado a mi inspiración?

Las personas más triunfadoras del mundo tienen inspiración y la usan para crear nuevas ideas.  La inspiración es el catalizador para auto realizarse.

  • ¿Estoy en estado de gracia?

Las personas con éxito viven en armonía con la vida y se sienten fuertes, protegidos y felices. Aciertan a seguir los cauces idóneos en lugar de luchar continuamente a contracorriente. Así que, relájate siguiendo el ritmo natural de la vida y verás tus sueños hacerse realidad.

Fuente: La Nueva Ruta del Empleo

Tres pasos para encontrar tu MOTIVO…

 

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Por: Julia Bremner

Un día, tras haber recibido una sesión de coaching, llego a la “gran conclusión” de que todo en cuanto considero había tenido éxito en la vida lo había hecho por amor. Amor a mi madre, a mis hermanas, a mi esposo, a mi misma, al deseo de un mundo más feliz, e inclusive a la idea de entregarles lo mejor a cada uno de ellos.

El gran detalle de esto es que en ese momento no lo vi así, y cuando me di cuenta no podía creer que algo tan significativo como conocer mi MOTIVO, estuviera actuando en mi vida en el completo anonimato. Para mi dicha, sin saberlo, eso me había movido todo ese tiempo, pero fue hasta que así como a muchas personas, me encontré en la posición de enfrentarme ante algunos “deberes” fundamentales con los que no me sentía “conectada” y que se estaban disipando en el trajín diario.

Muchas veces nos vemos en la posición de tener que estudiar para un examen, tener que ahorrar, tener que producir, tener que… Y nos pasa que, cuando a la hora de poner nuestras metas en un papel y responder a la necesidad humana de crecimiento sin tomar en cuenta el MOTIVO para cumplirlas, con el pasar de los días se alejan de nuestras prioridades convirtiéndose en un ideal inalcanzable. Una total frustración.

Tener metas alejadas de la introspección que nos lleve a conocer su MOTIVO de ser, es tan fiable como tomar un velero y pretender llegar a otro continente… Tal vez pase… tal vez no. Dejando de ser nuestra la meta, convirtiéndose en ese momento en el resultado de las condiciones. Y  si en eso notaras que lo que te mueve es el miedo al fracaso, a engordar, a quedarte solo, a no crecer, al que dirán… lo mejor que puedes hacer por ti mismo en darle una vuelta a la posición desde la cual lo estás viendo. Así que, abre la mente, toma papel y lápiz que aquí te dejo 3 sencillos pasos que podrían ayudarte con esa búsqueda de MOTIVO. (Nota: léelo primero y aplícalo).

Paso N. 1: Evoca la motivación

Trae sobre el tapete una oportunidad en la cual consideres que te hayas sentido profundamente motivado y de la cual te sientas orgulloso hoy en día.

Considera que es lo que viene a tu mente, cómo se proyecta ese recuerdo en tu memoria (cerrando los ojos funciona aún mejor)… cuanta luz tiene esa imagen, si lo ves como una película o es una foto. ¿Sientes la imagen cercana a ti? ¿Que tanto? ¿Que recuerdas haberte dicho a ti mismo?, o inclusive ¿que recuerdas que hayas escuchado para decidir hacerlo con motivación¿. ¿Cómo te sentías en ese momento? Acaso te sentías capaz, seguro, decidido, con fe. Admira cada detalle que venga a tu mente, inclusive si no le encuentras sentido. Adéntrate aún más en el recuerdo y deja que vengan a ti los últimos detalles, las últimas sensaciones. Vuelve a vivir ese momento de nuevo. Abre los ojos y toma nota de cada detalle.

Paso N.2: Considera el efecto a futuro

Piensa en el EFECTO en tu vida que tendrían las acciones que en el presente crees que tienes que emprender (la dieta, el estudio, el ejercicio) e inclusive anota también los efectos que tendría el no hacerlo.

Seguido escribe:

  1. Cómo ese efecto es importante para ti.
  2. Qué significa en tu vida eso que crees importante de tomar acción.
  3. Y si aún piensas que puede haber algo que sea más trascendental, escríbelo como una tercera línea.

Condensa las tres respuestas y descríbelo todo en una sola frase, tipo Slogan. Es en esta frase que está la magia.

Paso N. 3: Plantea la estrategia

No menos importante… cierra los ojos y trae a tu mente el slogan que acabas de formular  y  ponle todos los detalles del paso 1, métele los efectos especiales que tenía el recuerdo de motivación, vive ese slogan en tu imaginación con la  luz, el movimiento, las palabras, las texturas y toda la experiencia que te hace sentir motivado y tómale una foto mental a eso que estas experimentando… CLICK…

Ahora si, abre los ojos y re plantea tus metas desde la óptica de esa ultima foto mental, desmenuza la meta en pequeños pasos y dales fecha de caducidad. Estoy convencida de que ahora muchos de tus, tengo que… han adquirido un nuevo significado. ¡BRAVO!

LA MOTIVACIÓN o mejor dicho nuestro motivo, es suficiente para hacer las cosas. Está inmerso en cada uno de nosotros esperando ser descubierto. Tu ser lo trae impregnado, solo se trata de querer buscarlo para encontrarlo.  Ahora bien manos a la obra…

Julia Bremner

Email: j.bremner@motivo.coach

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Del amor a mis metas

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Por: Julia Bremner

Cada vez que nos planteamos una nueva meta, para lograr llevarla a buen termino, debemos conectarnos con nuestros mejores estados: disciplina, decisión, fuerza, seguridad, confianza y por supuesto con el amor.

En un muy buen escenario, hemos valorado de donde estamos partiendo, sabemos hacia dónde vamos, en qué momento de nuestra vida se adentró en nosotros este nuevo deseo, cuanto tiempo tardaremos, que pasos necesitamos seguir, e inclusive pensar si es la meta 100% nuestra, y por supuesto, la parte que a mi parecer es  la más hermosa: definir en qué versión de mi mismo me debo convertir para alcanzarla.

Andamos por ahí, moviéndonos en el mundo, saltando de un estado a otro. Refiriéndome a estos estados como toda la experiencia física, mental y emocional que nos invade ante cada circunstancia. El qué pensamos de las circunstancias, qué nos hacen sentir  y cómo se comporta nuestro cuerpo en respuesta a eso.

Y sin duda, cuando nos planteamos una nueva meta, lo hacemos desde estados y necesitamos entrar en otros tantos para alcanzarla. Inicialmente la ilusión y el entusiasmo, pueden ser un buen motor para empezar a pensar en ese “algo” nuevo (y que lo digan todos los que se han visualizado con un mejor físico en enero). Pero, ¿y qué más necesito dentro de mí para lograrlo? Es acaso el mismo resultado, si en el fondo, lo que hay es pereza, temor, o por el contrario una profunda convicción. Definitivamente NO.

Parece un cliché el decir que el amor es el MOTIVO más poderoso para hacer cualquier cosa que nos propongamos, pero ciertamente las personas, el tiempo y las experiencias me han llevado a esta premisa una y otra vez.

¿Es solo amor  a la meta, o es acaso amor a lo que significa la meta? Sin duda alguna, la segunda. “El amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”… “El amor nunca deja de ser”… dime tú, si encontraras en ti esos significados, te enamoraras y empezarás a actuar en congruencia con ellos, a vivir ese amor en cada célula de tu cuerpo, viendo en tu mente el resultado y el efecto de lograrlo… ¿Alcanzarías tu objetivo? Estoy segura que tu respuesta es SI.

Concluyendo con una apreciación personal, para mi, el amor es mágico. Una vez que lo encontramos en cada cosa, hemos encontrado un MOTIVO… es el amor, la vía directa que nos conecta con la excelencia, la pasión, la paciencia, la esperanza, la fe, la disciplina, la seguridad y todos los demás recursos que necesitamos para hacer nuestros sueños un hecho. Amar la versión que queremos llegar a ser y lo que eso significará, es el secreto.

Julia Bremner

Email: juliabremner@hotmail.com

LinkedIn: Julia Bremner